LULA DA SILVA LLEGÓ A LA ARGENTINA
El presidente de Brasil, Luiz Inacio Lula Da Silva, arribó esta noche al sector militar del aeroparque metropolitano para iniciar una visita oficial de dos días, en los cuales mantendrá un encuentro con su par argentino, Néstor Kirchner, y viajará al Parque Nacional Los Glaciares.
El avión arribó a la Capital Federal a las 22,45 y Lula fue recibido por el embajador de Brasil en la Argentina, José Botafogo Goncalvez; el vicecanciller argentino, Martín Redrado; y el secretario de Asuntos Latinomericanos de la cancillería local, Eduardo Sguiglia, quienes lo esperaban al borde de la pista del Aeroparque ‘Jorge Newbery’.
Tras los saludos protocolares, el mandatario brasileño, quien estaba acompañado por parte de su comitiva, posó brevemente ante los numerosos medios que se dieron cita en el aeroparque para cubrir su llegada.
Lula y parte de su comitiva fueron trasladados hacia la residencia del embajador brasileño en la Argentina, ubicada sobre la avenida Alvear, en el barrio de La Recoleta, donde pasará las dos noches que permanecerá en el país.
Busca encontrar socios para su estrategia hacia el ALCA
El principal objetivo de Luiz Inácio Lula da Silva en su primera visita de Estado a la Argentina es reforzar la relación política entre ambos países, pero también acordar una estrategia común para las negociaciones sobre la creación del ALCA, que han entrado en una etapa de definiciones.
Es un momento de necesidad para Lula porque el presidente brasileño ha venido avalando una política exterior que en los últimos meses se enfrentó con dureza a los EE.UU., tanto en la OMC como en el ALCA y que ahora enfrenta severos cuestionamientos dentro de su Nación.
Las críticas parten de industriales y ruralistas, que temen que Brasil termine aislado y fuera del ALCA. Y repercuten dentro del gobierno, donde dos ministros clave, los de Desarrollo y Agricultura, Luiz Fernando Furlán y Roberto Rodrígues, ya se enfrentaron al canciller Celso Amorim.
De acuerdo con el diario Folha de Sao Paulo, aunque ha ratificado su confianza en Amorim, el presidente Lula ordenó “moderar el tono y los procedimientos de Brasil en las negociaciones en el ámbito del ALCA y de la OMC. En la práctica, la Cancillería perderá parte de su poder en la formulación de las estrategias de negociación comercial”.
Por su lado, el otro diario paulista, O Estado de Sao Paulo, publicó ayer un duro editorial en el que advierte que “Brasil quedará aislado en las negociaciones para la formación del ALCA si insiste en la propuesta y, principalmente, en la actitud que llevaron al fiasco en la reunión” de Trinidad y Tobago, hace dos semanas. El principal blanco de los ataques es el vicecanciller Samuel Pinheiro Guimaraes, un histórico adversario del ALCA.
Todas las fuentes insisten en que se le ha ofrecido como salida elegante la embajada en la Argentina, un destino que Pinheiro Guimaraes ya habría rechazado.
Por eso, para evitar cualquier grieta en la relación con la Argentina, Lula está dispuesto a firmar el llamado Consenso de Buenos Aires, un documento que critica las políticas neoliberales impulsadas desde Washington y Nueva York durante la famosa década del ’90, a pesar de que desde que asumió el gobierno, Lula ha profundizado esa receta con lo cual se ha convertido en el nuevo niño mimado de los mercados y del Fondo Monetario.
La función de ese Consenso de Buenos Aires es simbólica: no apunta a definir una nueva base teórica para ordenar el mundo sino a demostrar hacia afuera que Kirchner y Lula son un solo corazón y que no hay secuelas por la falta de apoyo de Lula en las negociaciones con el Fondo Monetario.
Contra las salvaguardias
Pero Lula no parece dispuesto, en cambio, a convalidar la adopción de los mecanismos de salvaguardias que reclaman los industriales argentinos para hacer frente a lo que denuncian como “invasión” de productos brasileños.
El 15 de agosto, durante la asunción del presidente de Paraguay, Nicanor Duarte Frutos, Kirchner y Lula firmaron un documento en el que se comprometieron a corregir este tipo de desequilibrios en el comercio.
Es decir que el resultado principal de la visita será político, un refuerzo de la “alianza estratégica”. Pero no será suficiente para calmar a los críticos internos de Lula.
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