MALA NOTA PARA 108 PROFESORES DE CIENCIAS NATURALES
Lápiz y papel, pero esta vez no para los estudiantes, sino para 108 profesores de ciencias naturales. El 78 por ciento de los docentes de diferentes provincias equivocó algunas de las cuatro respuestas del test que desde 1998 hasta 2002 les tomaron investigadores del Centro de Formación e Investigación en Enseñanza de las Ciencias (Cefiec) de la Universidad de Buenos Aires (UBA).
“Algunos de los problemas que encontramos son malentendidos y conclusiones de sentido común que no coinciden con las argumentaciones científicas”, dijo la bióloga Elsa Meinardi, secretaria académica del Cefiec y especialista en enseñanza de la biología.
Aunque sorprendan, estos datos no son, al parecer, únicos de la Argentina ni de la biología. “Egresados en física y química de universidades muy prestigiosas de los Estados Unidos mantienen concepciones erradas sobre su disciplina. Ellos llegan a ideas muy afinadas en el área en que se han especializado, pero fallan en otros campos de su propia ciencia. Dejan que las ideas de entre casa interfieran con lo aprendido en la facultad”, destacó el doctor Agustín Adúriz-Bravo, también de ese centro de estudios de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA.
¿Algunas de las razones? “La enseñanza -subrayan los investigadores- está sobrecargada de contenidos que se ven con una gran superficialidad. Y por más que se detecte el bagaje de conocimientos equivocados en el estudiante, no se hace nada para revertirlo. Se apila sobre lo que el alumno trae y se acomoda sobre la base de sus ideas anteriores.”
Sólo el 22 por ciento de los consultados en esta encuesta contestaron en forma correcta todos los interrogantes planteados sobre la teoría de la evolución. Una de las claves fue el nivel de formación. Más de la mitad de los 29 profesores universitarios superaron el test sin inconveniente alguno, en tanto que sólo uno de los 18 profesores terciarios de ciencias naturales pudo hacerlo y ninguno de los 27 docentes terciarios de biología lo logró.
Lo mismo ocurrió con otros profesionales habilitados para dictar esta materia, como médicos, maestros, bioquímicos, técnicos en análisis químicos e ingenieros agrónomos.
Uno de los conceptos equivocados más frecuentes apareció cuando intentaban responder la siguiente pregunta: “¿Por qué algunos piojos no mueren ante ciertos insecticidas?” Aquí falló casi el 60 por ciento de los docentes. La idea falsa más mencionada era que estos insectos, al estar en contacto con el tóxico, mutaban, es decir, “cambiaban”, obteniendo mayores fuerzas y convirtiéndose en algo así como un “superpiojo” para lograr sobrevivir.
Una imagen parecida a la de algunas series televisivas en que el personaje central se transforma con poderes especiales ante un estímulo desagradable. “El pensamiento incorrecto es que el piojo, ante el veneno, muta y sobrevive. En realidad no es que el piojo muta, sino que resiste porque ese tóxico -ya de antemano- no lo afectaba. Luego, al completar su ciclo vital, ese insecto transmite a su descendencia la información genética que lo hizo resistente”, destacan los científicos. Es decir, el veneno no hizo resistentes a los insectos, sino que “seleccionó” a los que ya lo eran.
Sacudir concepciones
Con respecto al concepto de “mutación”, algunos profesores reiteran una noción de siglos pasados que hoy no está vigente. Se trata de aquella que hace referencia a que todo cambio o variación es para mejor. Es así como resulta improbable escuchar una afirmación como la de que “las cucarachas mutan para empeorar”. Sin embargo, no es raro que se indique “las cucarachas mutan para mejorar”.
“Esta explicación del sentido común es socialmente aceptada, pero corresponde a conceptos refutados hace más de un siglo. No se ajusta a la teoría de la evolución. Desde este modelo, los cambios o mutaciones son, en principio, al azar. Es decir, no responden a una finalidad que llevaría siempre hacia el mismo sentido: el de mejorar”, subrayan.
La consigna de los investigadores para romper con este tipo de interpretaciones erróneas es trabajar sobre los obstáculos más importantes que presenta la teoría con una fuerza tal que logre sacudir concepciones equivocadas. “Si las ideas aprendidas en clase no tienen suficiente potencia o profundidad -concluyen-, se reacomodarán sobre los conceptos previos. Y serán sólo cosmética.”
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