MÁS ANDANZAS DEL PILI RODRIGUEZ
Viviana Della Siega recuerda lo que pasó en la represión. “Pedro Rodríguez estaba muy comprometido con el isabelismo”.
Hugo Parente tenía 27 años cuando fue visto con vida por última vez el 8 de julio de 1976 en el Batallón de Arsenales Fray Luis Beltrán, donde cumplía con el servicio militar obligatorio. Viviana Della Siega, su esposa y la mujer con la que tuvo dos hijos, lo sigue buscando. De su
camino recorrido, de las anécdotas crudas con personajes inescrupulosos de la Iglesia y la policía, de la dureza del exilio interno y de un frustrado pedido de ayuda a un abogado peronista, que resultó tener el ropaje del enemigo, habla en esta nota, curiosa por el cruce de nombres, y generosa en la reconstrucción del pasado reciente.
Hugo era un estudiante de Derecho que vivía en San Lorenzo y que militaba en la Juventud Peronista. Su compromiso era con la gente más pobre con quienes había empezado a trabajar en un movimiento cristiano. Su primera actividad social fue en San Lorenzo, cuando trasladaron a todos los pescadores que vivían sobre la ribera del río Paraná, cerca de la autopista con lo cual les sacaron su medio de vida que era la pesca. “Después trabajó con los quinteros que vivían en situaciones infrahumanas, como en los tiempos de la colonia, en casuchas, donde no se podían parar de tan bajas. Dormían hacinados, no les pagaban en dinero sino con vales con lo cual tenían que comprar en una despensa de la zona, y siempre le terminaban debiendo a su patrones”, recuerda Viviana. A su lado ella entregaba a las familias de hijos numerosos anticonceptivos.
Hugo se casó con Viviana en 1972, y a fines del ’73 se mudaron a San Lorenzo. “A mediados del ’75 poco tiempo después del nacimiento de nuestra primera hija, la situación se había puesto muy difícil, ya había operativos del ejército buscando gente, por lo cual dejábamos la nena con unos familiares, y nos íbamos a dormir al histórico Convento de San Carlos, donde había un cura que nos daba permiso”. Corría enero del `76.
En marzo decidieron mudarse a Rosario. El 11 de mayo de ese mismo año Hugo ingresó al batallón de Arsenales de Fray Luis Beltrán para cumplir con el servicio militar obligatorio. Tenía 27 años y se le había terminado la prórroga. “No lo podía ir a visitar porque a ese batallón lo había intentado copar el ERP y no permitían las visitas. Así que el 9 de julio, fui al desfile militar en el Parque Independencia pensando que podía encontrarlo, pero no estaba. Cuando pregunté me dijeron que podía haberse quedado haciendo guardia. Era un día sábado así que al día siguiente mi padre me llevó hasta el batallón porque suponía que viendo que estaba embarazada me permitirían verlo. Sin embargo en el portón de ingreso me dijeron que había desertado, después de haber logrado un permiso especial el 8 de julio que era el aniversario de nuestro casamiento. En ese momento pensé que lo había matado”.
Pero cuando se iban un soldado se acercó al auto. “Me dijo que había visto a Hugo irse del batallón e inmediatamente un superior lo llamó y lo reprendió por lo que había dicho. Al tiempo me enteré que se muchacho era José Carlos Prat, un militante del Peronismo de Base que desapareció del mismo batallón a fin de ese mismo año”.
En la desesperación del momento Viviana trató de buscar ayuda. Y pensó en un abogado. Ese mismo día recaló en la casa de un joven profesional al que conocía por su militancia en el peronismo: era Pedro “Pili” Rodríguez. “No tenían idea que en ese momento él era funcionario del gobierno de facto de San Lorenzo, y si bien teníamos muchas diferencias en lo político, porque él estaba muy comprometido con el isabelismo, con lo que era el sindicalismo, y nosotros en la Juventud, teníamos trato. Pero ese día me cerró la puerta en la cara. Ahora, a la distancia pienso en mi ingenuidad: él esta preso por su complicidad con la dictadura y yo pensé que podía ayudarme”.
Al día siguiente, mi padre contactó a un policía que estaba en la jefatura de San Lorenzo, de apellido Esbinder, a quien conocía por haber sido comisario de Piamonte de donde es oriunda mi familia, y donde mi padre tenía un comercio. El nos respondió que nos quedáramos tranquilos porque si hubieran sospechado que Hugo era un subversivo lo habrían asesinado y tirado en la calle. Y nos aseguró que estaba detenido. Era el martes 12 de julio. Pero a los pocos días nos llamó y dijo que se había equivocado de apellido, y que no tenian ningún dato para darnos. Nunca más quiso volver a atendernos”.
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