Más allá de los mensajes maliciosos
SEVILLA (De un enviado especial).- "Qué distinto es el ambiente en los dos equipos que van a disputar la gran final de la Copa Davis. Mientras España transmite una admirable imagen de unidad, de grupo de amigos serios y responsables, la tensión se palpa en Argentina. Nalbandian y Del Potro ni se hablan. Mientras Nadal, Ferrer, Verdasco y Feliciano viven las horas previas como un auténtico equipo, los argentinos aún arrastran secuelas de aquella final en Mar del Plata".
El editorial publicado ayer en un diario como Marca, que vende 270.000 ejemplares por día, encerró un mensaje malicioso que indignó a los integrantes del equipo que capitanea Modesto Vázquez y, en cierta medida, carece de precisión. "Hasta Juan Mónaco, uno de los componentes del equipo argentino, parece más cercano en su relación personal a los españoles que a sus propios compañeros", se añadió, con dureza.
No fue sólo el medio madrileño el que tuvo una mirada peculiar sobre el equipo albiceleste; el capitán de la Armada en Mar del Plata 2008, Emilio Sánchez Vicario, reclamó desde una columna en El País: "No cometamos el error de los argentinos". Nadie puede ocultar las diferencias que durante la historia del tenis argentino atentaron contra el anhelo de lograr la Ensaladera, pero si hay algo que hoy reina en el grupo es un clima de respeto, incluso entre Nalbandian y Del Potro, que en la última serie frente a Serbia marcaron un punto de encuentro en común.
En la última década, el tenis español logró resultados rimbombantes y ganó las últimas 20 eliminatorias que actuó como local, pero ello no significa que no se hayan vivido momentos tensos. En 1990, España viajó a Moscú para medirse ante Rusia con Sergi Bruguera y Emilio Sánchez Vicario enfrentados, Carlos Moya y Alex Corretja estuvieron distanciados durante años, en la final de 2004 el Mosquito Ferrero se enardeció porque un juvenil Nadal le había ganado el puesto, incluso Feliciano y Verdasco hoy tienen altibajos constantes en su vínculo. Es decir, como si no fuera suficiente con el poderío deportivo, parte de la prensa y del equipo español intentó aferrarse a esa sensación de que la Argentina está tan dividida que la final será un trámite. Extraño, por cierto.
"Aprendimos mucho en estos tiempos a respetar a los demás y a dejar de lado diferencias singulares para apuntar al compromiso de un objetivo en común", reconoció por estas horas Tito Vázquez, que ha tenido chisporroteos no sólo con Nalbandian, sino también con Eduardo Schwank y Horacio Zeballos, pero ha aprendido a negociar ante los reclamos.
Parece curioso, pero por las entrañas de La Cartuja las interpretaciones sobre la relación de Delpo y David ayer fueron y vinieron. Algunos se preocuparon por marcar que no compartían los remises durante el trayecto del hotel al estadio, una nimiedad, definitivamente. No son amigos y es difícil que algún día lo sean, pero en Belgrado y en Sevilla se han comportado como profesionales, entrenándose y aceptando las órdenes del cuerpo técnico. Juan Ignacio Chela, uno de los más divertidos del grupo, le aportó buenas sensaciones al equipo y, sabiendo que quedará fuera de los cuatro titulares, practicó como si le tocara abrir la serie. Siempre se les reclamó a los protagonistas que empujaran el carro para el mismo lado y esta vez al menos la voluntad está, pese a cualquier mensaje malicioso.
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