MARÍA JULIA PROMETE DAR BATALLA Y CRECE LA PUJA EN EL MENEMISMO
La batalla está desatada. Las declaraciones de María Julia Alsogaray acerca de la existencia de sobresueldos muy abultados durante la década pasada produjeron un terremoto en el planeta menemista.
“Carlos no está nada contento con lo que hizo María Julia”, es la frase preferida en estas horas de los hombres que aún se mantienen cercanos a Carlos Menem. No es para menos. Su ex colaboradora escribió el sábado una carta al diario La Nación, donde aseguró que todo el gabinete menemista estaba al tanto de los sobresueldos que se pagaban entonces con fondos reservados de la SIDE.
El encargado de contestarle públicamente fue Alberto Kohan, quien eligió un curioso estilo para su respuesta. “Siendo yo secretario de la Presidencia —puntualizó—, nunca cobramos ni distribuimos nada”, dijo. Como la interna del menemismo nunca termina, hubo quienes interpretaron esa frase como una forma de despegarse de Eduardo Bauzá, el ex jefe de Gabinete menemista al que María Julia en su carta vinculó al pago de sobresueldos.
Pero salvo Kohan, ninguno de ellos quiere polemizar en público con María Julia. El menemismo prefiere criticarla en sigilosos diálogos telefónicos. Allí hablan de una traición “a la corporación política”, y recuerdan los casos de Emir Yoma o Víctor Alderete, dos menemistas que permanecieron muchos meses en la cárcel sin perder la discreción.
Pero María Julia es ahora la única ex funcionaria menemista presa, desde agosto del 2003, cuando quedó detenida por una multiplicidad de causas judiciales. Ella también había mantenido el silencio en prisión, pero en los últimos meses comenzó a destilar veneno contra sus ex compañeros de ruta. La muerte reciente de su padre, Alvaro Alsogaray, la liberó de compromisos.
“Muerto mi padre, no tengo frenos”, les dice María Julia a los pocos amigos que la visitan en la prisión de Libertador y Cavia, en Palermo Chico. “Julita va a seguir batiendo el parche con los sobresueldos”, advierten aquellos que conocen sus pensamientos.
El lunes pasado, con las fotocopias de sus declaraciones a la prensa, estuvo en su celda el fiscal Paulo Starc, quien le pidió más precisiones sobre el cobro de sobresueldos, una saga que tuvo especial auge durante la etapa menemista pero que nunca se interrumpió desde la década del 60, cuando se instauraron las leyes para fondos reservados.
El fiscal Starc también le tomó declaración ayer a Alvaro Erize, uno de los hijos de María Julia (ver Uno de…). Y la sensación en Tribunales era ayer que el escándalo de los sobresueldos podría derivar rápidamente en citaciones judiciales a otros ex funcionarios menemistas: es claro que el ex presidente Menem encabezaría eventualmente esa lista, donde podrían seguirlo Bauzá, Raúl Granillo Ocampo o Domingo Cavallo, el ex ministro que en 1995 les pidió a sus colegas que incluyeran sus sobresueldos en las declaraciones juradas.
Aunque con grados diferentes de discrecionalidad, dictaduras y gobiernos democráticos echaron mano a la caja negra de los fondos reservados. Ayer mismo, el senador radical Rodolfo Terragno calculó que esos fondos ascienden hoy a 334 millones de pesos.
El actual Gobierno asegura que no paga sobresueldos, y repitió ese argumento cuando elevó el salario de los ministros a 6.000 pesos, derogando un decreto de Adolfo Rodríguez Saá que los había clavado en 3.000 pesos.
El martes, el juez Daniel Rafecas le recomendó al Congreso que derogue las leyes secretas que permiten el pago de sobresueldos con fondos reservados. Allí tienen el presidente Néstor Kirchner y los legisladores argentinos una buena oportunidad para terminar con una de las grandes sospechas que ensombrecen el ejercicio de la política.
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