MATAN A UN HOMBRE Y A SU HIJO PORQUE NO LES VENDIERON VINO
Todo comenzó con la rotura del vidrio de un quiosco. Lo rompieron a piedrazos dos hombres que querían comprar vino cuando el comercio ya estaba cerrado. Hubo una discusión y una pelea con los dueños del quiosco: un padre y su hijo, que terminaron asesinados a puñaladas. Ocurrió en Villa Concepción, en el partido de San Martín. Los asesinos fueron cinco hombres que vivían en una vieja fábrica tomada y escaparon después de cometer el doble crimen.
Villa Concepción es un barrio humilde, de calles asfaltadas, donde abundan los edificios tipo monoblocks. Por allí hay varias fábricas abandonadas que grafican la decadencia de una zona industrial que cayó en el olvido en los años noventa.
En Saenz Peña y 4 de Febrero está el pequeño quiosco de la familia Fortunato. Juan Carlos, de 54 años, y su hijo Néstor (29) lo atendían desde hace varios años.
Néstor también vivía allí, en una pequeña casa que está detrás del quiosco, junto a su mujer y sus cuatro hijos. Sus familiares dijeron que padre e hijo eran “laburantes de raza”.
Junto al quiosco, Néstor tenía un salón con dos mesas de pool y un par de videojuegos que apenas le sumaban unos pesos más al mes. Y como el quiosco tampoco daba ganancias suficientes para mantener a su familia, varios días a la semana trabajaba como chofer de una remisería para conseguir unos pesos extra, contaron sus familiares.
Juan Carlos tenía otros cinco hijos más y vivía a una cuadra del quiosco, en unos monoblocks que están en 4 de Febrero y Mendoza. Sus familiares y vecinos lo conocían por su apodo: “Pinocho”. Tenía un pasatiempo: fabricar lentejuelas que luego eran usadas para adornar los trajes de la murga del barrio.
Lo que ocurrió ayer a la madrugada provocó indignación y dolor en la zona. Los vecinos no le encontraban explicación a la tragedia. Nadie entendía la reacción de los atacantes porque el quiosco ya estaba cerrado.
Todo comenzó minutos antes de la una de la madrugada. Según dijeron vecinos de la cuadra, un grupo de hombres habían estado bebiendo vino y cerveza durante varias horas y cuando se les acabó, dos fueron hacia el quiosco para comprar más.
“Como todos los domingos, mi hermano y mi papá cerraron el quiosco a las 0.30. Mi viejo estaba por irse a su casa y antes iba a ir a comprar unas empanadas, cuando escuchó que rompían los vidrios. Le avisó a mi hermano y los dos salieron a la calle y empezaron a discutir con los dos hombres”, contó a Clarín Rubén Fortunato, uno de los hijos de Juan Carlos.
La discusión rápidamente se transformó en pelea: los hombres insistieron con que querían vino y los Fortunato se negaron a vendérselo. Entonces, hubo algunos golpes y los dos atacantes escaparon corriendo. Pero en menos de un minuto volvieron acompañados por otros tres. “Nosotros tenemos aguante”, recuerdan los vecinos que gritaron los hombres. Entonces, la pelea fue mucho más violenta.
Néstor y Juan Carlos trataron de resistir a los golpes, pero no pudieron hacer nada cuando sus atacantes sacaron cuchillos. Los dos fueron apuñalados varias veces. La mayoría de las heridas las sufrieron en la espalda.
La esposa de Néstor escuchó los gritos de dolor de su marido y de su suegro y salió a la calle. “Ella lo único que pudo hacer fue tirarle un piedrazo a uno de ellos. Le dio en la cabeza y se escaparon corriendo”, relató Rubén Fortunato.
Todo pasó a una cuadra de un puesto de control de Gendarmería Nacional que fue montado en una estación de servicio abandonada, sobre la avenida Constituyentes. Por eso, varios gendarmes llegaron rápidamente al lugar y pidieron una ambulancia. Pero los Fortunato se desangraban. Las puñaladas habían sido profundas y murieron en el Hospital Belgrano.
Los vecinos y los familiares dijeron que tienen identificados a los asesinos. Se trataría de inmigrantes paraguayos que desde hacía un tiempo vivían en una fábrica abandonada que está a una cuadra del quiosco.
Ayer, cuando la Policía los fue a buscar ya no estaban allí. Los investigadores sospechan que los agresores se pueden haber escondido en Villa Zagala, un barrio de emergencia cercano.
La investigación quedó en manos del fiscal de San Martín Héctor Scebba, quien caratuló el caso como “doble homicidio”.
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