LULA SE NEGÓ A DEBATIR POR TV CON SU PRINCIPAL RIVAL PARA LOS COMICIOS
Lo dijo ayer públicamente en una entrevista con una de las grandes radios brasileñas, la CBN. Y sin embargo, a pesar de su indiscutible ventaja en las encuestas, el presidente se negó a participar de debates públicos televisados, frente a frente con sus principales oponentes. Estos son: el socialdemócrata Geraldo Alkmin, segundo en las encuestas, la izquierdista Heloísa Helena, que va tercera, y el centro izquierdista Cristovam Buarque, cuarto.
Ya confirmó que no polemizará con ellos ante las cámaras en la primera vuelta. Y si hubiera una segunda, verá qué hacer en el momento. En su entorno sugieren que por cálculo político sería un error prestarse a discutir con sus rivales. Es que si va a la TV será blanco de las críticas, por izquierda y por derecha, de los otros tres contendientes. En el Palacio del Planalto sostienen que dejar el lugar vacío es el mal menor.
Para el senador de la oposición conservadora, José Jorge, acompañante como vice en la fórmula que encabeza el ex gobernador paulista Alkmin, la ausencia de Lula “es una mezcla de miedo y de falta de preparación”. Sin embargo, el presidente repite la misma estrategia usada por Fernando Henrique Cardoso en 1998 cuando disputó y ganó su reelección sin asistir a ningún debate.
Desde el frente oficialista advierten que Lula tiene una posición muy confortable para lograr la victoria. Recuerdan que hoy la economía está saludable, lo que juega muy a favor del líder del PT. Según el presidente brasileño “lo que hicimos en estos 44 meses de gobierno fue una gran revolución en términos de macro economía. Esa política va a continuar”.
Para Lula y su entorno, una silla vacía en el estudio, como ya anunció que dejará puesta la TV Globo, primera en lanzar a los candidatos a la palestra, será un daño más tolerable que si el presidente quedara expuesto al ataque de sus enemigos, que le recordarán sin piedad todo el proceso de corrupción que estalló el año pasado y continuó durante buena parte de este.
Otro cálculo de la dirección del PT es que sin Lula Da Silva, los programas de debates perderán fuerza a poco de comenzar, con una audiencia que tenderá a decrecer después del primer cuarto de hora.
El oficialismo cree que la contienda electoral puede ser resuelta en el primer turno, ya que el presidente tiene 44 por ciento de las preferencias de los electores, lo que representa 52 por ciento de los votos válidos.
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