LUCES Y SOMBRAS DE LA ORGANIZACIÓN
Están los que ven la mitad llena del vaso. Y están los que miran la porción vacía. Lo cierto es que, en ambos casos, la realidad está distorsionada, apenas vislumbrada por partes. Ni el optimista ni el pesimista logran ver la verdad completa. Los XIV Juegos Panamericanos son, entonces, un vaso con agua. Cuán lleno o vacío esté el recipiente depende de quién lo escrute. De un lado, los detractores; del otro, los sostenedores, representados por el Comité Organizador (Copan), que auguran que los de Santo Domingo 2003 serán los mejores Juegos de la historia.
Pero una vez que se llega a esta hermosa ciudad se advierte que no todo es de una u otra forma. Que hay mitos y verdades acerca de las dificultades que tuvo para organizar los Juegos. Un pequeño repaso por el estado de cosas a tres días de la inauguración es altamente necesario:
La construcción de las sedes e instalaciones. Que tuvo muchos problemas, es cierto. Que miles de hombres trabajan noche y día en las distintas sedes para concluir cada detalle a tiempo, también es cierto. Pero también lo es que la calidad de las obras que se están concluyendo es de una categoría superior. Y si bien todavía hay muchas instalaciones que no están utilizables, la situación no difiere demasiado de lo que sucedió en otros Panamericanos.
María Julia Garisoain tiene experiencia en esto. Ex remera y múltiple campeona panamericana, como delegada oficial de los atletas argentinos debe bregar para que nada les falte. “No hay nada de qué asombrarse. Esto pasó en todos los Juegos y seguirá pasando. Llegás al día anterior y encontrás que están pintando una sede. No es grave”, señaló.
El calor. Achacarle a Santo Domingo como una falla algo que es una cuestión climática parece absurdo. El agobio por las altas temperaturas es lógico dada la época del año. El calor se siente, especialmente, en el abrazador mediodía dominicano. Sin duda, este factor influirá en el rendimiento de los deportistas. Pero lo mismo ocurrió hace cuatro años, en Winnipeg, y nadie se quejó por la falta de aire acondicionado en la Villa canadiense.
Una pequeña novela se armó en estos días acerca de qué delegaciones contarán con ese beneficio. Los comités olímpicos de Brasil, Estados Unidos y Canadá alquilaron equipos para todas sus habitaciones. Advertido de esto, el presidente dominicano, Hipólito Mejía, dijo que su gobierno pagaría la instalación de los equipos refrigeradores para los “países pobres”. Sin embargo, aquí nadie cree posible que en tres días pueda disponer de ellos para 720 departamentos. Y entonces lo dicho tiene mucho más de promesa vacía que de anuncio concreto.
El transporte. Quizá sea éste uno de los puntos más alarmantes. El tránsito en las calles de Santo Domingo es aterrador. Un viaje que en auto debería demorar diez minutos, en un día laboral puede estirarse hasta la media hora, o más. Para los deportistas el asunto es un poco más complicado, porque la Villa está muy alejada de las principales sedes. “Si un equipo tiene un partido a las 11, entonces solicitaremos el ómnibus para las 8. Si no, podemos tener problemas”, le explicó a LA NACION Mario Moccia, jefe de la delegación argentina.
Las promesas. Entre los organizadores, los optimistas abundan. Aun cuando la situación no sea la ideal, José Joaquín Puello, presidente del Copan, sólo enuncia verdades edulcoradas. Esa actitud lo enfrentó con Mario Vázquez Raña, titular de la Odepa, a causa de las constantes promesas de avances en las obras que no se concretaban.
El último desliz de Puello ocurrió anteayer: le aseguró a un periodista de la agencia alemana DPA que el nadador Michael Phelps, la gran figura en el Mundial de Barcelona, integraría la delegación norteamericana en los Juegos. Consultado por LA NACION, el Comité Olímpico de Estados Unidos lo desmintió: “El está en Barcelona y no vendrá aquí”, explicó Kevin Neuendorf, encargado de prensa.
Calidez y demoras. Acaso la principal virtud de los dominicanos sea la manera en que atienden a los extranjeros. Sus modales y su afabilidad son notables. Si no tienen la respuesta a un problema, se empeñarán en conseguirla. Pero esa cualidad tiene una contrapartida: cierta lentitud para cumplir con los mandados. “Ahorita mismo”, responden con encanto, pero el lapso puede extenderse un buen rato. Se lo percibe en el aeropuerto, en un restaurante o en una sede. Y esas demoras contrastan con el característico apresuramiento de los argentinos.
Así están las cosas, a tres días de la señal de largada de los Juegos Panamericanos. Sólo el viernes, durante la ceremonia inaugural, comenzará a develarse el resto de la realidad. Hasta entonces, continuarán dominando los que ven el vaso por una de sus mitades.
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