MASIVA MARCHA POR EL CENTRO DE ROSARIO BAJO LA CONSIGNA "DERECHO A DECIDIR"
Hasta una perra negra llevó orgullosa el pañuelo verde con la inscripción “Derecho a decidir” en la marcha de ayer a la tarde, donde se condensaron más de 10.000 mujeres que durante el fin de semana modificaron el paisaje urbano. Detrás del cartel del 18 Encuentro, que llevaron las integrantes de la comisión organizadora, las pancartas se sucedieron en una clara muestra de la diversidad que signó el Encuentro. Organizaciones piqueteras, feministas, sociales, gremiales y políticas pasearon la identidad de sus mujeres por las calles. Sin respetar el recorrido original, algunas -algo más de una cuadra- pasaron por el Arzobispado para pintar: “Saquen sus rosarios de nuestros ovarios”. Mientras tanto, a lo largo de ocho cuadras, miles de cabezas y cuellos con pañuelos verdes daban cuenta del consenso de la consignas “despenalización del aborto” y “católicas por la anticoncepción”, reivindicadas por mujeres de los más diversos sectores.
La movilización empezó en Oroño y Córdoba, pero las feministas con la pancarta violeta por el derecho al aborto libre y gratuito salieron desde la Facultad de Ciencias Económicas, donde el cierre de los talleres había sido peleado palmo a palmo con las mujeres que defendían las posiciones de la Iglesia católica. Las discusiones fueron violentas. Como corolario, las conclusiones que rechazaban el aborto y sólo aprobaban los métodos anticonceptivos naturales terminaron saliendo con dictamen de minoría.
Las históricas de los Encuentros de Mujeres apuntaban que la Iglesia no fue a debatir, sino a confrontar, y capacitó a sus militantes para que intervinieran en los talleres. El campo de batalla no eran sólo las aulas, sino también los pasillos y escaleras de la Facultad de Ciencias Económicas, donde continuaban las discusiones. Durante la marcha no estuvieron, y el cartel de “no al aborto” que colgaba en Oroño y 3 de febrero había sido quemado mucho antes.
En cambio, las pancartas que aglutinaron a los distintos grupos de mujeres de todo el país no sólo daban cuenta de sus identidades políticas y sociales, sino también de reivindicaciones concretas. “Libertad a Romina Tejerina”, era el cartel que llevaba las jujeñas, en reclamo por la joven violada que mató a su bebé, y ahora está presa, mientras el agresor continúa en libertad.
También las tucumanas llevaron su bandera de “Mujeres contra el asesino Bussi”, y las piqueteras del MTL cantaron “ahora con piquete y cacerola, al gobierno lo tenemos de las bolas, fuera Lole ya”.
La larga marcha tuvo también sus brujas, con los mismos bonetes que utilizaron en el acto de apertura. Fueron 23 cuadras que terminaron en plaza San Martín. En ese espacio se hicieron visibles reivindicaciones diversas: “Se va a acabar esa costumbre de golpear”, “pan y trabajo, el fondo al carajo” y “qué momento, a pesar de todo, hicimos el Encuentro”. El clima festivo tuvo un momento álgido cuando las manifestantes recibieron un baldazo de agua desde el balcón de un edificio frente a la plaza Sarmiento. Una muestra de repudio similar se produjo en Santa Fe y Paraguay. Nada que las mujeres no pudieran responder: “Somos malas, podemos ser peores”, corearon las feministas.
El grueso de las manifestantes respetó el recorrido original, por Santa Fe hasta la plaza San Martín, pero un grupo se desvió en España para ir primero al arzobispado, y luego a la Catedral. En paredes y veredas dejaron pintadas por el derecho a decidir, y en contra de la Iglesia. Por las dudas, hubo una fuerte custodia policial no sólo en las dos instituciones eclesiásticas, sino también en la Bolsa de Comercio. Todo un manifiesto sobre los poderes que amenaza la organización de las mujeres.
La disputa por ocupar el espacio simbólico que significan las conclusiones del Encuentro tuvo momentos bizarros, como el vivido en el taller sobre estrategias para un aborto legal y seguro, donde la coordinación había establecido que se partía de un consenso respecto de la necesidad de legalizar la práctica. Un grupo de mujeres –que se negaron a identificarse como militantes católicas– permaneció pese a la prevención. A la hora de las conclusiones, exigieron a la comisión organizadora que se apruebe un dictamen de minoría. Si bien se les explicó que no resultaba pertinente, porque no era el tema de discusión, llamaron a una escribana para que certificara que no les habían dejado expresar su posición.
La sola presencia de gran cantidad de mujeres convocadas por el Arzobispado para confrontar dio cuenta de la pérdida de una batalla cultural: de un lado estaban las que argumentaban contra el aborto con términos como asesinato, y del otro, las feministas, pero también las piqueteras, las militantes políticas, las integrantes de organizaciones no gubernamentales y las mujeres que contaban sus experiencias de vida.
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