Martín y Oscar hicieron historia en Rosario
Impecables y radiantes, los novios se besaron, abrazaron, lloraron y disfrutaron del afecto de familiares y amigos entre una lluvia de arroz y Diego Torres cantando “saber que se puede…”. Todo, en el amplio y aclimatado salón del Patio de la Madera.
La escena selló ayer el primer matrimonio igualitario de Rosario y la provincia, al que antecedieron, el viernes, sendas bodas en Santiago del Estero y Capital Federal.
Diputados, concejales y militantes por los derechos sexuales suscribieron con su presencia la importancia de la equidad frente a la ley; hecho que para Martín y Oscar demandó varios años de lucha. Y a nivel sociedad, insumió un largo tiempo de oscuridad, silencio y mordaza.
Paso a paso. De formales smoking oscuros, Martín y Oscar aparecieron en el salón cuando todos los asistentes ya ocupaban sus sillas, sobre las que había bolsitas con arroz. Con la bandera que identifica la lucha de las minorías sexuales como fondo, la pareja avanzó tomada de la mano hacia el gazebo de gasas blancas que hizo de oficina ad hoc para el casamiento.
Como en todas las bodas, los novios se habían hecho esperar mientras los invitados compartían café y los niños vestidos para la ocasión correteaban.
Eran las 10.45 y el juez Galetto inició la ceremonia con unas palabras previas en las que destacó el carácter de “bisagra” que tenía la situación, por representar un nuevo mojón en los derechos civiles.
A firmar. En sillones dorados, Martín y Oscar sintonizaban concentrados las palabras del funcionario entre mutuos gestos de ternura. “Documentos por favor”, pidió el juez para echar a rodar los pasos formales que inscribían en los documentos públicos rosarinos el primer casamiento igualitario. Invitados, contrayentes y autoridades no podían ocultar que eran conscientes de que más allá del glamour, el momento hacía historia.
Coloquial, el juez explicó cada paso del acto entre los flashes de los fotógrafos, que no perdían detalles y que daban las directivas para las imágenes con consignas como “un piquito para la cámara”, que distendían la emoción de cada momento.
Anillos, libreta y decenas de besos para complacer los encuadres que cada camarógrafo pedía entre aplausos y vivas.
Por derecho propio. En la conferencia de prensa que siguió a la boda, la palabra más mencionada fue gracias.
Los contrayentes repasaron los nombres de quienes los acompañaron en su lucha de dos años (intentaron casarse en el 2008), en especial a la militancia de las minorías sexuales, legisladores y a la Municipalidad de Rosario a través de su área de la Diversidad Sexual y al Concejo.
“Podría haber sido íntimo, pero quisimos que fuese así. No por ser primeros, sino porque necesitábamos nuestros derechos”, explicó Martín flanqueado por Guillermo Lovagnini, Esteban Paulón y María Rachid, todos integrantes de la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans. Además de Noelia Casati (Area de la Diversidad Sexual) y del periodista Osvaldo Bazán.
Ahora ya son una familia ¿qué significa esto para ustedes?, quiso saber La Capital. “Siempre lo fuimos, pero necesitábamos este reconocimiento porque sentíamos que el Estado nos ninguneaba. Ahora somos una familia, pero con derechos”, explicaron entre lágrimas.
Intolerancia
No podía faltar. El lado más oscuro del corazón, el que alberga emociones malsanas que amargan la vida propia y la ajena, también estuvo presente. Durante la madrugada del sábado y con aerosol, personas anónimas pintaron consignas en contra del matrimonio igualitario en las paredes y puertas del Patio de la Madera.
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