Mario Goloboff: “Isidoro Blasiten era un verdadero artesano del lenguaje”
Mario Goloboff es Poeta y novelista. Escribió libros entre los cuales se encuentran: Criador de palomas del año (1984), La Luna que cae (1989),
El soñador de Smith (1990) entre otros, a las que se suma su obra más reciente: Julio Cortázar, La Biografía, edit. Seix Barral, 1998.
En la actualidad es Docente en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, (UNLP) donde se desempeña como Prof. Titular de Literatura Argentina del siglo XX
Mario ¿Recuerda cómo y cuando conoció a Isidoro Blaisten?
Yo lo conocí en la época de las revistas literarias, a mediados de los 60’s, cuando me incorporé al “Escarabajo de oro”, la revista que fundó y dirigió Abelardo Castillo. Recuerdo que nos reuníamos a leer y a charlar en el Tortoni, los viernes a la noche, con Isidoro Blaisten, a quien por aquel entonces llamábamos Ike, con Umberto Constantini, con Vicente Batista y con Abelardo Castillo, entre otros. Y cuando me incorporé a aquellas tertulias, yo creí que era obligación llevar algún buen texto para compartir con los demás escritores y leí un largo poema. No recuerdo ni su nombre, ni su autor, pero parece que no estaba bien escrito. Y uno de los que más lo criticó fue Isidoro.
Digamos que su relación con Blaisten comenzó con un reto.
Sí, empezamos así. A veces las relaciones con los escritores comienzan de esta manera. A Juan José Saer también lo conocí en un congreso en el que me increpó duramente, me acusó de aristotélico (risas). Lo que pasa, es que eran épocas donde los escritores discutían ideas, se debatía sobre literatura, eran años muy interesantes. Ahora se discute sobre mercado, a ver quien vende más, quién es más famoso. En esa época ninguno éramos famosos, teníamos la pasión de la literatura y de las ideas.
Mario ¿Podría describirnos el estilo literario de Isidoro Blaisten?
Creo que él tenía un estilo muy cuidado, mucho oído musical, una especial preocupación en la construcción del ritmo de la frase, la obsesión por cada voz, cada sonido, cada trazo. Corregía mucho, era un verdadero artesano del lenguaje. Era el creador de una literatura aparentemente liviana, con mucho sentido del humor. El venía de la mejor escuela, había tenido de profesora de literatura a Elvia Rosbaco de Marechal, la última mujer del creador del “Adán Buenos Aires”.
Isidoro era un tipo con mucha chispa, de dar vuelta las cosas, de jugar con las palabras y las frases. Por ejemplo en su libro “El mago”, pone en cuestión los lugares comunes de la lengua, las frases hechas. El revés de los refranes, como él los llamaba. “El que quiera celeste que le cueste”, “Que le hace una mancha más al tigre”, “El vivo al pollo y el muerto al hoyo”, con esas frases hizo cuentos maravillosos.
Es muy interesante analizar como trabaja Blasiten su literatura coqueteando tanto con lo erudito como con lo popular.
Efectivamente. Él toca las dos puntas, ¿No? Isidoro era un tipo muy erudito, muy lector, pero también había frecuentado mucho la cultura del tango. Él fue muy amigo de un poeta popular porteño, Mario Jorge Deleli, que es un poeta de los barrios de Buenos Aires. Y él había recorrido mucho la ciudad y los barrios, quizás justamente porque venía del interior.
¿Y usted entablo una relación de amistad fuerte con Isidoro?
Sí, a pesar de que yo me fui del país en el 73’ nos escribíamos, él me mandaba sus libros. Y cuando me volví de Toulouse, nos veíamos bastante seguido. Yo fui a sus charlas en el MALBA, fui invitado por él cuando asumió su sillón en la academia nacional de literatura. Tengo un grato recuerdo del discurso contra la solemnidad que dio Isidoro aquel día. También recuerdo con mucho cariño cuando lo invité a un congreso en la Universidad de La Plata, donde enseño actualmente, en el marco del centenario de los nacimientos de Marechal y Arlt, en el año 2000.
Me imagino que algún cuento de Isidoro Blaisten será parte importante de sus clases de literatura Argentina en la Universidad
Sí, por supuesto, es un escritor que yo he incorporado al canon universitario, porque lo han descuidado un poco. He puesto en el programa de mi materia el cuento “Al acecho”.
¿Y porque recomienda a sus alumnos este cuento?
En realidad se lo recomiendo a todo el mundo, no sólo a mis alumnos. Pero sabes una cosa, casi no puedo decir porque, ya que si lo digo arruino la magia de ese cuento. Porque justamente el valor de ese cuento es la propia intriga, es un policial en el que no se sabe quien mata a quien, no hay ni muerto, ni asesino, ni detective. Lo que pasa es que justamente la tensión de ese cuento consiste en lo que te anticipo, es un relato que está muy bien llevado. Digamos que es una parodia del clásico policial.
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