MÁS DE UN MILLÓN DE CHICOS SON TRAFICADOS POR AÑO EN EL MUNDO
Encontraron su torso flotando en el río Támesis. La policía de Londres lo bautizó “Adam”. Y de él sólo saben que fue contrabandeado a Gran Bretaña desde Nigeria. Otros más afortunados pueden dar a conocer su historia como Anila, vendida a los 4 años por su padre a un vecino en Albania para mendigar en Grecia. Ambos son víctimas de lo que el Fondo para la Infancia de la ONU (UNICEF) acaba de definir en su último informe como “la crisis global” del tráfico de niños.
El documento difundido ayer en Gran Bretaña escandalizó con sus cifras: cada año 1.200.000 menores son arrebatados de sus hogares en una industria perversa de 8.500 millones de euros anuales.
Bajo el título Detengan el Tráfico, el informe arroja luz sobre “un fenómeno mundial en crecimiento” que amenaza “la subsistencia, el desarrollo, los derechos a la educación y a la salud” de miles de chicos y los priva de “la posibilidad de vivir en un lugar libre de explotación y abusos”.
El cuadro va de la mano de otro flagelo, la pobreza que sufren legiones en todo el mundo; una condición que permite que sean posibles casos tales como el de una nena a la que se le ofrecen 250 dólares por su virginidad, probablemente más de lo que ganan sus padres en un año.
Los objetivos del tráfico infantil van desde la mano de obra barata hasta la explotación sexual, en trabajos domésticos, transporte de drogas, mendicidad y carteristas. Todo ello constituye una “crisis global” que afecta a países de todo el mundo, concluyó David Bull, director ejecutivo de UNICEF, en el Reino Unido.
En algunos casos, todo empieza con el secuestro de chicos. Por ejemplo, entre junio de 2002 y junio de 2003, 8.000 menores ugandeses, congoleses y sudaneses fueron raptados y llevados al sur de Sudán para convertirse en soldados, trabajadores y esclavos sexuales. Pero otra gran mayoría de niños son “cazados” de maneras más subversivas. Según UNICEF, son seducidos con promesas de trabajos dignos en otros países. Sus padres también son engañados con la fantasía de una vida mejor para su descendencia que, en realidad, terminará hacinada en un burdel.
El tráfico puede ser interno; de zonas rurales a urbanas; o internacional, de países pobres a ricos. Por ejemplo, entre 8.000 y 10.000 menores ingresan a Gran Bretaña cada año desde Europa Oriental, Africa, Asia y América latina.
Como en toda industria, existe un producto: chicos de familias indigentes y sin educación. Un proxeneta entrevistado en Londres se refirió así sobre sus dos nuevas adquisiciones sudafricanas (dos chicas de 13 años): “Son mercancías. Se compran y tienen que hacer lo que se les ordena”.
Hay otras causas, además de la pobreza, que hacen posible este delito. Según UNICEF, las familias disfuncionales, la falta de educación, ciertas actitudes culturales, la discriminación, los conflictos políticos, las crisis económicas y leyes deficientes pueden jugar a favor del abuso.
El mercado sexual suele proveerse de niñas despechadas que acaban de romper con sus novios o de pelearse con sus padres. También serán presas fáciles las niñas de sociedades donde la mujer es un bien prescindible.
¿Qué tan grande es el problema? No hay cifras certeras cuando se trata de la clandestinidad, pero la ONU considera que todos los años 1,2 millón de menores de 18 años son traficados en el mundo.
Los testimonios de las víctimas se multiplican de manera escalofriante a lo largo del informe de UNICEF, que llama a los gobiernos “a mostrar un fuerte compromiso político para combatir” el flagelo.
Hay tres instrumentos legales internacionales para lidiar con el problema, como la Convención de los Derechos del Niño de la ONU de 1989, la Convención N° 182 de la Organización Internacional del Trabajo sobre las “Peores formas de trabajo infantil”, de 1999, y el Protocolo de la ONU para “Prevenir, suprimir y castigar el tráfico de personas”, especialmente mujeres y niños, adoptado en diciembre de 2000. Pero no alcanza. Ocurre que “se está frente a un tema complejo que involucra diferentes eventos y procesos” admite UNICEF, y las legislaciones nacionales “no siempre están al día con esa complejidad”.
Si bien el Fondo reconoce que varios países cuentan con leyes contra de la explotación laboral infantil, “es importante —advierte— que también tengan una legislación específicamente contra del tráfico”. Tal sería el caso de Gran Bretaña, donde se debate una ley que condena solamente el tráfico de personas para explotación sexual dejando impune todas las otras razones.
También se da otro vacío legal cuando sí existe una ley nacional apropiada pero no se puede aplicar por desconocimiento. Nigeria —denuncia el informe— tiene una ley contra el tráfico de niños pero dos tercios de un grupo de 34 políticos locales entrevistados desconoce su existencia. “Las prácticas y las actitudes tienen que cambiar. Hay que mantener a todos los niños en las escuelas”, concluye el informe, en un intento por evitar que las víctimas de esta industria terminen como “Adam”, el nigeriano de 5 años, descuartizado en un sacrificio ritual y arrojado al Támesis sin extremidades ni cabeza.
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