Madrid, bajo una montaña de basura por un paro
Los turistas no paraban de tomar fotos ayer en la plaza del Humilladero, uno de los puntos emblemáticos del Madrid antiguo. Pero en lugar de maravillarse con la belleza barroca de la cercana iglesia de San Andrés o las tabernas de la Cava Baja posaban delante de pilas de cajas de cartón, bolsas con desperdicios agujereadas, montones de botellas rotas, papeles mojados, huesos de jamón.
Postales como ésas se repiten en cada esquina: hace cuatro días que una huelga paraliza casi por completo la recolección de residuos en la capital de España y la ciudad está colapsada por la basura.
Pocas veces los efectos de la crisis económica quedan tan a la vista. Los recortes de personal y la reducción de salarios que dispusieron las empresas concesionarias de la limpieza urbana desataron un plan de lucha sin precedente, con piquetes en los centros de distribución, vandalismo de contenedores callejeros y movilización permanente para evitar siquiera que se cumplan los servicios mínimos.
Madrid apesta. A 50 metros de la Puerta del Sol, el pasaje Matheu era ayer un vertedero de desperdicios que obligaba a hacer equilibrio para atravesarlo. Cerca de allí, la turística calle Huertas, plagada de bares de copas y casas de tapas, estaba cubierta de restos de pollo pegoteado en el empedrado.
“Esto es inconcebible. Estamos pensando en cerrar. Los clientes se quejan del olor y no sabemos qué hacer con la basura”, se lamenta Pedro Urrutia, dueño de un bar de la zona. “¡Qué guarrería! Hasta cuándo nos van a tener así”, protestaba Marta Iñíguez, de 56 años, mientras atravesaba la cercana plaza Santa Ana.
Los tachos de basura desbordan en las zonas turísticas, en los barrios residenciales y en los suburbios; vuelan papeles y hay avenidas en las que los autos deben aminorar la velocidad para esquivar botellitas de cerveza que ruedan por el asfalto, como ocurría ayer frente al Mercado de la Cebada, a 300 metros de la Plaza Mayor.
Los huelguistas prometen endurecer la protesta. Tienen tomado el mayor centro logístico, en el barrio de Vallecas, y exigen que las empresas FCC, OHL y Valoriza revean su decisión de impulsar un Expediente de Regulación de Empleo (ERE) para desprenderse de 1130 trabajadores.
La preocupación invade a la alcaldesa Ana Botella (PP), a cargo de un municipio agobiado por las deudas, en crisis por la caída del turismo y la falta de recursos para impulsar obras de infraestructura.
El fin de semana la situación puede agravarse: de hecho, la alcaldía ordenó reforzar el operativo policial para evitar las reuniones de jóvenes para tomar alcohol en las calles (conocidas como “botellón”). También dispondrá de más efectivos para proteger a los barrenderos que acepten cumplir los servicios mínimos en las áreas más transitadas de la ciudad.
En las plazas céntricas, como la de Tirso de Molina, se arremolinan mendigos en busca de “tesoros” entre las pilas de basura. “Encontré una botella de vino medio llena”, comenta Adrián, un joven de 27 años con barba de dos semanas y un abrigo en el que no caben más agujeros.
Al atardecer, en la zona de Chueca dos cartoneros cargaban de cajas vacías un camioncito sin miedo a que los detenga la policía. “Hoy tenemos vía libre”, bromeaba Pedro, uno de ellos.
“Estamos dando una imagen inadmisible que daña al turismo y al comercio”, criticó ayer Hilario Alfaro, presidente de la Cámara de Comerciantes de Madrid.
Fuente: La Nación
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