LULA NO HACE ALIANZAS DE CENTRO NI DE IZQUIERDA Y VA SÓLO A LA REELECCIÓN
Las cartas están echadas: el sábado próximo en Brasilia Lula será proclamado candidato presidencial del Partido de los Trabajadores, en la convención nacional. Y todo indica que su acompañante en la fórmula será el mismo vice del 2002, José Alencar. Lo novedoso del caso no está en la repetición de las figuras, sino en la ausencia de lo que fue la alianza de izquierda y de centro que hace cuatro años llevaron al candidato y a su partido a la victoria.
Ayer, en la capital paranaense, donde Lula vino a premiar a los técnicos de Petrobrás por una nueva tecnología de combustible de origen vegetal, quedó claro que Alencar como compañero no es tanto un deseo como la opción posible. En un breve aparte con Clarín, el ministro de Planificación de Brasil, Paulo Bernardo, uno de los íntimos de Lula, ya lo daba como un hecho.
Si en algún momento la cúpula del PT soñó con inaugurar un eventual segundo mandato con una gran coalición oficialista, capaz de incluir a la mayor agrupación del centro brasileño, el Partido del Movimiento Democrático (PMDB), ese plan naufragó. Esta vez el PT tendrá como único aliado a una organización pequeña con alguna fuerza parlamentaria: el Partido Comunista do Brasil. Y esto, si las cúpulas de ambos partidos resuelven previamente algunos entredichos. Otros tradicionales socios, como el Partido Socialista y el Partido Popular Socialista abandonaron cualquier intento de coalición. La primera de esas agrupaciones dará a Lula un apoyo “informal”; la segunda decidió dar su aval, también informal, al rival de Lula, el derechista Geraldo Alkmin.
Pero la inexistencia de las grandes alianzas no parece ser un obstáculo en el camino de Lula al poder. Ayer, en Curitiba, Lula demostró algo que ya se intuía, sobre todo por las encuestas: con su persona alcanza, y hasta sobra, para galvanizar los electores y conquistar votos. En una refinería de Paraná, y ante dos centenares de petroleros, el presidente brasileño envió un mensaje a la oposición: cuidado, les dijo, con los ataques descerrajados por los adversarios más virulentos, como el senador José Jorge, que llegó a sugerir recientemente que había una supuesta adicción de Lula a las bebidas. “El respeto es bueno. A mí me gusta respetar, pero también que me respeten”, replicó Lula, en una primera respuesta a la humillación a la que lo quiso someter la oposición.
Con notoria habilidad, el presidente brasileño le demostró a sus contrarios que le sobran armas para atacar si es que recibe bombazos. Recordó, por ejemplo, que durante el gobierno del ex presidente Fernando Henrique Cardoso “el ministro de Hacienda corría a Washington todos los fines de año para tratar de cerrar las cuentas”. Ahora, dijo Lula, “no tenemos ni queremos más al FMI ni al Club de París”.
Lula se valió de una imagen futbolística para defender su gestión: “El brasileño es muy exigente. La selección ganó 1 a 0 contra Croacia; y 2 a 0 contra Australia. Pero todos querían 6 o 7 goles. Es lo mismo con mi gobierno”.
Este contenido no está abierto a comentarios

