"ME LIMPIÉ HACIENDO CANCIONES"
A un año de su ida de Los Pericos, Bahiano anda girando por el país, presentando su primer disco solista, BH +, que sale hoy. Calcula presentarlo en Capital dentro de “dos o tres meses, para darle tiempo a la gente a que conozca de qué se trata, que vuelvan a escuchar mi voz y se amiguen con el material”.
Fernando Hortal (así se llama), 42 años, dice esto sentado a la mesa de un bar con una escenografía que parece alegórica. Las sillas están dadas vuelta sobre las mesas, como en un bar que apura a los últimos clientes antes de cerrar. O que todavía no abrió sus puertas. En el centro de la escena, el Bahiano muestra su otra cara, diferente de la de las publicidades, de la música festiva y de la alegría del triatlonista. Aunque está lanzando un disco “positivo”, su cara se endurece cuando trata de explicar los por qués de una separación con claroscuros.
¿Pensás que la gente está enojada?
No, no. En una separación los fans son como hijos, y quedan medio a la deriva, a ver qué es lo que sucede. En nuestro caso, fue bastante particular, porque la banda continuó por su lado y yo por el mío. Entonces, sí, al principio había algunos fans acérrimos, gente que no entendía el por qué. Pero no es rencor verdadero, sino las ganas de que las cosas sigan siendo como eran.
¿La gente te dijo cosas por la calle?
No. No, no, no. Yo siempre tuve buena relación con la gente en la calle, y hubo muchísimas muestras de apoyo cuando escribí esa carta y la publiqué en la página web de Los Pericos (n. de la r.:la carta donde Bahiano anunciaba su partida). Obviamente hubieron cosas que se hablan puertas adentro. De mi lado no iba a dar demasiadas explicaciones, porque son cosas internas, eran afectivas, no artísticas. Igual, como le pasó a montones de músicos que continuaron sus carreras por separado, siempre vas a tener el mote de “el ex”. Pero no es ningún karma, porque yo fui parte de todo lo que pasaba en estos diecisiete años. Mi partida no fue una decisión de cuarenta y ocho horas, fue de varios años.
¿Fue un proceso interno?
Fue interno, pero comunicado. El verano pasado decidí tomarme unas vacaciones. Necesitaba extrañarlos. En ese mes tomé la decisión, y me di cuenta de muchas cosas. Les avisé mi decisión con un llamado telefónico, es cierto, pero tampoco tuve un llamado del otro lado para decirme “Che, negro, ¿estás bien, vamos a tomar un café?”. Ahí pensé: parece que les coarto alguna cosa. Aunque siempre estuve laburando para ellos, o sea, para la banda. Le puse carne y cuero a la parrilla. Estoy muy orgulloso de lo que hice, y lo que estoy haciendo es una continuidad. La diferencia es que antes hablábamos en plural y ahora es un hombre propio con una gran banda que formé por medio de un mail.
¿Cómo fue la convocatoria?
La primera etapa fue empezar a escribir. Después me puse a armar melodías. Necesitaba un coequiper y conocí a Matías Zapata. Una vez que conformamos un buen equipo de trabajo y ya tenía unas cuarenta canciones dije: “Estoy necesitando la banda”. No quería tener músicos sesionistas sino que cada uno personalizara su instrumento. Armé un correo electrónico y llegué a tener 1.753 mensajes de músicos para participar en el proyecto. Se hizo una preselección de 210, que audicionamos, hasta que quedaron siete. La producción del disco es de Afo Verde, por recomendación de mi hermano, Pablo Hortal, que fue manager de Pericos en su época de oro. La pregunta de Afo era: “Negro, ¿querés continuar?” Y acepté. Porque cuando me fui, no sabía qué coño iba a hacer.
¿Fue Afo Verde el de la idea?
No. El 2 de marzo dije me voy. Quería estar más tiempo con mi familia (Bahiano tiene dos hijos, Candela de 8, de su ex mujer, Ileana, y Tadeo de 2, de su actual mujer, Gabriela). Durante 17 años estuve boyando de acá para allá. “Voy a pintar, voy a recibir propuestas”. Pero recibía propuestas de radio, algo que hago todos los veranos. Había hecho un curso de entrenamiento con Julio Chávez porque me gusta la actuación. Y dije: tengo un año para retomar estas cosas. Pero al mes y medio me empezó a picar el bicho del escenario. Ahí empecé a escribir, cantaba en la ducha, cosa que no hacía antes. Lo mío es en casa de herrero…
Buscaste algo más relajado.
Es que el 2003 fueron 163 conciertos. Y hemos tenido 17 años radiales. Había que sostener esa primera, estar siempre arriba. Decidí tomarme las cosas con más calma. Ya estaba para el Quilmes Rock pero dije: “Al escenario me voy a subir cuando tenga mi material nuevo”. No tengo ningún problema de tocar El ritual de la banana o Sin cadenas. Porque los escribí yo. Pero estaba esperando el momento.
Con Los Pericos debían tener códigos muy aceitados en el escenario.
Sí, nos conocíamos mucho. Con los gestos ya sabías a donde ibas. Pero no me puse nostálgico. Obviamente hay cosas que extraño. Soy humano. Pero hay huellas que no volvería a pisar.
El primer corte del disco es: “Oyelo” ¿Tiene que ver con que apuntás a un público latinoamericano?
Siempre lo usé naturalmente. No soy de hablar “Oye, tú”. Eso surgió en las primeras giras de Los Pericos por Latinoamérica. Mucho tú, ti, sabes. Por eso Párate y mira. Algunos son términos neutros. Vos no decís “óyelo”, pero en una canción queda bien.
Es inevitable pensar que estás haciendo referencia a Pericos.
El disco no está personalizado, no es para alquien. Lo que sí hay es catarsis. Me limpié haciendo canciones. No quería ninguna rebarba, ninguna aspereza.
El tema que cantás con Vicentico, “No mires atrás”, ¿es un gesto de apoyo? ¿Es hablar de caminos paralelos?
Los caminos eran paralelos y diferentes. Había paralelismos en la cantidad de músicos, ellos hacían ska, nosotros reggae. Eramos Pericos-Cadillacs, como Soda-Redondos. Y él también habrá tenido su camino de despedida. Es uno de mis invitados, el otro es Botafogo, mi profe de guitarra.
En el disco hay temas más “atléticos” y otros más melódicos.
Sí, hay unos que tienen formato más canción, y otros son más lo que venía haciendo. No tenía por qué ponerme en la vereda de enfrente. Pero la fórmula mágica que te sirvió una vez, si la volvés a repetir no es tan mágica. Lo mío tampoco es experimental. Es explorar donde te sentís cómodo.
Venís diciendo que tu ida no fue por cuestiones artísticas sino afectivas. Que tampoco fue por dinero. La pregunta es: ¿por qué te separaste de Pericos?
Hay muchos factores. Se embarró mucho la cancha, y cuando se embarra la cancha todos tienen la cara sucia. Hubo diferentes discursos y algunos fueron más violentos. Hubo uno muy duro dado por Juanchi (Baleirón, hoy la voz de Pericos). En el futuro con la gente que había tenido una onda como la que yo tuve con Marcelito Blanco, Horacio Avendaño, con Diego Blanco, naturalmente va a haber un acercamiento. Pero no ahora. En toda esta etapa me di cuenta con quién no volvería.
Si Pericos hubiera sido un cuerpo, ¿qué parte habrías sido vos?
Mirá, podés hacer dos versiones. Según una versión light, era la cara. Pero yo tenía mucho órgano metido ahí.
Este contenido no está abierto a comentarios

