“MANUAL DEL BUEN INUNDADOR: INSTRUCCIONES PARA INUNDAR UNA CIUDAD”
“El no cumplimiento riguroso de las instrucciones vertidas en este manual, puede conducir a indeseables consecuencias tales como la culminación responsable de obras públicas que eviten inundaciones.
Proyéctese un plan de defensa integral en anillo adecuado a la población que se desee inundar.
Déjese de lado el proyecto original y dividáselo en tres tramos.
Llámese a licitación el primer tramo y adjudíquese a la única empresa entre varias que llamativamente oferte un 5 % por debajo del presupuesto oficial.
Mientras esta empresa hállese ejecutando el primer tramo, adjudíquesele el segundo en forma directa, con un sobreprecio sugerido del 50 %. Si alguien indicare que este proceder viola la Ley de Obras Públicas, no se preocupe: el tramado de autoridades consignado en el apartado 12 garantiza la impunidad de este beneficioso proceder.
Procédase a la recepción e inauguración de los sucesivos tramos, precaviéndose debida y cuidadosamente de que sólo se halle culminada la obra vial y de que abruptamente trunca resulte la obra de defensa, de modo que el anillo citado en el ítem 1 luzca letalmente abierto.
Con la escollera formada por los dos primeros tramos adentrándose en el valle de inundación del río, aguarde pacientemente a que éste experimente una crecida extraordinaria. Si bien estadísticamente tal acontecimiento sucede cada muchos años, no desespere: la naturaleza y el tiempo suelen recompensar a los espíritus perseverantes.
Adicionalmente, pueden complementarse las iniquidades constructivas anteriores, con algún puente dotado de poca luz, de tal suerte que se logre un efecto de adicamiento que represe eficazmente las aguas del río, posibilitando así una útil elevación del nivel de líquido a ingresar en la ciudad y un vistoso comportamiento torrentoso.
Producido el advenimiento del tan esperado fenómeno, observe impávido como su sueño se va cristalizando, a medida que los desesperados vecinos huyen de la olla mortal.
Previo a ello, ignore todos los avisos e informes de profesionales y organismos técnicos que le advirtieren acerca de la dimensión que el fenómeno va adquiriendo. Igual comportamiento presente ante molestos pedidos de informes sobre el estado de las defensas, o el destino de los fondos para afrontar la emeregencia. Si dudase de la efectividad de estas sugerencias, recuerde que luego siempre podrá declarar que a Ud. nadie le avisó nada.
Apresúrese a divulgar que el desastre tiene causas exclusivamente naturales, desligando sistemáticamente cualquier argumento que pudiese lejanamente sugerir su evidente responsabilidad. Idéntica prisa muestre en solicitar los créditos previstos para estos desastres, pero que Ud. hábilmente destinará a otros fines, tales como los enumerados en el apartado 14.
Despídase sin mayores miramientos a cualquier profesional miembro de los organismos oficales que, con sólidos fundamentos técnicos, intentare hacer públicos los argumentos citados en el ítem anterior.
A fin de lograr una consecución feliz de su objetivo, rodéese de los funcionarios mas ineptos, ineficaces y desaprensivos posibles. Especial cuidado merece el evitar cualquier sistema de selección que pudiese garantizar la incorporación de personal idóneo para esos cargos. Asegúrese de escoger a los mismos entre amigos, parientes y conocidos a los que se les deba algún favor.
Elúdase el accionar de la Defensa Civil. Sugiérese para ello, recordando los consejos del apartado anterior, colocar al frente de la misma a un directivo de pocas luces y con alguna otra ocupación que le permita muy poca dedicación, por ejemplo, la de distribuidor de bebidas alcohólicas tales como champagne. Si es posible, procúrese que en el interín concurra como invitado a eventos tales como una lujosa fiesta de bodas, a fin de aliviarle la oprobiosa carga de rescatar a algún vecino de una muerte segura.
Evítese asimismo la intervención de cualquier otro organismo o institución capacitada para la atención de emergencias. Esto podría quitarle el control de la distribución de las numerosas y valiosas donaciones y partidas destinadas a las víctimas. Recuérdese que, de tener la fortuna de que el cataclismo ocurra en épocas electorales, podría verse beneficiado con una inesperada y codiciada fuente de dádivas sumamente útiles para sus proyectos de clientelismo político, permitiéndole comprar voluntades de necesitados pobladores a precios de oferta.
Si en su abnegada labor de promoción comunitaria, algún funcionario/a de su redil, resultare sorprendido en la noble tarea de distraer donaciones en aras de sus fines electorales y debiera renunciar a su cargo, reconforte su alma acongojada con la promesa de un futuro puesto electivo que le asegure buenos ingresos e impunidad. Los servidores leales deben ser premiados.
Ante el dantesco espectáculo de decenas de miles de ciudadanos inundándose y perdiéndolo todo, con decenas de ahogados e innumerables daños colaterales, si eventualmente irrumpiese en su corazón algún inoportuno tizne de compasión y humanos sentimientos, no se preocupe: recuerde que el inundado está para inundar y ya se le pasará. Igual sugerencia es aplicable al momento en que deba instrumentar leyes de indemnización para tales infraciudadanos. De arreciar los reclamos, recúrrase a la vieja modalidad de convertir a las víctimas en victimarios, con el invalorable auxilio de la prensa adicta.
Finalmente, cerciórese de no olvidar el reservarse un cargo electivo a nivel nacional, alejado de la devastación que dejó atrás, de modo de asegurarse los contactos, ingresos, y fueros que preserven su intangibilidad.
De haber cumplido rigurosamente los pasos anteriores, garantízase una exitosa gestión inundadora. Si no ha arribado a la misma, repítanse hasta el hartazgo las instrucciones detalladas desde el punto 1. El prolongado periodo de tiempo necesario para ello, se logra con el fiel cumplimiento de los ítems 12 y 14, generadores de un adecuado adormecimiento de conciencias que permiten una eterna perpetración del poder junto con su socio sucesor, en el esquema usted-su sucesor-usted-su sucesor.
Advertencia:
El no cumplimiento riguroso de las instrucciones vertidas en este manual, puede conducir a indeseables consecuencias tales como la culminación responsable de obras públicas que eviten inundaciones.
Otros efectos negativos consistirían en el surgimiento de gobernantes idóneos respetuosos de la ciudadanía a la que representan y se deben.
Los editores no se hacen responsables por el uso indebido de este manual”.
Este contenido no está abierto a comentarios

