MASTICAR CHICLE PUEDE REDUCIR EL POSTOPERATORIO EN CIRUGÍAS ABDOMINALES
Masticar chicle después de una cirugía de colon puede mejorar y acortar el postoperatorio, tal es la conclusión a la que llega una investigación publicada por la American Medical Association (JAMA). Según los autores cualquier cirugía abdominal puede producir dolor, malestar y vómitos, que “alargan” el tiempo de internación. Sin embargo, estiman que la acción de masticar pone en juego los mismos mecanismos que se usan para comer y promueve la liberación de hormonas que activan el tracto intestinal, lo que favorece la recuperación. Así que, comparados, los pacientes que comenzaron a masticar chicle inmediatamente después de la operación se recuperaron más rápidamente que aquellos que no lo hicieron.
El cáncer de colon es una de las causas más frecuentes de estas cirugías y, según el Registro Provincial de Cáncer del Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires, la segunda forma de cáncer más frecuente después del cáncer de mama en la mujer y el de próstata en el hombre. Cada año se diagnostican 5.300 casos de cáncer colorrectal solamente en la provincia de Buenos Aires, a razón de 37 por cada mil habitantes. Sin embargo es en buena medida tratable.
“Pero el cáncer no es el único motivo por el que se practican cirugías de colon, hay otras patologías. Esta es una cirugía muy frecuente. Solamente en el Hospital Udaondo se realizan cinco de estas intervenciones por semana”, explica Ubaldo Alfredo Gualdrini, médico cirujano especialista en coloproctología del Hospital Udaondo, miembro de la Sociedad Argentina de Gastroenterología y de la Sociedad Argentina de Coloproctología . “Normalmente el postoperatorio dura entre 4 y 7 días, dependiendo de la situación de cada paciente”.
“Se sabe que la alimentación precoz es posible y beneficiosa. Acelera la recuperación y por lo tanto acorta el plazo de hospitalización. También es bueno que el paciente se levante y camine, no dejarlo en la cama dos o tres días sin moverse. Son factores que colaboran con la recuperación”, explica Gualdrini. “Nosotros empezamos a dar líquido pocas horas después de la operación por el mismo motivo, esto hace unos años no se hacía. La investigación es interesante porque la masticación incrementa la secreción de la parte alta del tubo digestivo y la motilidad intestinal: podría favorecer una recuperación más rápida”.
Aunque la ingestión de líquidos es buena, aproximadamente el 20 por ciento de los pacientes no la toleran en un primer momento. En cambio el chicle, al no haber ingestión, no puede presentar ningún grado de intolerancia. Con esa perspectiva, Rob Schuster y su equipo del Santa Barbara Cottage Hospital de California se lanzó a averiguar si efectivamente los pacientes que mascan chicle acortan sus tiempos de internación.
La investigación fue pequeña: se estudiaron 34 pacientes a los que se les llevó a cabo una cirugía de colon. La mitad de esos pacientes masticó chicle sin azúcar tres veces al día comenzando la mañana siguiente a la cirugía. La otra mitad no tuvo chicles en su postoperatorio. El resultado fue alentador: los primeros fueron dados de alta en un promedio de 4.3 días, mientras que los segundos permanecieron en promedio 6.8 días. Además, los que mascaron chicle tuvieron su primer movimiento intestinal antes que los otros.
Para Gualdrini, la propuesta vale la pena pero el número de casos es insuficiente, sobre todo si se tiene en cuenta la gran cantidad de cirugías de colon que se realizan. No se puede hablar de una tendencia estadística en base a esta investigación, pero no por eso es necesario descartar la alternativa: “No tengo ninguna objeción, masticar chicle sin azúcar es inocuo. Y abreviar el postoperatorio no solamente es un beneficio para el paciente: si un chicle recorta uno o dos días de internación, es también una reducción de costos muy importante”.
La perspectiva es optimista: si no da el resultado esperado, tampoco tiene un costo para la salud ni para la economía. Por eso Gualdrini está pensando en una investigación a nivel local. “Podemos hacer un protocolo de investigación y reunir 100 casos para comparar 50 y 50. Es simple y desde ya una alternativa realmente inocua. Se trata de demostrar el beneficio o descartarlo”.
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