MARCELO ALVAREZ ENTRE LA LÍRICA Y LA BALADA ROMÁNTICA
La historia de que dejó el puesto como gerente de una fábrica en su Córdoba natal, que gracias a su esposa Patricia se decidió a comenzar con la lírica a los treinta años y que en ese momento “el famoso Teatro Colón lo rechazó en las tres audiciones con que intentó ingresar” (como se sorprende el Berliner Morgenpost en la página que le dedicó la semana pasada) ya ha dado la vuelta al mundo.
Hoy, además de sus ovacionados roles en La Scala, el Met y el Covent Garden, la Opera de la Bastilla y de Munich; del premio al mejor cantante recibido por la Academia del Disco alemana en 2000 y 2002, y de una agenda de contratos cerrada hasta 2008, una reciente serie de espectaculares presentaciones en Roma, Berlín y esta noche en Nueva York, confirman ese cada vez más asentado destino de ídolo en la escena del canto internacional y lo instalan como una auténtica estrella de multitudes. El promocionado lanzamiento de “Duetto”, su quinto álbum grabado con el siciliano Salvatore Licitra, de baladas estilo pop-romántico italiano compuestas por quienes produjeron el fenómeno Bocelli, se suma en la misma dirección.
Luego de haber presentado “Duetto” en el monumental marco del Coliseo romano, transmitido por la RAI para toda Italia con una audiencia estimada en 2 millones y por la BBC para Inglaterra y Estados Unidos, el domingo pasado Alvarez volvió a cantar para una multitud, un programa bajo el título “Marcelo Alvarez: Latinofeuer und Belcanto”, esta vez en el tradicional Classic-Open-Air sobre la plaza del Gendarmenmarkt, la más elegante de Berlín y una de las más bellas de toda Europa. Hoy frente a la primera dama de los Estados Unidos, Laura Bush; el alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, y otras personalidades, Marcelo entonará nuevamente los duetos con Licitra en un recital exclusivo para los festejos del 150° aniversario del Central Park, con el que, además, lanzará su disco para Estados Unidos. “Será un evento mucho mayor que el del Coliseo, ya que nos han pedido, aparte de los dúos, tres arias de ópera a cada uno ¡y por ese solo concierto ya tengo una agenda de 10 días de entrevistas!”, comentó asombrado el exitoso cantante a LA NACION. Anteayer estuvo también invitado al cumpleaños de Bloomberg, celebrado con un almuerzo en el que fue el prestigioso tenor argentino quien le cantó el “happy birthday” al político.
Con la misma simpatía de siempre, acompañado por su bella esposa y vestido con un ultramoderno traje de corte oriental diseñado por Armani, Marcelo recibió a LA NACION.
-¿Por qué un CD de pop? ¿Qué significa en tu carrera?
-La idea, propuesta por el presidente de Sony hace tres años, al principio no me convencía, pero de a poco fui valorándola. Se trataba de abrir un mercado increíble. Respecto de la música, no cantamos cada uno sus arias como en “los tres tenores” sino que las canciones fueron compuestas especialmente para nuestras voces; eso es una innovación y para mí es un reconocimiento que me da orgullo. ¿Qué significa en mi carrera? Sencillamente que cuando cerré la exclusividad con Sony me daban sólo dos óperas y ahora logré ampliar un contrato para nueve discos más. Un enorme terreno que gané gracias a “Duetto”.
-En tu carrera discográfica está produciéndose una alternancia clásico-popular ¿Hay una estrategia en esa línea de evolución?
-El mercado discográfico de la ópera está en una gran crisis que para poder superarla hay que ser capaz de generar ingresos, por eso se apunta a públicos masivos. ¡Es impresionante ver la diferencia, la promoción, la crítica, el número de entrevistas que se piden para “Duetto”! Con la ópera no se hubiese llegado ni a un 10%. De modo que cuando uno genera eso, la gente comienza a comprar las placas anteriores: “Belcanto” está vendiéndose como el agua y así se apoya lo estrictamente lírico.
-¿Qué elementos y recursos definen a este “Italian-Soft Pop”?
-Lo más propio del pop, es decir: martillar. Repetir constantemente la melodía y un estribillo pegadizo, fácil de retener. Eso es el pop. Dentro del CD, nueve canciones son así y otras seis están arregladas con música clásica (Gounod, Bach, Rachmaninoff, Offenbach, Fauré y Bizet), que para muchos será como romper una barrera. Queremos llamar, invitar a la gente a que se acerque a la ópera.
-¿Italia es un lugar apropiado para desdibujar esas barreras?
-No. Si bien se utilizan el lenguaje italiano y el romanticismo propio de las canzonettas, no creo que sea el país donde esto genere un boom. En realidad, las discográficas son inteligentes: hacen el evento allí para que lo vea el mundo porque la lengua italiana y una presentación formidable en el Coliseo representan una garantía. Para nada significa que el primero en aceptarlo sea el italiano. Sin embargo, en posteriores funciones de ópera, parte del público que venía al camarín me dijo: “¿Sabe que la gente lo va a querer más porque sale en televisión?”
-¿Cómo te adaptaste vocalmente a las canciones?
-Al haberme formado en Los Niños Cantores, hay una musicalidad innata y desarrollada que siempre está allí, que reacciona casi como por reflejo, sin pensar. La argentinidad también ayuda, porque somos dúctiles. Como hijos de inmigrantes tenemos una cultura que hace que un poco de todo nos sea bien conocido.
-La canción en castellano, ¿funcionaría como presentación de una telenovela latina?
-Pienso que sí, porque esta música está concebida como cortos publicitarios y por eso es que en esa canción no pronuncio “eya” ni “yuvia” sino “ella” y “lluvia”, como hablan los centroamericanos, porque está dirigido al sur de los Estados Unidos, donde a la placa la compran 30 millones de personas. No es ni siquiera para América del Sur, sino que está pensado para vender en masa en los mercados norteamericano, japonés e inglés. Ellos son los que dan el dinero y de todo lo demás hay que olvidarse.
-¿Cómo fue la relación con Licitra y la combinación de las voces?
-A pesar de que nos conocemos bien, los tenores estamos acostumbrados a ser únicos y la idea de tener que ceder, hacer la segunda voz, ver quién canta primero, etc… costó. Al principio estábamos tensos, pero eso duró unas horas y después fue muy agradable.
-En los momentos más brillantes predomina tu timbre “dolce”…
-Sin embargo todo está equitativamente repartido. Quizá lo que sucede es que mi voz es un poco más romántica. La de Salvatore, que es una voz fabulosa, es más verista porque es un tenor spinto (dramático) y el hecho de alargar la voz hace que se pierda un poco de dulzura para el micrófono. Cada uno tiene sus propias cosas buenas.
-¿Cómo sentís que se ha desarrollado tu voz en este trabajo?
-Soy belcantista y por eso tengo una condición especialmente buena para este repertorio. Lo encaré como un cantante de lieder, pensando que toda música enseña algo si se está dispuesto. Al comienzo me decía internamente: “Esta música es menos que la ópera”, pero reconocí que cantando como un verdadero tenor no funcionaba. Entonces comencé a ablandar la garganta, a relajar y colocar la voz mucho más alta, más pura. Eso me ayudó tanto que cuando fui a cantar “La Bohéme” (en La Scala para su debut en el rol, enero 2003) tenía la voz mucho más fresca. También creía que esta música se cantaba como “de taquito”. ¡No!, no es así, porque todo es tremendamente agudo y siempre agudo.
-Cantar otros géneros implica un riesgo que, al público de la ópera, parece no agradarle, ¿qué te motivó a asumir un proyecto así?
-El business.
-Entonces, ¿qué parte de esa decisión quedó en tus manos?
-A mí me proponen pero yo decido, y cuando me decido es porque estoy seguro. Respecto de las críticas, ya sabía que para los puristas podía ser algo ridículo dada la carrera que estoy haciendo, pero a ellos nunca los decepcioné: en los teatros doy lo máximo, he trabajado con los más grandes maestros, y si soy un cantante de ópera es porque canto y triunfo en los teatros de ópera. Ese es y seguirá siendo mi mundo.
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