"Margaret Thatcher es un ser siniestro para nosotros"
Es una mujer en paz consigo misma y eso lo trasmite a cada instante. Norma Aleandro, la gran intérprete nacional, asegura que la vida no le debe nada. “No tengo deudas –dice–, me he conformado muy bien con lo que me ha pasado en mi profesión. No necesitaba ser una estrella, quería ser mejor actriz de lo que era y ahí peleé conmigo misma. Luché, estudié, me probé mucho y estoy contenta con haberlo hecho de esta manera.”
Aleandro entrega su propia filosofía de vida ante la vejez: “Por suerte a mí nadie me presiona para que me opere. La edad es algo muy personal y particular, pero creo que en la medida en que te quieren y querés a alguien es más fácil aceptar el paso del tiempo. Mi marido me quiere y le gusto como estoy.”
Desde el 21 de marzo Aleandro volverá a transformarse, después de quince años, en Maria Callas para el espectáculo Master Class. Están los mismos de aquel éxito: su director (Agustín Alezzo), el vestuario (Gino Bogani) y la producción de Lino Patalano, quien abre su teatro Maipo.
Tiene la alegría de seguir divirtiéndose con su trabajo y así anticipa que será la bruja en el primer capítulo de Lobo, por El Trece, pero también la terapeuta de Diego Peretti, en En terapia, para Canal 7.
—¿Podés anticipar cómo fue tu participación en “Lobo”?
—Fue un pedido de Adrián Suar y de Marcos Carnevale; con él somos muy amigos y trabajamos juntos. La historia me encantó, tiene que ver con los seres mitológicos, como el lobisón, más un excelente elenco. Más que bruja, mi personaje es una curandera. Se presenta en el momento del nacimiento del niño (el séptimo varón), y el padre de la criatura le pregunta qué está murmurando. Ella le dice que está rezando y le anuncia que ese hijo, cuando cumpla los treinta años, lo matará y seguirá asesinando gente y que debe terminar con su vida ahora. Le deja esto como estigma y esa profecía se va a cumplir.
—¿Habías interpretado alguna otra bruja?
—¡Sí! Había hecho una que me dio muchas satisfacción: la de Patoruzito (frente al grabador imita la voz, la gestualidad y se divierte). Fueron como doscientos dibujantes que copiaban mis gestos y mis caras. Nunca había tenido esa experiencia de trabajar para un equipo de dibujos animados. Son artistas formidables, un mundo distinto.
—¿Pero vas a grabar para Canal 7?
—Sí, mañana empiezo el programa En Terapia (In Treatment) para la productora Dori Media, junto a Diego Peretti. Mi participación me llevará dos semanas íntegras, con muchas horas diarias, para después poder abocarme al teatro. Serán nueve capítulos y pedí grabarlos todos juntos.
—En ese programa, encararás a una terapeuta y tu marido (Eduardo Le Poole) también lo es. ¿Le preguntaste?
—El es médico psiquiatra y por supuesto hablamos del personaje. Pero Eduardo no tiene la línea psicoanalítica de mi papel. El se ocupa de la neurociencia, en la que se estudia la parte química y física del cerebro. Mientras que Lucía es más clásica, no está tan aggiornada como mi esposo. También sumo mi propia experiencia, ya que hice psicoanálisis durante catorce años y dejé cuando me tuve que ir al exilio. Después no retomé… Si me pude manejar exiliada, que es lo más difícil…
—Se acerca la entrega de los premios Oscar y junto a Aída Bortnik son las únicas argentinas que integran la Academia. ¿Votaste?
—Este año no pude votar. Recibí todo el material, pero cuando no lo puedo ver completo me abstengo. No tuve tiempo porque estuve viajando por las provincias. Si no veo, no voto, me daría vergüenza y no me parece justo hacerlo sin tener todas las películas vistas.
—¿Qué opinás de la película “La Dama de Hierro”? ¿Qué te interesa más, el argumento o la interpretación de Meryl Streep?
—No la vi y tengo ganas de verla, porque para nosotros es un dolor grande. El tema me parece importante, la actriz está en un lugar que interesa, aunque no siempre acierta con los papeles. En Mamma mia! con esa directora fue un desastre, olvidable… aunque todo el mundo hacemos alguna vez trabajos olvidables.
—Algunos te consideran la Meryl Streep argentina. ¿Te ves parecida?
—Me lo han dicho, pero yo no me veo. Es una muy buena actriz, pero a mí me gustan muchísimo más otras actrices, como Judi Dench.
—¿Y si te hubieran propuesto hacer de Margaret Thatcher?
—Debería saber cómo es el guión, pero si es una película que está a favor de lo que hizo Margaret Thatcher en Inglaterra, pues no la haría, directamente no la haría.
—Las mujeres no quedamos muy bien paradas con ella como ejemplo de política…
—El tema es el poder y no pasa por el sexo. El poder es un potro salvaje, es difícil subirse a él y saber manejarlo. Esta mujer usó el poder de una manera nefasta; creo que no le hizo tampoco bien a Inglaterra. Con respecto a nosotros detestaría encontrarme con que hay una especie de reivindicación de esa guerra, no porque crea que nosotros tuvimos razón en hacerla, sin antes no sentarnos a dialogar, pero están ahí porque quieren, porque los dejamos, no es su lugar, más bien que queda lejos de Gran Bretaña…
—¿Te molesta que los ingleses toquen este tema?
—No, todo depende de cómo lo hayan hecho; en su momento hubo muchos ingleses que estaban en desacuerdo con esa guerra, tuvieron incluso manifestaciones. Me molestaría que hubieran hecho una apología de Margaret Thatcher. En realidad tienen todo el derecho del mundo, pero a mí no me gustaría. Me parece un ser absolutamente siniestro, para nosotros.
—¿Qué te duele como argentina de las islas Malvinas?
—Para nosotros es un dolor grave. Lo que más me duele es que son nuestras, pero no las tenemos, no están en nuestro mapa, las tienen los ingleses. Es un despojo que nos hicieron, creo que debemos sentarnos a hablar y los ingleses no consideran esta posibilidad. Los kelpers también tienen que sentarse a hablar, no sólo los ingleses. Se están metiendo con nuestra posibilidad de riquezas. Esos territorios fueron nuestros y los usurparon. Lo mismo pasó con la India y llegaron a un acuerdo… Hay países –como lo fueron España, Portugal y Holanda– que son esencialmente conquistadores, pero estamos en el siglo XXI y hay que volver a hablar. Porque se están metiendo en nuestra plataforma, también en la Antártida… Creo que internacionalmente debe haber un acuerdo. No se pueden hacer los distraídos tantos países con lo que nos pasa a nosotros con las Malvinas. Por suerte hubo una muy buena respuesta de los países latinoamericanos, como Brasil, Uruguay y Chile. Es importante porque sienta un precedente, después no se puede volver atrás. Se cometió un grave error al invadir en tiempos de la dictadura militar, pero lo hicieron para perpetuarse en el poder, lo mismo que hoy hace Cameron, para distraer a la gente, ya que él tiene muchos l&
iacute;os en Inglaterra… A nosotros nos conviene sentarnos a hablar, sin metralletas, ni llevando a los chicos como se los llevó, pero ése fue el espíritu de la junta militar para perpetuarse en el poder…
—¿Alguna vez te negaste a hacer algún papel por su ética?
—Sí, muchas veces. Hace poco me presentaron una obra –no te voy a decir cuál, porque es probable que la hagan– que era obscena, pornográfica, pensada para actores grandes, sin que eso tuviera otro sentido que la pornografía en sí misma. Si alguna vez hay que hacerlo para mostrar algo que sirva, como puede ser la trata de persona, la violencia de género o dentro de esa línea lo puedo rever, pero si es simplemente para atraer al público, no me interesa. No aceptaría endiosar ideologías con las que no estoy de acuerdo.
—Apoyaste incondicionalmente la ley igualitaria. ¿Harías lo mismo con la del aborto?
—Es un tema y una ley más complejos. Creo que tiene que haber mucha reflexión, porque no importa si tenés o no una religión, en un punto es quitarle vida a alguien. Lo mismo sucede con el suicidio asistido. Es un derecho el poder suicidarse, pero una no sabe si detrás no hay una familia empujando para quedarse con una herencia. Son leyes complejas, como lo es el ser humano. No hay dudas con respecto a la violación de esta niña de once años. En ese caso fueron los médicos los que no hicieron caso a lo que decía la ley. Por eso es importante saber, conocer las leyes y difundirlas.
—¿Hoy qué es lo que más te duele de nuestra realidad?
—No te puedo dar nombre y apellido de ciertas cosas, pero sí decirte que lo que me molesta es cuando no hay un sinceramiento de las situaciones. Creo que lo que está pasando en Famatina merece un tratamiento más serio. El pueblo tiene miedo de que le pase lo que a tantos pueblos chilenos. Espero más declaraciones claras para saber qué se va a hacer con nuestro país en ese sentido. Cómo se explotarán nuestros recursos, de qué manera, quién, si va a ser sustentable o no, si se sacará oro u otra cosa. Queremos saber qué pasa con nuestro suelo y con nuestra agua. Creo que todos necesitamos respuestas, no sólo la gente de Famatina. Nos lo merecemos.
Colaboró: Marita Otero.
El director, un partero de la creación
—¿Cómo se vuelve al mismo personaje (Maria Callas) después de quince años?
—Tuve que volver a estudiar el texto, no al personaje, porque a Maria Callas la había estudiado y la seguía amando. Fue una cantante genial con una historia de vida trágica. El autor, McNally, toma un momento trágico, pero hace de esta clase una comedia con toques de humor y genialidad. Colocó a dos sopranos (aquí serán Lucila Gandolfo y Carolina Gómez), que cantan partes de arias (La sonámbula y Lady Macbeth) y también a un tenor (Marcelo Gómez) que interpreta Tosca. La puesta es más o menos la misma, nuevamente es Agustín Alezzo el director y mucho no se puede cambiar. Me gustó volverme a encontrar con este personaje y le fui encontrando cosas nuevas. En cuanto se abrió la boletería la gente se abalanzó a comprar las entradas, lo que nos pone muy contentos. El público es muy agradecido y la gente responde.
—¿Cómo se hace para dejar a un lado a la directora y volverse a poner a las órdenes de otro?
—Cuando un director es inteligente –y Agustín lo es–, aprovecha el conocimiento de todos. Si le propongo algo, él me escucha. Por mi parte, siempre propongo, tanto en el cine como en el teatro. Una actriz debe venir con los deberes hechos. El te puede decir: “Intentá por este otro lado”, tiene que sacar de vos lo mejor, pero la creación es tuya. Otra cosa es el puestista, al que le importa más la estética que el trabajo actoral. Pero el verdadero director de actores no es el que marca, sino el que ayuda a sacar; por eso, para mí, es el partero de la creación.
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