MÁS DE 60.000 JÓVENES BAILARON EN EL MONUMENTAL CON LA RENGA
Faltaban sólo unos minutos para las nueve de la noche cuando, entre bengalas y fuegos de artificio, empezó la presentación de “Detonador de sueños”, la última producción del grupo La Renga, en suelo porteño. Más de 60 mil espectadores acompañaron al líder de la banda, Chizo, cantando “A tu lado”, mientras un video con imágenes de guerra, hacía de fondo para las palabras “resistir” y “combatir”. Toda una consigna.
La fiesta había empezado mucho antes. Quizás con la columna de fanáticos que, reunidos desde las tres de la tarde en el Obelisco, coreaban “somos los negros”. Y marchaban en rockanrolera procesión hacia el barrio de Núñez, agitando banderas del grupo y remeras con la imagen del Che Guevara, en respuesta a una convocatoria planteada desde hace tres meses, por radio e Internet. ¿El objetivo? Llegar juntos y cantando a River, para unirse a la gente que desde el viernes había agotado las entradas.
Las horas anteriores al recital fueron una radiografía fiel de esta porción de Argentina que son los fanáticos de La Renga. Las calles de Núñez (como una Berlín, hipercustodiada desde el viernes y con dobles vallados en todos los accesos al estadio), dejaron bien claro que —excepto entre los pocos adultos venidos a acompañar y revivir la mística de viejos recitales de juventud— la etiqueta renguera indica rigurosa remera negra, con estrellas y dibujos de los CD del grupo.
“Pero las ventas son flojas, no como en los recitales de Los piojos y de los Redondos. Este público es de laburantes, sin guita”; explicaba Carlos (54), doblando sus remeras de $ 10 frente a un público llegado de Los Polvorines, Aldo Bonzi, Lugano, Quilmes, Haedo, Ciudadela, Claypole, Lanús o Mendoza.
“Salimos a las 7 a.m. desde Santa Fe, para ver a la mejor banda del país: maravillosa por la poesía de sus letras y la pasión de su música”, definía Flor (18): apenas una más entre esa hinchada fiel, viajera. “Nosotros ya lo escuchamos en Córdoba, Mar del Plata y La Plata —agregaba feliz Coti (22), llegado de Temperley—. Porque La Renga es rock and roll barrial, crudo y sin pretensiones. Y al argentino le gusta ese rock”. Para su amigo Alejandro (20), la definición más exacta era: “las letras, ¿entendés? Cuando los escuchás, sentís algo: se te da vuelta la piel”.
Para ellos valió la pena el esfuerzo de juntar los $ 15 de la entrada. No necesitaron más que un poco de buena música. Otros, en cambio, vinieron acompañados de “botellitas de gaseosa ‘recargadas'”, como se jactaba, guiñando un ojo, Cecilia (22).
Pero los controles de la entrada son inflexibles y, a los costados del vallado, debieron abandonar los envases “para evitar que las usen para pegarse”, según uno de los encargados de seguridad. Los tetrabrik, en cambio, alfombraron el piso de los alrededores, ya vacíos. Núñez temblaba: de emoción, de música, de encuentros y desencuentros.
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