MASACRE EN LA ESCUELA RUSA: LAS ÚLTIMAS HORAS DE LOS REHENES
Como si hicieran falta más imágenes para mostrar el horror que vivieron 1.200 personas durante 53 horas en una escuela de Beslan, en Osetia del Norte, la semana pasada, la televisión rusa emitió ayer un video supuestamente grabado por los terroristas prochechenos durante la toma del colegio que terminó con al menos 335 muertos.
Aunque en los últimos días varios sobrevivientes habían contado detalles aterradores sobre esos dos días y medio de tensión, las imágenes que mostró la cadena NTV erizan la piel. Entre tomas movidas y por momentos fuera de foco, se ven las caras de terror de decenas de niños y adultos, mientras de las paredes del gimnasio de la escuela cuelgan bombas conectadas entre sí.
La emisora no explicó cómo accedió a las imágenes, que luego fueron reproducidas por cadenas de noticias internacionales.
El video, de un minuto y medio de duración, muestra a los rehenes sentados en el suelo del gimnasio, en medio de manchas de sangre, supuestamente de algunas de las personas muertas por los disparos del grupo comando en el primer momento de la toma, el miércoles a la mañana.
En un momento la cámara se acerca a un chico de no más de 8 años sentado en el piso, con sus brazos levantados y cruzados detrás de la nuca. Junto a él se ve, de pie, a un miembro del comando, vestido con un uniforme militar y encapuchado, que apoya su borceguí sobre un detonador semioculto bajo un libro. Amenazante, el hombre señala su pie como mostrando lo que podría ocurrir si pisara más fuerte.
El video también muestra a una mujer, integrante del comando, encapuchada y enfundada en un vestido negro, parada junto a una puerta con una pistola en la mano. El audio deja oír, de lejos, la voz de un hombre, que dice: “Espera, no traigas todavía a los niños. Espera, llévate primero a todos afuera.”
En otra secuencia se ve a los rehenes parados en una larga fila frente a los baños. Los chicos y adultos que aparecen en la grabación están vestidos y muchos se abanican. Este dato sugiere que el video habría sido tomado en las primeras horas de la toma, pues más tarde, como se vio en las imágenes emitidas tras el sangriento desenlace del viernes, muchos se fueron desvistiendo por el calor agobiante. Para muchas familias, estas tomas macabras serán las últimas imágenes de sus hijos o parientes vivos.
Los funerales continuaban ayer en Beslan, mientras decenas de personas buscaban a sus familiares desaparecidos. Más de 400 personas estaban todavía internadas por las heridas que recibieron cuando las fuerzas de seguridad rusas se enfrentaron, en circunstancias poco claras, con los más de 30 terroristas. El número oficial de muertos se mantiene en 335, aunque otras fuentes aseguran que son más de 400. Según las autoridades, más de cien cadáveres aún no pudieron ser reconocidos debido a la gravedad de sus heridas.
Ante las crecientes críticas de la población rusa y de la comunidad internacional sobre la falta de negociación y el modo en el que el gobierno manejó la toma de rehenes, el presidente ruso, Vladimir Putin, adelantó a la prensa extranjera que realizará una investigación interna sobre la masacre, pero rechazó una investigación pública.
En diálogo con varios medios extranjeros, Putin ironizó: “Pregunto por qué no se reúnen con Osama bin Laden y lo invitan a Bruselas o a la Casa Blanca para dialogar, le preguntan lo que quierey le dan lo que busca así los deja en paz.” Y agregó: “Nadie tiene el derecho moral de pedirnos que dialoguemos con asesinos de menores.”
En otro discurso televisado, Putin también habló de la doble moral de “ciertos países occidentales”. Dijo que, mientras por un lado sus dirigentes se solidarizan en la lucha contra el terrorismo, sus militares y sus servicios de inteligencia —”que no abandonaron los prejuicios de la Guerra Fría”— tienen contacto con aquellos que la prensa occidental llama “rebeldes”.
Por su parte, el gobierno de EE.UU., a través del Departamento de Estado, ayer defendió su política de reunirse con funcionarios chechenos, argumentando que no tiene vinculación con los ataques terroristas.
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