MATARON A BALAZOS A UN POLICÍA MIENTRAS ESPERABA UN COLECTIVO
Un agente del Comando Radioeléctrico fue asesinado ayer de tres balazos en Biedma al 5600, corazón del barrio Triángulo, cuando esperaba el colectivo que lo llevaría a trabajar. El episodio presenta aristas que lo colocan por el momento lejos de la hipótesis de un intento de asalto y cerca de una probable venganza. Es que el trágico suceso ocurrió a una cuadra donde hace dos semanas la policía abatió a un chico con muchos antecedentes penales en un enfrentamiento. Además, lo único que le robaron al efectivo fue su arma reglamentaria. Un hombre fue demorado, aunque al parecer no había pruebas suficientes para probar su participación en el asesinato sino más bien que podría tratarse de un testigo o informante.
El alevoso crimen de Rubén Darío Oliva, de 25 años, causó consternación no sólo en sus familiares sino también en sus compañeros de trabajo. El muchacho llevaba casi dos años como policía y había realizado el curso de ingreso en el Centro de Instrucción en Destino, que funciona en la misma Jefatura de la Unidad Regional II. Desde que egresó de ese instituto, el 7 de junio de 2004, cumplió funciones en el Comando Radioeléctrico, una de las secciones de calle o choque de la fuerza de seguridad.
Eran cerca de las 6 de ayer cuando Oliva, quien estaba vestido con el uniforme reglamentario, se dirigía hacia su puesto de trabajo. El muchacho estaba en pareja con Nancy, también empleada policial, y vivían en inmediaciones de la seccional 19ª. El agente salió de su casa y caminó hasta Biedma al 5600, sitio donde debía abordar el ómnibus que lo trasladara hacia la Central del Comando Radioeléctrico. Antes de llegar tuvo que cruzar bulevar Seguí y pasar frente a los monoblocks del barrio Fonavi.
Según fuentes de la investigación, Oliva fue abordado en la parada del colectivo por un grupo de delincuentes que lo atacaron con varios disparos con un arma de grueso calibre. Tres dieron en el blanco: dos en el abdomen y uno en la espalda. Antes de escapar, los agresores se apoderaron de la pistola 9 milímetros del agente, que cayó mortalmente herido sobre la vereda de césped frente a una vivienda. Minutos después, el lugar se llenó de policías.
Oliva fue auxiliado por sus compañeros, que lo subieron a un patrullero y lo llevaron hasta el Centro de Emergencias Rosario (CER), donde finalmente falleció. Posteriormente, la policía hizo una gigantesca redada en la zona y demoró a varias personas en la seccional 19ª en busca de los autores del crimen, entre los que estaría una pareja. “Pasa lo mismo de siempre, la gente que puede saber algo se calla por temor”, sostuvo un investigador.
Con el correr de las horas, todos fueron recuperando la libertad. Sólo un hombre que se encuentra en libertad condicional quedó detenido preventivamente en la Brigada de Homicidios, aunque no era seguro que estuviera vinculado directamente con el hecho.
“Esto puedo ser cualquier cosa”, admitió un pesquisa al evaluar las probables hipótesis para explicar el hecho. La que parecía como más improbable era la del asalto común y silvestre. “¿Quién va intentar robarle a un policía que va uniformado, con su arma reglamentaria en la cintura?”, se preguntó una fuente de la URII, que enseguida se respondió: “Para mí, nos pasaron un vuelto”. Ayer, dentro de la propia fuerza, las palabras más pronunciadas fueron “venganza” y “vuelto” en referencia al enfrentamiento en el que fue abatido el menor Cristian Fontana (ver aparte).
Sin embargo, un vocero del Comando Radioeléctrico, la sección que participó en el tiroteo donde murió el menor, consignó que Oliva “no tuvo nada que ver ni participó” en ese hecho. El barrio apenas se había recuperado del episodio en el que cayó Fontana cuando con las primeras luces de la mañana de ayer se escucharon los estampidos que terminaron con la vida del agente policial. “¿Tienen que matar así a un muchacho para que alguien haga algo por esto?”, se preguntaba un vecino mientras las patrullas del Comando peinaban las calles de barrio Triángulo.
El hombre, que prefirió no identificarse, se refería a la situación de desprotección que la mayoría de los niños y adolescentes enfrentan en las calles de la barriada, fundamentalmente frente al avance de las drogas en esa zona de la ciudad. “Estos pibes, que tienen 8 años, hoy los ves jugando a la pelota. Y dentro de unos años te ponen un cuchillo en el cuello”, argumentó. “La sociedad crea estos chicos y es la misma sociedad la que los mata”, agregó.
Los restos del agente Oliva eran velados ayer en la cochería de Córdoba al 2900. Allí estaban su papá, que enfrenta una grave enfermedad, y su pareja, que trabaja en la seccional 32ª. Su madre falleció tiempo atrás. También llegaron varios ex compañeros de la escuela secundaria donde estudió, la ex Enet Nº11 también conocida como Escuela Crisol. El policía se recibió de técnico joyero y, según contaron sus amigos, decidió enrolarse en la URII “por falta de trabajo”. “Dentro de 20 días cumpliría años y esta noche íbamos a juntarnos a cenar con las chicas. Era un pibe que vivía contento, no se merecía morir así”, completaron antes de entrar a la capilla ardiente.
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