MALESTAR DE DUHALDE CON EL GOBIERNO POR EL MANEJO DEL CONFLICTO PIQUETERO
Esto se está viniendo abajo”. La frase sonó fuerte en el living de la casona que Eduardo Duhalde tiene en Lomas de Zamora. Lo miraban en silencio varios de sus hombres de confianza y en ellos se reflejaba la preocupación. Es que nunca habían escuchado a su jefe político referirse de modo tan duro al gobierno de Néstor Kirchner.
La reflexión descarnada de Duhalde se produjo el miércoles, según lo revelaron a Clarín fuentes duhaldistas confiables. Enojado por los ataques de piqueteros contra su figura, el ex presidente respondió criticando el manejo que el Gobierno está haciendo del conflicto piquetero. “Si la sociedad percibe que la nueva política que propone Néstor son sólo consignas setentistas y manifestaciones piqueteras, el peronismo corre el riesgo de perder las elecciones del año que viene”.
Desde hace algunas semanas, Kirchner y Duhalde mantienen una durísima pulseada por el liderazgo del peronismo. Y son muchos los dirigentes que ven a las elecciones del 2005 como el escenario de batalla donde se definirá la pelea. Desde entonces, cada tema clave queda atrapado en esa lógica. Pasó con el debate por la coparticipación, donde Duhalde reclamó más dinero para Buenos Aires y Kirchner lo acusó de defender “botines políticos”.
Algo parecido sucedió con las leyes que el Gobierno necesita y que el bloque legislativo del PJ —que conducen duhaldistas— debe votar. Y no extrañó que el conflicto piquetero se fuera desbarrancando por el mismo camino. Por eso es que el piquetero más ofcialista, Luis D’Elía, buscó involucrar al duhaldismo en el asesinato reciente de un militante.
Ante sus colaboradores, Duhalde les apuntó a los principales dirigentes piqueteros pero también a la estrategia utilizada hasta ahora por Kirchner para contenerlos y dividirlos entre buenos y malos: “El Gobierno se está metiendo en un laberinto del que no puede salir; Kirchner no entiende que estos tipos ahora son dirigentes políticos y que D’Elía o Castells son la misma cosa”.
La catarata de Duhalde en Lomas contra la estrategia kirchnerista no terminó ahí. Para el ex presidente, la sucesión de cortes de calles, ataques a edificios públicos y empresas privadas, y hasta la toma de una comisaría por piqueteros el fin de semana pasado, podrían significar “un divorcio acelerado entre el Gobierno y la clase media, pero también con los sectores pobres”, donde Duhalde jura percibir también un fuerte antipiqueterismo.
Lo que Duhalde no dijo sobre la cuestión piquetera es cómo haría él para solucionar el conflicto. En junio de 2002, cuando era presidente, buscó ponerles fin a las manifestaciones dándole mayor margen de acción a la Policía. El resultado es conocido: agentes de la Policía bonaerense asesinaron en la estación Avellaneda a los piqueteros Maximiliano Kosteki y Darío Santillán, generando una conmoción política que obligó a Duhalde a adelantar seis meses su salida del poder.
Sabiendo que la definición de su disputa con Kirchner será en el campo electoral, Duhalde ha vuelto a preparar la maquinaria del PJ bonaerense. Pasa parte de su tiempo analizando encuestas que detallan la evolución de la imagen y la intención de voto de Cristina Kirchner, la carta que el Presidente tiene para intentar la conquista de la provincia.
“Cristina está bien en las encuestas, pero no penetra demasiado entre los pobres”, les ha dicho a sus colaboradores. Aunque nadie sabe si lo dice en serio o sólo para confundirlos, agrega otro dato: “El que está bien bien es el Flaco (por Kirchner) y también mide muy bien Alicia (Kirchner, hermana del Presidente y ministra de Desarrollo Social)”.
Duhalde admite tres escenarios posibles para el descenlace de la pulseada con Kirchner. El de una elección interna en el PJ bonaerense, aparato político que controla férreamente; el de un desafío electoral del kirchnerismo por afuera del PJ, como Antonio Cafiero lo hizo con Herminio Iglesias en 1985; o una negociación entre el Presidente y Duhalde para conformar las listas.
Obviamente, Duhalde prefiere la última instancia, la de una negociación mano a mano que hoy aparece lejana en medio de la discordia. Los dos dirigentes se van a cruzar la semana próxima en Puerto Iguazú, en una cumbre del Mercosur. Y nadie se anima a arriesgar si eso servirá para ensayar alguna reconciliación o para ensanchar el abismo
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