MÁS TIEMPO LIBRE, LA META DE LOS ARGENTINOS PARA EL 2006
Los argentinos necesitan más tiempo libre. Quisieran dedicárselo a estar más tiempo con su pareja y su familia, a practicar alguna actividad que les dé placer o a atender mejor su salud. Para el país, desean que durante el año que comienza bajen el desempleo y la inseguridad y mejoren la educación y la salud pública. ¿Los obstáculos? El viento fuerte de la corrupción que sopla en todos los niveles, la pobreza que castiga a cuatro de cada diez argentinos y una cepa de dirigentes y funcionarios públicos que no está a la altura de esos desafíos. Estas son las principales conclusiones de la encuesta exclusiva que el Centro de Estudios de Opinión Pública realizó para Clarín, con la intención de reflejar el “índice de expectativas” para el 2006.
La intención de la investigación fue trazar el mapa de las percepciones de la gente hacia el futuro; los deseos, sueños, fantasías y temores que vislumbra, que espera concretar o teme enfrentar. Para hacerlo, el trabajo se organizó en dos grandes esferas: la que intenta medir las expectativas a nivel colectivo, con respecto a la política, la economía y la realidad social, y la que pone la mirada sobre las perspectivas a nivel personal, tomando como ejes la salud, el trabajo, el consumo, el empleo del tiempo libre y la vida sexual.
Para construir el índice, cada persona entrevistada le asignó un puntaje de 0 a 10 a cada uno de los temas, bajo la consigna de que 0 significa “ninguna expectativa” y 10 “total expectativa” de que ese aspecto efectivamente se cumpla durante el 2006. Estos “puntajes” parciales se promediaron para obtener los índices de expectativas colectivas y personales, y con el promedio de estos dos se estableció el “índice global de expectativas” para el año que entra.
¿El resultado? Los argentinos brindarán esta noche con mucha confianza en que las cosas irán bien a partir de mañana. Esa es la lectura evidente del índice global, que fue de 7,11 puntos. La segunda conclusión: hay más optimismo con respecto a que se cumplan los deseos personales (7,49 puntos) que los colectivos (6,62 puntos). “Después de la crisis del 2002 y el tembladeral que provocó en todos los aspectos, ahora la gente se siente más segura y tranquila como para proyectar su vida”, analiza el director ejecutivo del CEOP Roberto Bacman. “La relativa estabilidad económica, política y social está devolviendo la fe en la propia capacidad para poder concretar los planes”, concluye.
Veamos cuáles son las principales expectativas personales de los entrevistados. En primer lugar figuran la pareja y el sexo, con una nota de 8,06 puntos sobre 10. La esperanza de tener más tiempo libre para compartir en familia es la más repetida, sobre todo entre las personas de 35 a 49 años.
Y atención los vendedores de colchones: también hay grandes pretensiones con respecto a una mejoría en la vida sexual. Lo novedoso, frente a un discurso social que tantas veces le aplicó al sexo un rendimiento deportivo, es que los argentinos esta vez demandan más calidad (7,46) que cantidad (7,21). Según el relevo, los más interesados en reverdecer la intimidad con sus parejas son los varones, los jóvenes de entre 18 y 34 años y los residentes en el interior del país.
Trabajo, salud y pesetas
El repunte económico abona las expectativas laborales, que cosecharon 7,90 puntos en la encuesta. Entre ellas, la más repetida entre todos los encuestados es poder “trabajar o seguir trabajando de lo que me gusta” (8,09 puntos), elegida sobre todo por los adultos de entre 35 y 49 años y las personas que viven en el interior del país. Otro signo de que la crisis empezó a quedar atrás: mientras que todos los sondeos realizados desde que comenzó la recesión económica, en 1999, venían mostrando el desvelo de los argentinos por conseguir cualquier empleo o el temor por perder el que tenían, fuera cual fuera, la vocación vuelve a ser la principal condición para buscar un trabajo durante el año próximo. Y lo que es más notable: tienen grandes expectativas de poder concretar esa pretensión.
En esa misma lógica, las otras metas económicas que se manifestaron son “ganar más dinero” y “mejorar mi situación laboral”, a través de aumentos de sueldo, ascensos o menos horas de trabajo. Las mujeres, los adultos jóvenes y las personas de menor poder adquisitivo son quienes más eligieron este objetivo como el principal.
Con 7,81 puntos, el cuidado de la salud sigue en el ranking de expectativas personales. Y aquí hay otro dato singular: el anhelo más importante en este aspecto es “vivir con menos preocupaciones”, otro objetivo que apunta a reducir la presión de las obligaciones laborales y los fantasmas económicos. “Hacer más actividad física”, y preferentemente en un gimnasio, es otra de las metas que emergen como deseables y posibles para el 2006. Las mujeres y los jóvenes de entre 18 y 34 años también quieren poder “dedicarse más al aspecto exterior”: la estética y la autoestima empiezan a recuperar así las posiciones que habían ido perdiendo a manos de otras preocupaciones más urgentes —o más profundas, bien vale preguntarse— durante los años más difíciles de la crisis.
La urgencia por “dedicar más tiempo a hacer lo que más me guste” y “tener más tiempo libre para estar con mis amigos” encabezan las expectativas referentes al área de “cultura y tiempo libre”. El juego de palabras no oculta un dato que se repite: la principal ambición con respecto al tiempo libre es conseguirlo. Este deseo es muy fuerte entre los jóvenes, entre quienes el “acoso” de la sobreocupación se manifiesta tanto o más que entre los adultos mayores de 35 años. Comprar discos, viajar por placer y salir a comer afuera, al cine y al teatro con más frecuencia, son otras metas importantes. Las salidas culturales están más presentes entre los sueños de la clase alta y media alta, y las gastronómicas en las pretensiones de la clase media.
Mi casa, la más linda
El consumo, que con 6,21 puntos obtuvo el quinto puesto entre las expectativas personales de los entrevistados, sorprende con otro dato que hubiera sido impensable en la década del 90: la meta principal en el orden material es “mejorar, refaccionar o redecorar mi vivienda”, un sueño que prevalece entre los jóvenes y las personas que viven en el interior del país. Sólo en segundo puesto figura “comprar electrodomésticos”, entre los cuales la PC es el objetivo primordial (ver página 44). “Comprar o alquilar una casa mejor” (fuerte entre las mujeres y las personas más pobres) y “comprar o cambiar el auto” siguen detrás.
“Las evidencias con respecto a las expectativas personales son bastante elocuentes”, estima Bacman. “Pasamos de la gran exigencia laboral y profesional, la hiperactividad y el estilo competitivo y hasta egoísta que caracterizó a la década pasada, a una apuesta contudente por mejorar la calidad de vida: ésa puede ser una de las grandes enseñanzas de la crisis, y ahora que hay más tranquilidad económica todo parece in dicar que la gente espera poder hacerla realidad.”
La encuesta detectó además un viraje de la atención popular hacia lo afectivo y el cuidado de lo familiar, pero también hacia la búsqueda de nuevos desafíos personales, ejes que habían quedado desplazados en los años duros de la crisis. Quizás haya sido ésa la enseñanza que dejó el estallido económico, político y social de hace cuatro años, que el sostén más íntimo hay que buscarlo por el lado de los afectos, se deduce de los datos que arroja la encuesta del CEOP.
El momento de estabilidad que se vive —un respiro al histórico traqueteo argentino— aparece entonces como una suerte de plataforma de despegue para que los argentinos puedan pensar ahora en mejorar la calidad de vida, la armonía familiar y la posición social.
Pulverizar la desocupación
Analicemos ahora cuáles son las expectativas de los argentinos en el orden colectivo. La economía, con 6,71 puntos, encabeza las ilusiones. Los entrevistados creen que puede haber un aumento de los puestos de trabajo (7,30 puntos, una vez más es el deseo principal de los jóvenes y las personas de nivel socioeconómico bajo), aumento de salarios (6,87 puntos) y, más abajo, el control de la inflación (6,38) y una disminución de los niveles de pobreza (6,30).
Entre las expectativas políticas, que con 6,60 puntos ocuparon el segundo lugar después de las económicas, se espera una “mayor participación de la gente” (7,29 puntos), un “mejor funcionamiento de las instituciones” (6,80) y, muy atrás, “mejores dirigentes y funcionarios” (sólo 5,73 puntos).
Las mujeres son las más optimistas en todas las respuestas, y los jóvenes los que tienen más esperanza en las instituciones y dirigentes.
Dentro de las expectativas sociales, que sacaron un magro índice de 6,56 puntos, se muestra sin embargo una fuerte convicción con respecto a un “aumento de la solidaridad de los argentinos” (7,40 puntos, fuerte entre las mujeres y los jóvenes), y se espera una mejor educación y salud públicas (7,05 y 6,95 puntos respectivamente). Las ilusiones bajan con respecto a una mejora en la inseguridad (6,19) y directamente se desploman ante la posibilidad de una caída en los niveles generales de corrupción (5,20, con los hombres de nivel medio y alto a la cabeza del escepticismo).
El ranking de deseos a nivel social reflejado en porcentajes comienza con el aumento del empleo (57 por ciento, con los jóvenes y los pobres a la cabeza) y sigue con la disminución de la inseguridad (50,4 por ciento, fuerte entre los sectores altos y los vecinos del Gran Buenos Aires), la mejora de la educación y la salud públicas (46,1 y 37,7 por ciento respectivamente, expresadas principalmente por las mujeres y los mayores de 50 años) y la caída de la pobreza (33,6 por ciento, con gran expectativa entre las personas de nivel socioeconómico alto y las que viven en el conurbano).
El 2006 llega cargado de promesas para todos los argentinos, que por sobre todas las cosas quieren vivirlo más tranquilos, en compañía de los seres queridos y sin correr detrás de nada. Esta noche, con las copas en alto, puede empezar a cumplirse ese sueño.
Este contenido no está abierto a comentarios

