MALVINAS: LONDRES SALIÓ A DECIR QUE "SEGUIRÁN SIENDO BRITÁNICAS"
No hay dudas al respecto y debe quedar bien en claro para todos que no habrá negociación con el gobierno argentino. Las islas (Malvinas) seguirán siendo británicas mientras sus ocupantes así lo deseen, y ésa es la última palabra”, dijo ayer Bill Rammell, el ministro del gobierno inglés para América latina.
Fue la contestación tardía y contundente del gobierno británico al reclamo que el presidente Néstor Kirchner le hizo al primer ministro británico, Tony Blair, hace apenas dos semanas en Londres.
“Hay dos problemas fundamentales en los que creo que ambos gobiernos nos tenemos que poner a trabajar: la soberanía de Malvinas y la concesión de los permisos de pesca, que hicieron muy ricos a los isleños y perjudican notoriamente a la Argentina”, le dijo Kirchner a su colega laborista en los primeros minutos de su primer encuentro frente a frente, en un aparte de la Cumbre de Gobiernos Progresistas que se hizo en la capital inglesa.
Blair, según contaron más tarde los hombres del Presidente, movió la cabeza y susurró un “comprendo”. Pero la respuesta oficial llegó nítida ayer de la boca de su amigo y ministro Rammell, en declaraciones a la agencia italiana ANSA.
La Cancillería recordó ayer en un comunicado firmado por el director de Malvinas del ministerio, Santos Goñi, “el objetivo permanente de todo el pueblo argentino de recuperar el ejercicio pleno de la soberanía” en las islas y la disposición del Gobierno de “cumplir con los reiterados llamados” de las Naciones Unidas y la OEA a reanudar las negociaciones.
Después de dejar en claro que no habrá conversaciones sobre la soberanía de las islas, el ministro británico entreabrió ayer la puerta del otro tema que también le interesa al gobierno argentino: que los kelpers no vendan tantas licencias pesqueras en las aguas controladas por los británicos, y que están en disputa. Gracias a la venta de los permisos pesqueros desde 1991, los habitantes de Malvinas se convirtieron en uno de los pueblos más ricos del mundo. Y —se lo dijo el Presidente a Blair en Londres— a la Argentina le “preocupa”.
Ayer, Rammell aseguró: “De todas maneras, nuestra posición no quiere decir que no haya intereses mutuos de cooperación entre ambos gobiernos, por ejemplo en materia de pesca o comercio. Pero esos temas se están tratando en detalle por la Comisión de Pesca del Atlántico Sur, que debe analizar la situación”.
La Comisión que integran argentinos y británicos, que a su vez consultan a los kelpers, se reunió el 4 de julio pasado y acordó las nuevas cuotas de pesca para la nueva temporada en los mares del Sur.
El mecanismo semestral de la comisión se puso en marcha durante la era menemista, como parte de la estrategia de seducción ideada por el fallecido ex canciller Guido Di Tella. La no protesta argentina en los foros internacionales por la decisión unilateral de enriquecerse con la venta de licencias pesqueras más la creación de la comisión bilateral quiso ser una muestra de buena voluntad, de acuerdo y de no amenaza al principal ingreso de los isleños, que los transformó de pastores a hombres de negocios en los 90.
La mención del tema por parte del Presidente erizó la piel de los isleños, que quedaron pasmados con la posibilidad de que una arremetida del Gobierno ponga en peligro su estabilidad financiera.
En el pasado, cuando el segundo mandato de Carlos Menem se extinguía y el riojano no conseguía hacer realidad su obsesión de ser invitado formalmente al Reino Unido, el Senado amenazó con sancionar una ley que obligue a las empresas españolas, taiwanesas o rusas que compran los permisos a los kelpers, a pagarle también al gobierno argentino por el uso de los recursos en aguas que están en clara disputa. Pero fue sólo un amague de represalia.
Ahora, Kirchner, que en su primer discurso confesó que venía de la “cultura malvinera” y que la recuperación diplomática de las islas sería una de sus prioridades, deberá pensar su movida.
“Queremos establecer una relación mucho más fuerte y directa con Argentina y lo estamos logrando”, sintetizó Rammell. Fuerte y directa fue la primera negativa a discutir la soberanía que el gobierno de Blair le transmitió al de Kirchner.
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