MARTE COMO NUNCA SE VIÓ
Lo hizo. Luego de siete meses, la sonda estadounidense Spirit, en cuyo interior viajaba el robot “MER-A”, descendió con éxito en Marte y apenas tres horas después comenzó a enviar postales del planeta rojo.
“Estamos de vuelta”, dijo, exultante, Sean O’Keefe, director de la Agencia Espacial Estadounidense (NASA). Las dos últimas misiones a Marte habían fracasado (ver Esperando….).
La nave envió su primera señal desde el planeta rojo unos veinte minutos después de amartizar, minutos que resultaron una eternidad para los científicos de la NASA que esperaban noticias en el control de Pasadena, California. Al recibir el primer mensaje, los científicos explotaron de alegría, con besos, abrazos y aplausos ante cada señal recibida.
En los seis minutos finales —y cruciales— de su viaje de 487 millones de kilómetros, todo se desarrolló a la perfección. Una vez que ingresó a la atmósfera a 1.500 kilómetros por hora, la fricción fue reduciendo su velocidad hasta que se abrió el paracaídas. Este se desprendió a 15 metros de la superficie, con los cohetes de detención ya en acción.
Las “airbags” que protegían el aparato como si fueran gigantescos almohadones inflables suavizaron el impacto con la superficie de Marte. Cual pelota de basquet, la Spirit rebotó varias veces en medio del solitario paisaje marciano. Estaba en el interior del cráter Gusev, de 153 kilómetros de diámetro.
“Es un cráter glorioso”, dijo Steve Squyres, de la Universidad Cornell, discípulo de Carl Sagan e investigador principal del proyecto. “Hemos alcanzado (…) el mejor lugar. Parece hecho a medida”.
Se presume que el cráter Gusev es el lecho seco de un lago, for mado hace tres o cuatro mil millones de años cuando un asteroide impactó al sur del ecuador marciano. En él desemboca un sistema de canales.
“Es difícil imaginar esta clase de paisaje a menos que el agua haya estado, de algún modo, involucrada”, explica Jim Garvin, Científico Jefe para la Exploración Marciana, en el sitio web de la NASA.
En ese cráter el MER-A (Mars Exploration Rover) intentará encontrar rastros de agua y moléculas orgánicas —es decir, signos de vida— en Marte, un planeta donde la gravedad es de 0,38 —en la Tierra es 1—, el año es de 686,98 días terrestres, y la temperatura es de entre 5 grados bajo cero y 87 grados bajos cero.
Unas dos horas después de descendida la sonda, el robot des plegó sus paneles capaces de transformar los rayos del sol en energía y su cámara “Pan-Cam”, con dos lentes separados por 30 centímetros que simulan la visión del ser humano.
Las primeras escenas tomadas por una de sus 8 cámaras fueron una suerte de “autoretratos” en el suelo marciano. En blanco y negro, las fotos muestran un paisaje de llanura, fotografías de alta resolución calificadas por John Callas, otro investigador, como “fantásticas, las mejores logradas hasta ahora (en Marte)”.
Ubicadas en una mástil de 1,5 metros de altura, los científicos esperan grandes fotos de esas cámaras. Para empezar, mandó entre 60 y 80 fotos.
Tal es el entusiasmo que están generando los primeros pasos del MER-A, el vehículo todoterreno de seis ruedas, más sofisticado que el Sojourner, que llegó a Marte con la misión Pathfinder en julio de 1997. A diferencia de aquel, el Spirit podrá recorrer en un día la misma distancia que al Sojourner le llevó tres meses: 90 metros.
Será Steve Squyres quien conducirá las operaciones diarias para indicarle al robot el camino a tomar, las rocas a observar y qué fotografiar.
El MER-A no está solo. Los científicos europeos presumen que en Marte se encuentra el robot Beagle 2. De él no se sabe nada desde Navidad, pero no pierden las esperanzas (ver Siguen buscando…). Y el 24 de enero llegará, si todo sale como está planificado, la sonda Opportunity, con el MER-B, un vehículo similar que amartizará en la región Meridiani Planum, donde se acumula óxido de hierro.
Las dos misiones tienen un presupuesto conjunto de 820 millones de dólares. Juntas tendrán más chances de determinar si hubo agua en el pasado marciano. Esto daría el derecho a presumir que el planeta rojo haya albergado alguna vez vida.
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