MÁS DE MIL CHICOS EN ADOPCIÓN NO PUEDEN ENCONTRAR PADRES
Decenas de notas han repasado una y otra vez el padecer de miles de padres que, en Argentina, pasan años y años esperando un niño para adoptar. Sin embargo, hay otra cara de la moneda: según datos oficiales y de organizaciones no gubernamentales, en nuestro país hay, en paralelo, más de mil chicos a quienes se les esfuma la infancia entera en un hogar de tránsito o en una institución a la espera de una familia que los cuente entre los suyos. Son menores cuya adopción ha sido resuelta por el juez, pero no tienen la suerte de que alguien los elija.
La contradicción se instala. Miles de padres, miles de hijos, detrás de una misma esperanza: la adopción. Y la pregunta se impone: ¿cuáles son la razones de semejante desencuentro? Básicamente, la respuesta se agota en que la mayoría de las parejas quieren adoptar un bebé. Un recién nacido o casi, sano y sin ningún vínculo familiar. Un deseo legítimo, claro. Personal, privado, incapaz de ser cuestionado. Pero hay otra realidad: según datos de la Fundación Prohijar, son más de mil los chicos que esperan ser adoptados en nuestro país. ¿Por qué nadie los quiere? Porque son “grandes” (tienen entre 1 y 16 años), porque padecen alguna enfermedad leve o severa o porque tienen hermanos y deben ser adoptados todos juntos.
“Nosotros tenemos 320 chicos en esta situación. Son menores cuyo abandono ha sido probado y que, por orden del juez, ya están en condiciones de ser adoptados. Ahora están alojados en institutos de menores, hogares convivenciales o a cargo de familias que los alojan transitoriamente”, comentó a Clarín Norma Garbarini, directora de Tratamiento Familiar del Consejo del Menor y la Familia, un organismo que sólo opera en estos casos con los juzgados de Capital Federal.
“Además de estos 320, hay otra gran franja de chicos que todavía no tienen dictada la adopción, pero ya está casi probado que no hay posibilidades de revinculación”, agregó. “Cuando las familias vienen a las entrevistas de adopción les explicamos que hay chicos más grandes, o grupos de hermanos en estado de adopción que pueden ser otorgados en tiempos muy breves. Pero la mayoría de las parejas quiere bebés, y está bien que sigan su deseo, pero para nosotros la prioridad es el deseo del chico. Para el Consejo, el niño está primero”.
Cada provincia tiene sus propias estadísticas, y en muchas ni siquiera existen. Por eso el número total de menores en esta situación sólo puede ser estimado. “En todo el país son más de mil los chicos que están institucionalizados esperando que los adopten. Nosotros creamos el primer registro de búsqueda de familias para chicos especiales, y tenemos convocatorias de los juzgados para dar en adopción a muchísimos niños”, comentó la doctora Sandra Juárez, de la Fundación Prohijar.
Según los especialistas, la ilusión del bebé es difícil de cumplir. “Hasta hace unos años, lo más frecuente era la mamá que en el hospital informaba que quería dar en adopción a su hijo. Era el típico procedimiento legal, pero eso prácticamente no ocurre más, porque lo que se está haciendo ahora para adoptar bebés es contactar una panza en lugares pobres a través de algún contacto que arregla todo con la mujer embarazada antes de que nazca el chico. O a través de equipos de adopción privados que tienen caminos más ‘aceitados’ con los jueces. Por eso a nosotros casi no nos llegan bebés”, confió otro funcionario del Consejo.
Cada año, unas 300 parejas se inscriben allí para adoptar un hijo. Y actualmente la lista de espera ya supera las mil personas sólo para los juzgados Capital. Sin embargo, el número de bebés recién nacidos que el Consejo entrega por año no supera los 10, y en 2003 la cantidad total de chicos dados en adopción por este organismo fue de 30.
Que un chico, por tener un problema de salud o por haber crecido, pierda la oportunidad de ser adoptado es terrible. Pero peor aún es el hecho de que muchos de estos menores están a cargo de la Justicia desde que usaban pañales y mamadera.
Esto ocurre porque la adopción no puede ser un trámite exprés. Los jueces deben evaluar muy bien a qué familia otorgan un chico para cuidar su integridad y porque, según datos del Consejo, el 30% de los adoptantes devuelven los chicos a corto o mediano plazo, a veces “hasta porque se hace pis en la cama”.
De todos modos, más allá de los cuidados que hay que extremar para ofrecer al niño una buena familia, hay jueces que estiran sin sentido los trámites durante años. “Es real que a veces entorpecemos la adopción, pero la prioridad es intentar la revinculación familiar”, se sinceró un juez de Menores que pidió no ser mencionado.
Para acompañar, asesorar y contener a las familias que quieren adoptar a estos chicos “especiales”, tanto Prohijar como la Fundación Juanito tienen equipos profesionales que ofrecen su colaboración en forma gratuita. “Hay que entender que la mejor institución no reemplaza a una familia. Por eso ayudamos a los que tengan dudas en todo lo necesario”, dice Juárez.
Para atacar el problema de los chicos que siguen esperando resolución judicial el Consejo está lanzando el programa Familias de Crianza. “Es para personas que tengan un fuerte deseo de ahijar niños a través de una guarda judicial”, explicó Garbarini.
“Muchas parejas se pierden la posibilidad de ser padres detrás de la ilusión del bebé, o demoran años en satisfacer ese deseo —agregó Juárez—. Si la adopción es un acto de generosidad, quizá sea hora de revisar algunas cosas y entregar amor a los chicos que lo están necesitando”.
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