LULA DA SILVA ADVIRTIÓ QUE LAS DENUNCIAS BUSCAN FRENAR SU REELECCIÓN
El Presidente brasileño, Luiz Inacio Lula da Silva, eligió ayer el ataque para defenderse de las denuncias de corrupción que están sacudiendo a su gobierno y a su partido, el PT. El mismo día en que la hasta ayer ministra de Energía y Minas, Dilma Rousseff, asumió como nueva jefa de gabinete en reemplazo de José Dirceu, Lula insinuó que quienes acusan a su gobierno de corrupción están “incómodos” por la posibilidad de su reelección, el año que viene.
El Presidente brasileño vinculó así la actual crisis política en su país -la peor en sus 30 meses de gestión- a que “quienes apostaban a que el gobierno (del Partido de los Trabajadores) fuese un desastre, ya están hoy con miedo a la reelección”, según declaró.
“Pero ellos no saben con quién están lidiando -advirtió en un acto en el estado de Goiás-. Nadie tiene en este país más autoridad moral y ética que yo para hacer lo que sea necesario. Todas las denuncias que sean pertinentes al gobierno federal serán investigadas, contra quien quiera que sea, pero sin bravatas”, sentenció. Y agregó: “Con la corrupción no se juega, porque no se puede manchar el nombre de las personas, no se puede desnudar a personas frente a la sociedad, después no probar nada y no pedir disculpas”.
El Presidente aludió así a su ex aliado y líder del Partido Trabalhista Brasileño (PTB), Roberto Jefferson, quien precipitó la caída de su gran amigo José Dirceu al acusarlo de dirigir el esquema de corrupción que involucraba el pago de coimas del oficialismo a legisladores de los aliados Partido Popular (PP) y Partido Liberal (PL), aunque sin ofrecer pruebas concretas.
Ayer, durante la asunción de su reemplazante en el Palacio del Planalto, un emocionado Dirceu anunció que volverá a “la militancia en la calle” y a su banca como diputado por San Pablo “con las manos limpias y el corazón liviano”. Admitió, sin embargo, que estaba “triste” de tener que dejar el Planalto.
Rousseff, en tanto, agradeció a su “compañero” (ambos combatieron la dictadura militar brasileña desde la clandestinidad) por su labor al frente de la jefatura de gabinete y prometió “ampliar” la base de lo que Dirceu ya había hecho.
La nueva jefa de gabinete intentó acallar así los rumores que indican que su predecesor olvidó sus tareas gerenciales para negociar a tiempo completo con el Congreso.
“Ser técnica no quiere decir ser apolítica, instrumentar programas también es hacer política. Yo voy a poner en marcha una agenda positiva”, prometió Rousseff, y anunció que intentará dar mayor visibilidad al trabajo de sus colegas ministros y que reforzará sus contactos con la sociedad.
Precisamente, ése es el deseo de Lula: abrir el camino hacia su reelección con nuevas medidas, fundamentalmente con buenas noticias para los brasileños con menos recursos, los mismos que posibilitaron con sus votos la llegada de este ex obrero metalúrgico y líder sindical al poder.
En marzo último, cuando muchos expresaron desilusión por el malogrado plan Hambre Cero, Lula anunció que 2005 sería “el año del desarrollo”. Y prometió más acuerdos entre los sectores público y privado en áreas de alto impacto social, como infraestructura, energía y transporte. Proyectos que siguen congelados en el Congreso, pese a los esfuerzos del ministro de Hacienda, Antonio Palocci.
Rousseff afirmó ayer que “luchará” junto con Palocci para incentivar programas de ese tipo, como cuando instrumentó el programa Luz para Todos, en un país donde 20 millones de personas viven en la oscuridad. Quizá por eso su colega de Cultura, Gilberto Gil, la “elogió” con un comentario poco feliz: “Dilma es una «mujer-macho», fuerte y decidida en un territorio que dominan los hombres”, dijo. Dos diarios, Correio Brasiliense y Jornal do Brasil, eligieron llamarla en tapa “la Dama de Hierro”.
Lula intentará suavizar el perfil de su nueva jefa de gabinete con las habilidades negociadoras de una nueva cara en el cargo de Coordinación Política, que deberá lidiar con el Congreso. Para ocupar ese cargo, hasta ahora circulan los nombres del actual ministro del Consejo de Desarrollo Económico y Social, Jacques Wagner, y el del carismático prefecto de Aracajú, Marcelo Deda.
Mientras medita más reformas en el gabinete, como la posible salida de ministros salpicados por denuncias, como el presidente del Banco Central, Henrique Meirelles, el presidente exhortó a continuar trabajando. “Como yo todavía no soy candidato, tengo una función que cumplir (…) sé que la oposición tiene más apuro”, dijo con ironía el mandatario.
Lula también destinará el resto de la semana a negociar una mayor presencia en el gabinete de su irascible aliado Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), que ya le ha dicho que sólo ocupará más ministerios si es el propio partido, y no Lula, quien los designe.
Por otra parte, a tono con las insinuaciones de Lula, el PT difundió ayer un documento en el que apuntó en la misma dirección, al condenar “las declaraciones infundadas y calumniosas” del diputado Jefferson e insistir en que su objetivo es debilitar a Lula y a su gobierno de cara a las elecciones presidenciales del año que viene.
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