MARÍA JULIA SACÓ A RELUCIR SU LIBRETITA DE ALMACENERO
María Julia Alsogaray intentaba mostrar que su ex contador, abusándose de su buena fe, se habría quedado con plata que ella le entregó para el pago de impuestos. No pudo precisarle al Tribunal montos ni fechas. Explicó que era tanta la confianza que entonces le merecía Ernesto Furlone, que todos esos movimientos apenas si los consignó en el único registro que llevaba de sus finanzas: “una libretita de almacenero”.
El acusado le clavó la vista con incredulidad. Uno de sus defensores le preguntó a María Julia por qué no había aportado esa libreta como prueba, si contiene tantos detalles que podrían favorecerla en este mismo juicio. La testigo volvió a responder con su clásica calma a prueba de interrogatorios: “Porque ahí anoto de todo. Y no quise que se ventilaran mis gastos personales”.
La declaración fue la última de este proceso, iniciado cuando la ex polifuncionaria querelló a Furlone por —presuntamente— haberle quitado 320 mil pesos. Ayer la fiscal Stella Maris Scandura pidió para el contador una pena de 3 años de prisión en suspenso por el delito de administración infiel; el abogado que representa a Alsogaray solicitó 3 años y 7 meses por estafas reiteradas.
El Tribunal Oral 1 —Martín Vázquez Acuña, María Cristina Camiña y Ricardo Rongo— va a volver a reunirse hoy a las 10 de la mañana para resolver una serie de planteos. Después de esa audiencia, se anunciará cuándo se dará a conocer el veredicto.
Furlone era el contador de la familia Alsogaray desde 1983. Según relató ayer María Julia, la relación empezó a resquebrajarse cuando ella recibió una inspección impositiva; revolviendo papeles, advirtió que el dinero que le había dado a su contador para que le abonara Ganancias de 1991 y 1992 nunca llegó a la DGI.
“Tengo una nebulosa sobre esa época. Yo acababa de llegar a la Secretaría de Recursos Naturales, me habían pedido que privatizara Somisa, me estaba divorciando…”, señaló María Julia para disculparse por no poder acordarse con exactitud cómo y cuándo le había dado a Furlone el dinero. Sí alcanzó a anotarlo en su “libretita de almacenero”, aclaró.
Su relato duró una hora. Entró a la sala de audiencias a las 10 de la mañana y se quedó en una sala contigua hasta pasadas las 12, esperando un careo con Furlone al que el tribunal finalmente no accedió. Antes de los alegatos, Alsogaray ya estaba de nuevo en la cárcel de la Policía Federal en la que lleva once meses detenida.
El 21 de mayo pasado, fue condenada a 3 años de prisión por enriquecimiento ilícito. El año que viene tendrá que enfrentar otro juicio oral por el presunto pago de sobreprecios cuando era secretaria de Medio Ambiente. Y todavía la esperan unas 25 causas más, todas como imputada.
No bien María Julia terminó con lo suyo, Furlone pidió la palabra. Como en la primera jornada del juicio, afirmó que está siendo víctima de un complot pergeñado por su ex clienta y por un antiguo jefe de la DGI, Ricardo Cossio, hombre de la UCeDé y amigo de María Julia. Ayer el contador insistió en que los talonarios supuestamente apócrifos que aparecieron en su estudio, cuando fue allanado, son parte de esa presunta maniobra.
En cambio, Alsogaray sostiene que Furlone la traicionó en su honestidad. “¿Alguna vez sufrió otra infidelidad?”, le preguntó otro de los defensores a la querellante. Con murmullos de fondo, el abogado aclaró que se refería a cuestiones estrictamente profesionales. María Julia respondió que no.
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