MÁXIMA TENSIÓN EN LA RELACIÓN ENTRE EL GOBIERNO Y LA IGLESIA
El Gobierno finalmente oficializó esta mañana lo que se preveía en las últimas horas. Le retiró su aval, su sueldo y virtualmente su cargo al obispo castrense, Antonio Baseotto, quien había desatado la ira oficial cuando, en medio de una polémica sobre el aborto, sostuvo que al ministro de Salud, Ginés González García, había que “atarle una piedra al cuello y tirarlo al río”, una metáfora que figura en las Escrituras a la que le dio un aire de literalidad. Ahora, las grietas entre la Rosada y la Iglesia parecen ahondarse.
El anuncio fue realizado en la Casa de Gobierno por el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, el canciller Rafael Bielsa y el secretario de Culto, Guillermo Olivieri. Como preludio tuvo una reunión cumbre con el presidente Kirchner, para la firma del decreto. “El acuerdo se cayó”, dio por toda explicación el jefe de ministros.
Ese acuerdo es el que deberán buscar ahora el oficialismo y la Iglesia para que haya un nuevo obispo castrense, con la propuesta de la curia de un nuevo nombre. Y lo intentarán en un clima pesado (Archivo 17/03/2005). Baseotto puso las relaciones entre el Gobierno y el Vaticano en un punto crítico.
Se trataba de un caso particular: su designación es facultad de Roma, pero tiene atribuciones de subsecretario de Estado y recibe un sueldo de $ 5.000 mensuales que paga la Nación. El lunes, la Santa Sede lo confirmó al frente del obispado y rechazó un pedido de la Cancillería —por precisas instrucciones del Presidente— para que se lo removiera del cargo.
El propio Fernández, al anunciar la decisión de retirar la confianza a Baseotto, dijo que “no significa nada” en la relación con la cúpula eclesiástica. Pero el conflicto está planteado.
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