MAS PRUEBAS INDICAN QUE CAPDEVILLA NO SE HABRÍA SUICIDADO
El juez de Instrucción de San Cristóbal, Aldo Alfredo Precerutti, tendrá que resolver esta semana si cambia o no la carátula por la muerte dudosa del agente Claudio Capdevilla, quien apareciera muerto con un balazo en la cabeza el sábado 6 de agosto, horas después de la excarcelación en Reconquista del narco regional, Aldo Ferrero.
El diario Rosario/12 tuvo acceso al informe pericial de la autopsia realizada por el médico forense de Reconquista, Juan Manuel Maidana, donde queda claro que el policía fue asesinado. El principal problema para el juez es que con la carátula de “homicidio” quedarán expuestas la serie de irregularidades cometidas tanto por él como por los uniformados. Personal de Asuntos Internos de la Policía de Santa Fe ‑que viajó a San Cristóbal en la última semana‑ ya comprobó las desprolijidades que existieron, que podrían derivar incluso en un planteo de jury de Enjuiciamiento para el magistrado. Entre otras, nunca apareció el proyectil de la muerte de Capdevilla; no se había requisado el móvil policial en el que se trasladaba y sorprendió que, pese a la magnitud del vuelco en el que iba el agente de la Guardia Rural Los Pumas, no sufrió ningún rasguño: ni en su ropa, ni en su cuerpo. Mientras, el móvil policial quedó totalmente destrozado. En 1.996 sucedió un caso similar en Morteros (Córdoba), el pueblo donde vive Ferrero: mataron a un policía de dos balazos ‑porque estaba investigando negociados del narcotráfico en la zona‑, pero en principio lo hicieron pasar también como suicidio. Recién el año pasado comprobaron que fue un homicidio.
Fue en los primeros días de la semana pasada en que el juez Precerutti recibió el diskette con los resultados de la autopsia practicada al agente de la Guardia Rural Los Pumas, Claudio Capdevilla, quien apareciera muerto, de un balazo en la cabeza, un día después de liberado el narco regional, Aldo Ferrero, tras una polémica decisión adoptada en el Juzgado Federal de Reconquista, que conduce Eduardo Fariz. De inmediato dispuso el “secreto de sumario” ‑para que nadie pudiera acceder al crítico informe‑, pero está decidido a tomarse su tiempo para resolver si cambia o no de carátula, pese a las pruebas contundentes que existen para romper con la teoría del suicidio, tal como lo determinó en un principio.
Sucede que Precerutti, cuestionado también por varias de sus decisiones, en los últimos tiempos, se resiste a reconocer sus gruesos errores -ya lindantes con el papelón‑ y quedar así expuesto a un posible planteo de jury de enjuiciamiento por su accionar. En principio se sorprendió con la presencia en San Cristóbal de uniformados de Asuntos Internos -tras una orden del Ministerio de Gobierno de la provincia‑, quienes no podían creer la existencia de tantas desprolijidades en un hecho, según reveló una fuente a Rosario/12: tanto de los policías que hicieron el sumario de prevención, como del irregular manejo del magistrado. “Es muy difícil entender que nadie haya encontrado el proyectil que ocasionó la muerte de Capdevilla, pero la realidad indica que no se lo halló, lo que resulta vergonzoso”, se informó a este diario. Si bien el hecho fue el 6 de agosto, recién esta semana se hizo por primera vez la requisa del vehículo policial, que quedó destruido por el choque y el vuelco, en especial del lado del conductor.
Pero hay quienes sostienen que lo que más le dolió al juez fue el informe de cuatro carillas enviado por el médico forense de Reconquista, Juan Manuel Maidana, acompañado de fotografías y un video con la filmación de la autopsia, realizada en el Hospital Central de dicha ciudad. En realidad, quien primero se molestó fue Maidana, ya que Precerutti, al requerirle la autopsia, no le acompañó el arma -como debe suceder‑, ni mayores detalles claves para su trabajo, como, por ejemplo, la posición en que se encontraba el cuerpo en el vehículo o fotografías del hecho. En el escrito ‑al que accedió Rosario/12‑ el forense determinó que el disparo fue realizado de arriba hacia abajo, con ángulo de izquierda a derecha. La bala ingresó a la altura de la oreja y el orificio de entrada no presentaba quemaduras cercanas, sino que era producto de un disparo realizado a más de 15 centímetros de distancia.
Pero a su vez le sorprendió el ingreso y la forma del orificio: de 7 milímetros por 9 milímetros, casi ovalado. Pudo establecer ‑ante la falta de elementos‑ que el disparo es de un arma superior a los 22 milímetros. Pese a los vuelcos del coche policial en el que iba Capdevilla, el forense solamente constató una excoriación en uno de sus brazos y un pequeño corte en una mano. También estableció que partir del ingreso de la bala, el agente tuvo un paro cardíaco en diástoles.
El médico tampoco pudo determinar la hora de la muerte del policía, por el estado de putrefacción en que se encontraba el cuerpo, ya que se le hizo la autopsia casi 10 días después del hecho. Maidana ‑que durante la última semana habló varias veces telefónicamente con el juez‑ extrajo fragmentos de cráneo y piel del lugar de ingreso del proyectil del malogrado agente, que fue enviado a la Sección Criminalística de Rosario. También extirpó parte del estómago ‑para determinar si realmente ingirió bebidas alcohólicas como se informó‑, que fue girado a Toxicología de la misma ciudad y fragmentos de cráneo y piel del orificio de salida del proyectil, que Anatomía Patológica de Rosario tendrá que profundizar.
Por el secreto de sumario, ninguno de los abogados de la familia Capdevilla (uno de Vera y otro de San Cristóbal) pudo ver el expediente y en consecuencia desconocen los resultados de la pericia forense, como así también dónde se encuentra el arma del agente (hay quienes dicen que al momento de su muerte no tenía la pistola reglamentaria, sino una 38 mm, de uso personal) o el teléfono celular de la empresa CTI, que tenía en su mano derecha cuando fue hallado muerto.
Allegados a la familia ratificaron ayer que el viernes previo a su muerte, Capdevilla se comunicó en dos oportunidades con su padre -ya que había sido operado en Rafaela‑ y le envió un mensaje de texto a su hermana, anticipándole que el sábado iba a estar en Vera, porque disponía de un día de franco de servicio. “Estaba asustado por determinados aprietes en el Juzgado Federal de Reconquista (recuérdese que lo hicieron declarar tres veces e incluso tuvo un careo con el imputado Ferrero) y quería pedir una licencia sin goce de haberes para ir a trabajar al campo con su padre”, se indicó.
Mientras el hombre que intentó sobornarlo a Capdevilla, cuando fue interceptado con más de 150 kilogramos de marihuana, Aldo Ferrero, sigue sin mayores problemas, en libertad, en su Morteros natal, gozando del rótulo de camello del narcotráfico regional. Nadie se preguntó por qué Ferrero -de unos 50 años‑ tiene un pasar económico que no condice con su vida; por qué era un preso vip en la Alcaidía de la Unidad Regional XIX de Vera (hasta teléfono celular se le permitía tener) ni quién era ese hombre de la cooperadora policial de Morteros que lo fue a ver varias veces estando detenido. Quizás haya que preguntarse por qué en los últimos tiempos hubo tantos policías cordobeses que fueron trasladados de Morteros, por inmiscuirse en cuestiones del narcotráfico o por qué otros, que permanecieron en el lugar, crecieron económicamente. Por lo pronto hay un policía asesinado, que ya no podrá preguntar.
Los familiares de Capdevilla tienen muchas dificultades para que los resultados de la pericia sean enviados a la ciudad de Rosario o a esta capital. La defensa de la familia del policía muerto solicitó que el cuero cabelludo de Capdevilla sea examinado en algunas de estas ciudades en forma urgente.
Otro de los datos llamativos en la causa es que la propia familia Capdevilla se enteró del supuesto suicidio del policía por medio de una FM zonal.
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