LULA AFIRMA QUE SU GOBIERNO SUPERARÁ LA CRISIS POLÍTICA
El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, dijo hoy que el Congreso y el Gobierno superarán la seria crisis política y ratificó el rumbos de la economía, en un esfuerzo por recuperar su imagen.
Al invocar “la extraordinaria capacidad de los brasileños de enfrentar y superar los desafíos”, el presidente se esforzó en transmitir optimismo durante un discurso grabado radiotelevisado a la nación en el Día de la Independencia.
Lula, sin embargo, evitó abordar de forma directa la seria crisis de desprestigio que afecta a las instituciones brasileñas en medio de una serie de graves denuncias de corrupción.
“La crisis política también será vencida, por el Congreso, por el Gobierno y por el pueblo. Será vencida con la investigación cabal y con el castigo riguroso de los culpables”, afirmó.
Lula recalcó algunas arengas que le han granjeado reproches de opositores que le achacan el pretender evadirse de la crisis y atribuirla al Congreso.
“Lo que no podemos es permitir que esa crisis política sea manipulada por intereses menores y que se arrastre artificialmente, contaminando de modo abusivo e innecesario la vida nacional”, dijo.
La deterioro político ha sido desatado por una ola de denuncias de corrupción, millonarios sobornos, evasión de divisas, financiamiento ilegal de campañas electorales, tráfico de influencias y compra de votos en el Congreso por parte del Partido de los Trabajadores (PT), de Lula, y sus aliados.
Ya le ha costado sus cargos a figuras clave del PT, a varios ministros y a estrechos colaboradores de Lula, así como a otros líderes de partidos de derecha y centro, aliados del Gobierno.
La gran pregunta que se hacen los brasileños es si Lula sabía de todos esos desmanes y si su campaña electoral también fue tocada por el dinero sucio.
También están amenazados de perder sus puestos 18 legisladores aliados del Gobierno, acusados de corrupción, y el propio presidente de la Cámara de Diputados, el ultraconservador Severino Cavalcanti, un colaborador de Lula.
Cavalcanti, segundo en la línea de sucesión de mando en caso de ausencia del presidente, está siendo acusado de cobrar de manera ilícita una comisión de 4.170 dólares de un restaurante instalado en la sede del Congreso.
Pero hoy en Nueva York, Cavalcanti dijo no temer a un proceso formal de destitución que será iniciado por sus colegas mañana, jueves, y calificó de fraudes las supuestas pruebas en su contra.
En su discurso, Lula insistió en que las denuncias deben ser probadas, investigadas y castigadas.
La imagen del presidente se ha deteriorado en medio de la crisis que ya dura tres meses y, según las encuestas, el ex líder sindical corre claro riesgo de perder la reelección en 2006.
“Ni yo ni ustedes admitiremos cualquier complicidad, ningún acuerdo subalterno. Duélale a quien le duela, sean amigos o adversarios, lo fundamental es que la verdad prevalezca y no haya impunidad”, aseguró Lula.
En corrillos políticos prospera la tesis de que las investigaciones del Congreso no llegarán a nada y nadie será castigado porque los partidos preparan un acuerdo para acallar las denuncias.
Lula apeló al simbolismo del Día de la Independencia para enviar un mensaje de optimismo a sus compatriotas.
“El 7 de septiembre es un día de emoción y reflexión. En este día, hace 183 años atrás, comenzamos a tornarnos en una nación independiente”, dijo al proclamar que la lucha por la independencia “continuará mientras haya un interés nacional a ser defendido y un brasileño a ser liberado de la miseria”.
El presidente destacó los avances sociales de su gobierno, justo en el día en que en las más importantes ciudades de Brasil, miles de personas se manifestaron en demanda de una verdadera reforma agraria, mejores condiciones sociales, más empleo, vivienda y
educación.
El “Grito de los Excluidos”, como fue llamada la protesta paralela a los desfiles y celebraciones oficiales del día de la patria, fue organizado por la Conferencia Episcopal y por el Movimiento de los Trabajadores sin Tierra (MST).
Los manifestantes de izquierda pidieron cambios en la política económica “neoliberal”, que se basa en altas tasas de interés que sobrepasan el 150 por ciento anual, y abogaron por una profunda reforma política que permita sanear las instituciones.
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