LULA, EUFÓRICO PORQUE EL TERCER MUNDO DIJO "NO" A LAS POTENCIAS
Con el humor de quien ganó una partida difícil, el presidente Lula da Silva dijo ayer, en Río de Janeiro, ante empresarios latinoamericanos, que “éste será el siglo de América del Sur”. En realidad, el presidente brasileño reflejó su optimismo sobre el futuro regional a partir de lo ocurrido esta semana en Cancún, en la conferencia de la Organización Mundial de Comercio, que terminó el domingo. El resultado de esa rueda, considerada un fracaso por las potencias, para Lula fue un éxito: “En Cancún —dijo eufórico— ocurrió una novedad extraordinaria: cambió nuestra relación con el mundo desarrollado”.
Abundando en explicaciones, para el presidente brasileño la noticia es que, si bien “no conseguimos aprobar lo que queríamos, tampoco permitimos que ellos (Estados Unidos y la Unión Europea) aprobaran lo que querían, que era consolidar la política de subsidios” a la agricultura. “No estamos pidiendo privilegios o favores. Queremos una política de comercio exterior en la que podamos ser tratados con igualdad y tengamos oportunidad de competir libremente”, declaró.
Lula mostró ayer que su referencia regional ahora es Sudamérica. Mencionó, y no por casualidad, la reunión de los presidentes sudamericanos en Brasil, para octubre próximo —según afirmó— donde se discutirá la integración física del subcontinente.
En ese contexto, no olvidó el Mercosur, sobre el que dijo: “Estamos recuperando su prestigio a grandes pasos”.
Al analizar las negociaciones en Cancún, donde, tal como describió, hubo un empate técnico, Lula asignó un papel clave a su diplomacia. No tuvo dudas de ubicar a Brasil como el líder del “grupo de los 20 plus”, como lo rebautizaron los brasileños luego de la incorporación de otros países.
Según pudo saber Clarín, el Gobierno argentino puede tener otra interpretación de los hechos. Ayer no se pronunció públicamente, pero se supo que el canciller Rafael Bielsa se comunicó por la tarde con el representante comercial norteamericano, Bob Zoellick. En Argentina se especuló que, de haber estado en Cancún, el ministro Roberto Lavagna habría dado más volumen a la presencia argentina.
Lula dio otra muestra de su empuje en esa suerte de diplomacia presidencial que constituyen los viajes al exterior. Dijo que visitará en diciembre Arabia Saudita, Líbano, Libia, Emiratos Árabes y Egipto porque considera que son un mercado a conquistar por América del Sur. Ambiciona realizar en mayo del próximo año una conferencia económica entre esas naciones árabes y América del Sur, que podría realizarse en algún país de la región. Lo mueve, dijo, la convicción de que los capitales árabes pueden dejar destinos adversos y dirigirse a las seguras costas sudamericanas.
Otra consecuencia del “empate técnico” de la reunión de Cancún es que puede modificar la situación del ALCA (Area de Libre Comercio de las América). “En las discusiones para crear el ALCA, los norteamericanos sólo aceptaron discutir la política de subsidios en la Organización Mundial del Comercio. Como consecuencia, el Mercosur decidió también discutir en la OMC temas como compras gubernamentales, servicios e inversiones”, señaló, en Brasilia, el ministro de Agricultura, Roberto Rodrigues. Esto abre dos hipótesis: o se vuelve a discutir el fin de los subsidios agrícolas en el seno del ALCA “o el ALCA se frena”, concluyó el funcionario de Lula.
Pero la consecuencia más importante, según el propio Rodrigues, será el modo de negociación. “Lo que se viene ahora son los acuerdos bilaterales, del tipo cuatro más uno”, pronosticó. Es decir, una negociación bilateral de los cuatro del Mercosur con Estados Unidos. El mismo principio se seguiría con Canadá, Nueva Zelanda y Australia, que ya habrían manifestado interés en acuerdos de ese tipo. Pero, según una fuente argentina, esto será viable sólo si Estados Unidos acepta poner en la mesa de los 4 (Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay) la eliminación de subsidios agrícolas que se negó a negociar en Cancún.
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