MATÓ DE UNA PUÑALADA A SU PADRASTRO AL SALIR EN DEFENSA DE SU MAMÁ
Un adolescente de 14 años fue el protagonista de una tragedia familiar que se desató la madrugada de ayer en una humilde vivienda del barrio Tío Rolo: mató a su padre de una puñalada para defender a su madre, que era golpeada por el hombre. El fatal hecho, según indicó la policía, fue el epílogo de una relación de pareja signada por la violencia. El chico fue detenido poco después del crimen y admitió ante los investigadores que era el autor del crimen.
Según indicó una fuente policial, Marcelo José Saetone, de 38 años, vivía con su esposa, Norma Brest, de 43, y los cinco hijos de la pareja en una villa atravesada por las vías del ferrocarril Nuevo Central Argentino, en el extremo sudoeste de la ciudad. El asentamiento, en el que se levantan casillas de material y de chapa, está situado a unos cincuenta metros de la calle 2126 al 6700 (a la misma altura de Ovidio Lagos) y enfrente de una plaza despoblada de juegos infantiles y tan descampada como tantos terrenos de la barriada.
La historia de los Saetone está signada por la pobreza y la marginación. El hombre se ganaba la vida “cirujeando” y, según dijeron algunos vecinos, “no podía evitar su adicción al alcohol”. Era frecuente que los habitantes de la villa lo vieran llegar noche a noche en estado de ebriedad. “Cuando se ponía borracho, le gritaba a la mujer y le hacía escándalo. Y algunas veces le pegaba”, comentó el subcomisario Daniel Corbellini, jefe de la Brigada de Homicidios.
El sábado, Saetone comenzó a “tomar” desde temprano. Cuando poco después de las 2 de ayer su hijo de 14 años llegó a la casa, el hombre todavía estaba bajo los efectos de “la borrachera” y lo sorprendió, como tantas veces, discutiendo con su madre, quien estaba debilitada tras ser sometida a una intervención quirúrgica.
Así fue como en medio de la pelea, Saetone intentó agredir a la mujer. Entonces el pibe no dudó y decidió salir en defensa de su madre. Se armó con una cuchilla tramontina y le asestó una puntazo a su padre después de que el hombre le propinara una trompada en la cara.
El adolescente, según declaró a la policía, se marchó convencido de que sólo había herido al padre en uno de los brazos. Pero antes de irse envolvió la cuchilla manchada con sangre en un trapo y la guardó en una bolsita. Después caminó los cien metros que separan su casa de la desolada plaza del barrio y allí se deshizo del cuchillo. La policía lo encontró horas después en un pequeño sendero de tierra.
UNA COARTADA SIS SUSTENTO
Cuando los primeros investigadores llegaron a la precaria vivienda alertada por los vecinos, encontraron a Saetone tendido en el patio de la casa. Ya había muerto. La puñalada que le había asestado su hijo le había atravesado el tórax. Como el muchacho no estaba en el lugar, su madre intentó elaborar una coartada para no involucrarlo en el hecho. “La mujer dijo que alguien había llamado a la casa golpeando sus manos. Entonces, su marido salió y el desconocido le aplicó un puntazo sin mediar palabra”, explicó el oficial consultado.
Pero tras una hora de diálogo con los pesquisas, Norma terminó admitiendo que quien había matado a Saetone había sido su hijo. En realidad, según indicó el comisario Corbellini, el hombre no había reconocido legalmente a sus cinco hijos, por lo que llevaban el apellido de la mujer.
El adolescente regresó a su casa ayer a la mañana cuando los uniformados ya se habían ido. Cerca de las 10.30, efectivos de la comisaría 33ª y de Homicidios volvieron a la vivienda del barrio Tío Rolo y apresaron a M., de 14 años. Al pibe lo llevaron detenido a la comisaría de la zona hasta que el juez de Menores Jorge Cartelle, que investiga el caso, decida su lugar de alojamiento. “El pibe confesó en la seccional que lo había matado cansado de ver como golpeaba a su mamá”, sostuvo el subcomisario Corbellini.
El mediodía de ayer, algunos vecinos de los Saetone señalaron a La Capital que no conocían detalles del violento episodio. “Nos enteramos esta mañana (por ayer) cuando escuchamos algunos rumores”, repetían con un discurso casi armado de aquellos que no quieren involucrarse. Sin embargo, un hombre corpulento que dijo ser remisero recordó que, cerca de las 2 de ayer, “alguien le pidió si podía llevar a una persona herida”, pero se “negó porque no sabía de quién se trataba”.
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