“ME MUTILARON DE POR VIDA”
En marzo del año pasado, la provincia fue condenada a pagar más de un millón y medio de pesos por un caso de gatillo fácil ocurrido en 1988, en la vecina localidad de Granadero Baigorria, cuando un policía conocido como “el Sapo” hirió de un disparo en la pierna derecha a Daniel Enrique Baffo, de 19 años. Semanas más tarde, al joven –quien por entonces estaba cumpliendo con el servicio militar obligatorio– tuvieron que cortarle la pierna derecha en el hospital Militar de Buenos Aires.
Hoy, con 38 años, Baffo, quien está casado y tiene tres hijos, sigue sin cobrar un peso. “Vivo con un plan jefes de hogar y de lo que me da la gente”, explicó el hombre. “Yo hoy reclamo lo que es mío, hace casi 20 años que me cortaron la pierna y con eso me mutilaron de por vida”, agregó Baffo.
A los 19 años, un incidente cambió para siempre la vida de Daniel Baffo. Hasta comienzos de 1988, trabajaba como mozo en el bar de su padre, ubicado en el barrio San Fernando, de la vecina ciudad de Granadero Baigorria, al norte de Rosario, hasta que ingresó al Batallón 121, a cumplir con el –por entonces– servicio militar obligatorio.
Si bien no estaba lejos de su familia (su destino fue Fray Luis Beltrán), cuando podía, pedía permiso y se iba a su casa, para estar con sus amigos y ayudar a su padre en la atención del bar.
La noche del viernes 26 de marzo de 1988, Daniel estaba charlando con unos amigos sobre avenida San Martín. “Estaba esperando para ir a tomar el colectivo, porque me tenía que presentar en el batallón”, recuerda. A eso de las 23.40, Daniel cruzó la calle y se paró en la garita. “Estaba con unos amigos en el bar, tomando una cerveza y me invitaron a ir al baile, pero como me tenía que presentar en el (batallón) 121 crucé la calle para esperar el colectivo”, contó a El Ciudadano.
“Casi enseguida sentí como un pinchazo en la pierna derecha, y cuando me toqué la pierna, vi que tenía mucha sangre. Después me caí y me desvanecí”, agrega Baffo.
La investigación policial por el caso reveló que el disparo había partido del arma reglamentaria de un policía de la comisaría de Granadero Baigorria, conocido como “el Sapo”, quien aparentemente salió en defensa de dos chicas que dijeron haber sido molestadas por varios jóvenes.
Daniel Baffo, quien por entonces estaba bajo bandera, fue trasladado al Policlínico Escuela Eva Perón, de Granadero Baigorria, donde pasó el fin de semana. El lunes por la mañana fue llevado en un avión hasta el Hospital Militar de Buenos Aires, a donde ingresó en grave estado, ya que la pierna derecha se le había infectado.
Los médicos intentaron frenar la infección, hasta que finalmente le dijeron al joven conscripto que tenían que amputarle la pierna porque “la bala le había destrozado todo”, recuerda Baffo que le dijeron en ese momento. Si bien la decisión fue dolorosa, Daniel dice haberlo tomado con bastante calma. Nunca supuso el calvario que sobrevendría después.
“Estuve un año internado en Buenos Aires, hasta que me dieron de alta y me trajeron a Rosario”, explicó. Estuvo una semana en el Batallón 121, hasta que finalmente le fue otorgada la baja. “Fue a mediados del 89”, acotó Daniel.
Por consejo de amigos y conocidos, fueron a ver a una abogada para que los asesorara sobre los pasos a seguir, ya que Daniel se sentía desamparado.
“Recuerdo que, en 1989, vino un día una abogada y nos dijo que la provincia nos quería dar ocho mil pesos y que mi papá se enojó mucho y le dijo: la pierna de mi hijo no vale esa plata”, explicó Baffo.
Luego escuchó varias promesas: que el gobierno nacional lo iba a jubilar en “cuatro meses” por invalidez; que le iban a dar trabajo; que le iban a pagar por el incidente, pero nada de eso pasó. A todo esto, el agente policial que lo hirió seguía libre “y viviendo como si nada”.
Daniel fue a ver a varios abogados, hasta que recaló en el estudio de Rodolfo Meyer, quien se interesó por su caso y presentó una demanda penal el 25 de junio del 90, es decir dos años y un mes después de ocurrido el incidente. En marzo del año pasado, la provincia fue condenada a pagar la suma de 105 mil pesos (70 mil por daño emergente y lucro cesante) y 35 mil por daño moral, más un 8% de interés anual desde la fecha en que Baffo fue herido. “Es algo más de un millón y medio de pesos, pero la sentencia fue apelada, pese a que todo está a favor de Daniel”, refirió el representante de la víctima.
MI VECINO EL POLICÍA
En 1988, Baffo vivía junto a su padre, a metros de la avenida San Martín e Ibarlucea, en la zona norte de Granadero Baigorria; mientras que “el Sapo” tenía su finca a dos cuadras. Hoy, ambos siguen viviendo en los mismos lugares, por lo que suelen cruzarse casi a diario.
“A veces lo vemos en algún comercio del barrio o caminando por la calle, tanto a él como a su esposa”, explica Baffo, quien no puede expresar fácilmente qué siente al verlo.
“Hay días en los que tengo bronca, a veces me pongo mal o bastante nervioso, porque siento que no hay justicia. Que se yo, mientras él camina como si nada por la calle, yo me tengo que mover con muletas y debo mendigar casa por casa para poder llevar algo más de plata para mis hijos y eso duele”, reflexiona.
“Yo hoy reclamo lo que es mío, hace casi 20 años que me cortaron la pierna y con eso me mutilaron de por vida”, terminó diciendo Daniel.
PUERTA A PUERTA
Después de un largo posoperatorio en el Hospital Militar, Daniel recibió la baja y volvió a la casa de su padre, quien seguía teniendo el bar en Granadero Baigorria, pero de a poco la familia se fue quedando sin nada. “A mí nadie me daba trabajo y tampoco podía ayudar mucho a mi papá, quien terminó cerrando el bar”, rememora.
Por aquel entonces, iba casa por casa vendiendo “pequeñas cositas”, para poder llevar algo de plata a su casa, que compartía con su esposa y su pequeño hijo. Hasta que fue a pedir ayuda a la municipalidad de Granadero Baigorria. Un secretario de Gobierno le consiguió trabajo, pero cuando éste hombre falleció, quedó cesante. Tras varios años de frustraciones, nuevamente fue ayudado por las autoridades del municipio, aunque nunca logró quedar efectivo.
Desde el año pasado, recibe un plan jefes de Hogar y, como contraprestación, trabaja en Promoción Social de la Municipalidad. “Pero con esa plata no puedo vivir”, dijo Daniel, quien ya tiene tres hijos: un nene de 16 años, y dos nenas, una de 12 años y la restante de tan sólo 3 meses.
“La plata no me alcanza. Estoy viviendo en la casa que era de mi viejo, pero en cualquier momento me la pueden quitar o rematar. Yo trabajo a la mañana y después vengo a casa, me acuesto un rato y a la tarde salgo a pedir casa por casa”, explicó.
Si bien reconoce que no es lo mejor, remarca que nadie le da trabajo y que no puede quedarse de brazos cruzados ya que tiene una familia que mantener. “Voy a cualquier lado, quizás hoy voy a San Lorenzo o Capitán Bermúdez y mañana a la zona sur de Rosario. Todo depende de la gauchada del chofer del colectivo al que me suba”, reconoce.
UNA BALA POLICIAL Y 18 AÑOS DE IDAS Y VUELTAS
En marzo de 2005, la provincia fue condenada a pagar algo más de un millón y medio de pesos por un caso de gatillo fácil ocurrido en marzo de 1988, cuando el agente Raúl Andrés C., apodado “el Sapo”, hirió a Daniel Enrique Baffo en la pierna derecha, en la esquina de avenida San Martín y 25 de Mayo,en el barrio San Fernando, en la zona norte de Granadero Baigorria. Por esta lesión, al muchacho debieron cortarle la pierna derecha en el Hospital Militar de Buenos Aires.
Rodolfo Meyer, abogado de la víctima, inició una demanda civil y otra penal por el hecho. La justicia sobreseyó al agente, que prestaba servicio en la comisaría de Granadero Baigorria, porque el reclamo ingresó un mes después de vencer el plazo previsto en el código civil. “Se comprobó que el policía efectuó el disparo, hasta él mismo lo reconoció, pero igual fue sobreseído”, dijo Meyer.
De nada valieron las declaraciones de varios testigos del incidente, entre ellos un vecino que vio todo desde su terraza o los dichos de la concubina del agente, quien primero dijo que no estaba presente pero luego se rectificó y admitió que fue testigo del hecho y que no entendió los motivos que llevaron a su pareja a disparar y a no socorrer luego al joven herido.
Tampoco se tuvo en cuenta el testimonio del propio “Sapo”, quien admitió ser el autor del disparo.
Según consta en su declaración, varios jóvenes comenzaron a gritarle y a insultarlo “hasta que me agarra un momento de locura y rabia por lo que saco mi arma reglamentaria y efectúo un disparo, no pudiendo precisar si lo hice al aire al piso o dónde, ya que me hallaba cegado”.
Pese a que la víctima fue herida hace 18 años, la sentencia fue dictada hace 14 meses y en tanto Baffo vive casi en la indigencia y hasta puede perder su casa, los vericuetos procesales determinaron que todavía no haya cobrado un solo peso.
Si bien el juez Penal de Sentencia de la Tercera Nominación, doctor Luis Juan Giraudo, dejó sin efecto la demanda por lesiones gravísimas contra el agente, sí hizo lugar a la acción civil presentada por el abogado de Daniel Baffo, por la que “el Sapo” y la provincia de Santa Fe deben pagar algo más de un millón y medio de pesos.
Dicha sentencia fue apelada por el abogado patrocinante de la provincia; y la defensa hizo lo mismo ante la Sala 2ª de la Cámara de Apelación en lo Penal, integrada por los doctores Ramón Teodoro Ríos, Humberto Giménez y Juvencio Mestres, quienes hasta el momento no se han pronunciado sobre el tema.
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