“Me invitaron a trabajar de niñera y terminé como prostituta”
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Aquellos que son objeto del tráfico de personas suelen ser obligados a trabajar 16 horas diarias o más en casas de familia, construcciones o burdeles. Víctimas aparentemente invisibles, aunque vivan en el vecindario.
“Me invitaron a trabajar en Italia como niñera y terminé obligada a prostituirme”, cuenta la nigeriana Joy K. a DW y prosigue: “La señora (también nigeriana) me quitó el pasaporte y dijo que debía pagarle 45 mil euros por el viaje”.
Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), “en el mundo hay más de 21 millones de personas que viven en la esclavitud”. En casas de familia, barcos de pesca u obras de construcción. La Agencia de Naciones Unidas contra las Drogas y el Crimen (UNODC), con sede en Viena, sostiene que ”aunque las cifras reales son muy grandes, en las estadísticas nacionales solo aparecen unos pocos casos”. La tendencia en Europa Occidental “es la trata de personas con fines de explotación sexual. En África y Asia, por su lado, la trata tiene fines de trabajo forzoso u otras formas de explotación”, dice a DW Fabricio Sarrica, de UNODC.
Desde la adopción de la Convención de Palermo sobre la Lucha contra la Delincuencia Organizada Transnacional en 2000, la trata de personas se define en el derecho internacional como “el reclutamiento, la oferta, la mediación o la acogida de niños, mujeres u hombres a través del engaño, la amenaza o el acoso con fines de explotación”.
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