"ME FALTA LO MÁS IMPORTANTE, QUE ES SABER DÓNDE ESTÁ MI NIETA"
La casa de la calle 30 1134 de La Plata, que el mediodía del 26 de noviembre de 1976 fue atacada brutalmente por las fuerzas militares, no encuentra la paz. Ese fue el último lugar en el que estuvo Clara Anahí Mariani, una beba de tres meses por la que 30 años después sigue llorando su abuela.
María Isabel Chorobik de Mariani, más conocida como “Chicha”, tampoco encuentra la paz. Tras la condena a reclusión perpetua que recibió el represor Miguel Etchecolatz ayer por el asesinato de su nuera, Diana Teruggi, siente que todavía le falta lo más importante: saber dónde está su nieta.
En esa casa cuyas paredes todavía conservan los impactos de la agresión murió Diana, no sin antes proteger con el cuerpo a su hija, según cuenta Chicha a LANACION.com. Ella no es una abuela más. Cuando todavía desconocía que había habido un plan sistemático de robo de bebes, Mariani conoció a otra abuela y a otra más y fundó la asociación Abuelas de Plaza de Mayo, que presidió hasta 1989 y que hoy dirige Estela de Carlotto.
“Tengo la sensación de que al fin se consigue algo después de 30 años con tantas vidas de madres que se terminaron esperando justicia”, se lamenta.
Chicha dice estar conforme con la sentencia, pero no puede soportar el silencio. “Me ha faltado lo más importante, que es saber dónde está Clara Anahí. Siempre estoy esperando eso de parte de los represores, pero cuidan muy bien ese secreto. A veces me avergüenza la calidad humana de estos ciudadanos que se la dan de héroes”.
Su nuera murió en ese mediodía de noviembre en su casa y su hijo ocho meses después. Ambos pertenecían a la organización guerrillera Montoneros, y tenían en el fondo de la casa una imprenta, desde donde se publicaba la revista Evita Montonera.
Los dos fueron enterrados como NN y luego depositados en fosas comunes. “Ese fue uno de los grandes golpes que yo he recibido”, confiesa Chicha. Pero no fue el único. Cada vez que el resultado de un análisis genético que se realiza junto con un joven hijo de desaparecidos le da negativo, la frustración vuelve otra vez. “Es un derrumbe total. Es muy doloroso porque cuando uno pone un caso en la Justicia es porque está convencido que no se ha equivocado. Cuando recibe el ´no´ del banco genético uno se muere un poco más”, dice.
Estuvo desde el comienzo del juicio contra Etchecolatz en cada audiencia, en silencio. Pero ayer se quebró y le gritó al ex policía cuando la defensa se preguntó qué hacía la beba en esa casa. “¡Era su casa!”, se desesperó Mariani por contestar.
Las pistas. Chicha cuenta con la información de varios testigos que su nieta fue sacada con vida de la casa. Algunos datos se develaron en este juicio, y otros no hicieron más que ratificar lo que desde hace 30 años había pasado. Pero ella recuerda uno: el del ex comisario de la seccional 5 de La Plata, Osvaldo Sertorio, hoy un jubilado que vive en Mar del Plata. Según el relato de la mujer, le dijo en enero de 1977 que la nena estaba con vida y que la busque por su ropa porque ya le habían cambiado la identidad. “En aquel momento a nadie se le hubiera ocurrido pensar que le podían cambiar el nombre. Después comprobamos que habían implementado la desaparación sistemática de bebes”, concluye. El hombre negó siempre haber dicho esas palabras.
Hoy Mariani dedica sus días a la búsqueda de nietos. Con 82 años, recolecta filmaciones de los juicios contra los represores para formar una videoteca e imagina cómo será Clara Anahí. La cree alta, rubia, inteligente, con gustos por el arte y la música.
Este contenido no está abierto a comentarios

