"ME GUSTA PODER REINVENTARME EN ESTE OFICIO"
El hombre que protagonizó dos de los últimos fenómenos populares de la pantalla chica, con la audiencia masiva de su lado en buena parte de esos cuatro años, resolvió barajar, dar de nuevo y cambiar de juego. No como una confesa necesidad de alejarse de ciertos lugares, pero sí, reconoce, como “una oportunidad que quise aprovechar, sumada al hecho de que me viene bien un aire con menos vértigo”. El aire del que habla Miguel Angel Rodríguez, curiosamente, lo encontrará desde esta medianoche en el cable, sobre ese línea finita en la que mañana se convierte en hoy y se abre el día, cuando uno, como él, empezará a cerrarlo.
Así, cuando el reloj marque las doce de la noche, las máscaras de Roberto Sánchez (el referí de Son amores) o el Tito de Los Roldán aflojarán sus hilos para que el actor le dé paso al flamante conductor, rol que transitará al frente de Jamón del 1/2 (de lunes a viernes, por TyC Sports), ocupando la franja que después de siete años dejó libre el Mar de fondo de Alejandro Fantino.
Luego de elogiarse solito sus piernas —a cuento de las bermudas de jean que lleva puestas— y de criticarse, solito también, la panza que, dice, le regaló el verano, deja en claro ese punto casi ineludible del caso: “No vine a reemplazar a nadie. No es la idea del canal, y mucho menos la mía. Había alguien a esa hora con un programa y ahora habrá otra persona con otro programa. Ojo, aclaro que con Alejandro está todo bien… Y, mirá lo que son las cosas, terminamos los dos en la misma franja (Fantino conduce Fuga a la medianoche, por América). Hay gente que hace segundas lecturas de eso y quiere buscar polémica. Yo no, ya no me engancho en la competencia. Tal cual está planteada en la televisión de estos tiempos, me desgasta”.
Y eso que el rating, con algunos vaivenes, lo acompañó sin miramiento alguno tanto en los años en los que integró las huestes de Videomatch como cuando se zambulló en la ficción para actuar en Son amores (2002 y 2003, por Canal 13) y en Los Roldán (2004 por Telefé, el tanque imbatible de ese año con picos de 40 puntos, y 2005 por Canal 9). Claro que la segunda temporada de la tira producida por Marcelo Tinelli no corrió la misma suerte que la anterior (llegó a medir casi un tercio de lo que hacía). “Fue raro cómo se torció el camino de ese programa. Había empezado con todo, con muy buen manejo del absurdo, con personajes bien delineados, simpáticos, y luego, cuando hubo que mudarse de pantalla… todo empezó a cambiar”, tira apenas, pero no esquiva lo que vendrá.
¿”Hubo que mudarse” quiere decir que vos no te hubieras mudado porque sí?
Claro, absolutamente. A mí siempre me gustó laburar en Telefé y el público del canal, que es muy fiel, nos seguía y cuánto. Pero yo tenía contrato firmado con Ideas del Sur y la productora de Marce (Tinelli) pasaba con todos sus productos al 9 y bueno, fuimos. Yo no hubiera ido de no haber sido necesario. Había que ir, sólo que está demostrado que esos movimientos tienen sus riesgos.
¿Cuál fue el mayor riesgo del caso?
Aparecer por una pantalla más fría, que además no venía teniendo ficción, cambiar de horario (primero de 21 a 22, luego de 22 a 20.30) y que la historia haya abierto muchas puntas, demasiadas puntas. Cuando se quiere mostrar mucho…
… ¿Se ve poco?
Y, fijate, la clave está en los afiches que se hacen ahora. Vas por la calle y ves la foto de un elenco enorme y no podés identificar a casi ninguno porque aparecen así de chiquitos. Antes vos tenías una, dos o tres cabezas de elenco y había una historia principal y otras periféricas, pero también interesantes. Guarda que yo reivindico como pocos el trabajo colectivo. Uno solo no hace un programa ni mamado, pero en la pretensión de abarcar mucho, como dice el refrán, se aprieta poco.
A los 44 años, el muchacho con alma de barrio y amigable espíritu de cafetín, lleva andada la mitad de su vida en estudios de televisión, primero como asistente de producción de su suegro, el cómico Juan Carlos Altavista, y luego ya con nombre propio, como imitador y humorista del ciclo de Tinelli, como protagonista de El nieto de don Mateo, como integrante de la mesa de Polémica en el bar, como alma mater de Los Rodríguez, con sus personajes de ficción, con sus criaturas de teatro (trabajó en Revista nacional, en Taxi 2, entre otras), con su paso por el cine (Tus ojos brillaban, de Silvio Fishbein) y por la radio.
“¿Sabés qué es lo que mejor me define? El hecho de que me encanta el trabajo. No laburo para figurar, laburo para sentirme útil y pasarla lo mejor posible. Nunca nadie me va a escuchar decir que me tomo un año sabático o que analicé profundamente la chance de hacer movimientos en mi carrera. La verdad es que yo me manejo mucho por intuición. Y me gusta poder reinventarme en este oficio”, confiesa el padre de Imanol y Felipe, marido de Maribel, fanático de San Lorenzo, tanto, que sus personajes suelen quedar matizados por el azulgrana de la camiseta de sus amores.
Y la intuición de la que se ufana talló a la hora de evaluar si aceptaba la propuesta de Tinelli para conducir El gran juego, la mega competencia interprovincial que finalmente quedó en manos de Dady Brieva. “Sentí que ese traje no era para mí. No sé si yo soy para ese tipo de programas, con tanto despliegue y tantos frentes. Y no me arrepiento de haber dicho que no. Y, por otro lado, surgió lo de Jamón del 1/2 y no lo dudé. Es una franja que el canal tiene muy trabajada, primero con Orsai y luego con Mar… y a mí la medianoche me seduce, hay mucha gente despierta y con ganas de bajar la persiana con una sonrisa, después de tanto stress. No es que lo busqué, pero por algo aparecen las cosas. Creo que me va a venir bien probar con algo diferente”, comparte el actor que planea completar su año laboral con un ciclo de sketches en vivo, al mediodía por Telefé y con la puesta teatral de La jaula de las locas.
Mientras es capaz de saludar con abrazo, caricia y beso a más de 20 personas en menos de 20 metros —del canal al restaurante donde ya tiene mesa asignada—, repite en voz alta que “se viene la dieta, estoy perdiendo la línea”. Se viene más adelante, se ve, porque ahora come, más que una ensalada con mayonesa, una “mayonesa con ensalada” que le roba ese gesto que sólo da un paladar atendido. “Yo soy un tipo simple… con este plato soy feliz. No tengo grandes pretensiones en nada. Soy esto que ves. Me gusta estar con mi mujer, mis hijos, mis viejos, ver al Ciclón, trabajar con gente con onda. Y encima me divierto cuando laburo”, se sincera quien buscará, desde hoy, la mueca propia y ajena a la hora de las brujas.
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