LUNA DE MIEL EN ESCOCIA: CARLOS Y CAMILA, A MISA
Aliviados, relajados y felices en su primera mañana de recién casados: el príncipe Carlos y la nueva duquesa de Cornwall hicieron su flamante aparición pública como futuros reyes británicos el domingo, a la hora de misa, en un universo familiar: la pequeña capilla Crathie Kirk, en las cercanías de Balmoral, donde pasan su luna de miel después de su accidentado camino a la boda más controvertida de la monarquía británica.
Con un tapado rosa fuscia y un beret (boina) afrancesado del mismo color con una pluma, era la primera vez que Camilla asumía un rol que podrá abrumarla por el resto de su vida. Pero jamás podrá dejarlo notar en su cara si quiere respetar la tradición de no mostrar las emociones ¿y los disgustos¿ de la familia real británica. El príncipe de Gales la acompañaba, con su clásica kilt escocesa, ante 100 súbditos, que los aclamaban y aplaudían.
Primera sorpresa: la cercanía de Camilla, su naturalidad y esa muy poca monárquica capacidad de agradecer cálidamente la presencia de los que habían llegado en otro día ártico hasta Crathie, a saludarlos.
¿Rehabilitación de Camilla? Sólo el tiempo podrá decirlo, después del trauma que su nombre significa para los súbditos.
La nueva duquesa de Cornwall está usando todo su charme de aristócrata y su naturalidad de mujer de campo para ganar la simpatía de una nación que idolatraba a Diana, la princesa de Gales, que la acusó públicamente de ser la razón de su divorcio y de su pena. Su decisión de no usar ese título y aclarar que no quiere ser reina sino consorte es parte de la estrategia para ganar el corazón de un pueblo, que inicialmente la rechaza como futura e inevitable soberana.
La prensa fue menos cruel con Camilla en el día después de la boda. Destacaron su refinado e inesperado estilo, su calidez, su naturalidad para ese difícil trabajo de decir nada y darle la mano a los súbditos con gracia.
Pero la televisión dejó al desnudo a la familia real en su profundo funcionamiento. Mostró una reina Isabel embalsamada de protocolo y falta de emoción pública junto a su hija, la princesa Ana.
Los tabloides británicos contrataron a un especialista en lenguaje de sordomudos y pudieron leer los labios de la reina durante la ceremonia. Así supieron como Isabel II ni siquiera respondía cuando Camilla le comentó en las escalinatas “Está helado”. Otro paso en falso detectado: la reina le anunció a su hijo que se iba cuando él le pedía posar para las fotos de familia frente a la prensa.
“A mis padres, a mis hijos, a mi querida Camilla y abajo la prensa británica” fueron las palabras elegidas para su clásico toast o brindis de boda por el príncipe Carlos.
Y un episodio que las cámaras no consiguieron registrar: a la salida de la fiesta y rumbo al aeropuerto, Camilla lanzó un beso al aire a la reina Isabel, como nuevo miembro de una complicada y reprimida familia.
Al mismo tiempo la TV reveló la frescura de una futura monarquía con el príncipe Williams, el próximo heredero después de su padre, y los jóvenes Royals.
Modernos, desenfadados y espontáneos avanzaron en el castillo hacia la iglesia a pie, bajaron de un ómnibus en el registro civil y despidieron el auto de los recién casados con corazones en los vidrios y globos en el Rolls Royce. Un gesto que no registra antecedentes en la tradicional monarquía británica.
A nadie sorprendió que las encuestas del día después de la boda se inclinaran mayoritariamente por “saltar una generación en la sucesión real”. Seis de cada diez británicos creen que el príncipe Williams debería suceder a la reina antes que su padre, el príncipe Carlos.
Según un sondeo de “YouGov” en el dominical The Sunday Times, el 58 por ciento de los británicos considera que “el príncipe Carlos debería ceder el trono a favor de su hijo”, contra el 25 por ciento en contra.
El 60%o especula con que “Williams será un mejor rey que su padre”. Solo el 16% cree que “Camilla un día debería ser reina”.Pero el 24% considera que “eventualmente lo será”.
Los recién casados prefieren dejar estas especulaciones para el futuro y relajarse en Escocia de tanta pesadilla. Cincuentones y con 34 años de amor clandestino, se han decidido por una luna de miel original: la compartirán con sus más íntimos amigos y sus hijos. Después pasarán 10 días en la playa, en un lugar secreto.
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