LULA ADVIRTIÓ A LA OPOSICIÓN QUE TENDRÁ QUE SOPORTARLO OTROS 4 AÑOS
En una operación de contraataque, el presidente Lula da Silva decidió ayer ocupar el escenario político con declaraciones que puestas en la boca presidencial sonaron muy fuertes. En Pernambuco, estado del nordeste brasileño donde nació, Lula enrostró a sus enemigos: “Me odien o no me odien tendrán que tragarme” por otros cuatro años, ya que “el pueblo va a querer” votarlo de nuevo. Subrayó que no le debe a nadie su ascenso al poder: “Debo mi elección al pueblo de este país que creyó en mí y me votó”.
Un día después del careo de su ex ministro José Dirceu en el Congreso, donde tuvo que responder por las denuncias de corrupción, Lula buscó de nuevo el calor de sus bases históricas: los estratos humildes de la población. Se dirigió a ellos con el lenguaje de los sectores populares. Les dijo que el pueblo brasileño “estaba preparado” para que gobierne un trabajador, pero “algunos sectores de la política brasileña no lo estaban. Al final de cuentas, el trabajador nació para trabajar y el campesino para arar. Y quienes tienen que hacer política son los de siempre”. Dijo que su gobierno “es la negación de todo eso”.
En el Partido de los Trabajadores, que Lula fundó y lideró durante 25 años, ayer se insinuó una división. Vendría por una de las alas de la agrupación: el grupo de “izquierdistas” del PT, que rechaza la política económica, decidió juntarse a los moderados como el diputado carioca Chico Alencar, el senador paulista Eduardo Suplicy y el ex gobernador del Distrito Federal, Cristovam Buarque.
Entre todos armaron un frente contra la corrupción. Declararon que no volverán a votar con el PT en el Congreso ni tampoco participarán de las reuniones del bloque. Pero no se alejarán de la organización. Reconocieron que mantienen conversaciones con la nueva dirección del PT, encabezada por Tarso Genro.
La primera propuesta de ese bloque disidente será exigir la expulsión del partido de cualquier legislador que renuncie a su banca como resultado de las denuncias de corrupción. Para el presidente de la Comisión de Constitución y Justicia de Diputados, Antonio Carlos Biscaia, militante del PT carioca, “existe un impresionante esquema de corrupción que involucra a diversos partidos. Lamentablemente, el PT fue afectado en su patrimonio ético de forma irreversible. Fuimos el símbolo de la ética y hoy somos considerados como el partido de la corrupción”.
Para Lula da Silva hay que investigar a fondo todos los casos de corrupción “cueste lo que cueste”, según repitió ayer. Pero no dejó de observar quiénes son los que promueven la ola de denuncias. “Ya leí en los diarios que era preciso hacerme sangrar para llegar débil a la elección de 2006. Otros dicen que sería bueno que yo dejara de participar en los comicios del próximo año. Pero, ¿por qué motivo no debería presentarme? ¿Porque tienen miedo de que gobierne otros cuatro años?” Lula recordó que en 2002 sus adversarios decían: “No puede ganar porque no habla inglés y no podrá tener relaciones con el mundo”.
En Brasil se juega un partido desconcertante. Un presidente es denostado por las elites paulistas, que quieren ver a uno de los suyos en el gobierno. Ese mismo presidente cuenta con dos apoyos clave: de un lado, tiene el favor electoral de los sectores más pobres y medios de la población; por el otro, acaba de recibir un respaldo indiscutible de parte de la actual administración norteamericana, por la vía de John Snow, secretario del Tesoro, quien estuvo hasta ayer en Brasil.
Esta mezcla de situaciones hace de la realidad brasileña algo inédito para el propio país. También para los gobiernos vecinos que buscan entender qué está en danza en el escenario político brasileño. Lo que se puede decir es que, como ocurrió en Argentina hace más de medio siglo con Eva Perón, Lula representa el ascenso de los excluidos de Brasil. Es un dato que se debe tener en cuenta, ya que sus adversarios no tienen raigambre popular. Para mostrar cuántas contradicciones hay en este proceso, la gran distancia con la historia justicialista es que hoy “Braden” parece estar del lado de “Perón”.
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