"ME SIENTO EL MEJOR DE TODOS"
Con 37 años, después de haber salido campeón en Boca y de jugar en Europa, ¿pensabas que Chacarita era tu último destino? ¿Sentías que la luz de Carlos Fernando Navarro Montoya se iba apagando de a poquito?
—No, nunca me sentí cerca del final. Tengo más ganas ahora que a los 20, y seguramente tendré más aún a los 40. Siempre me cuidé, llevé una vida ordenada y las lesiones me respetaron bastante. Pero te digo una cosa: si llegué a Independiente a los 37 es por rendimiento y no por historia.
—Tu caso es distinto al de Batistuta, que eligió alejarse de la alta competencia e irse a Qatar, una liga sin presiones ni exigencias. Dos factores que, seguramente, tendrás acá en Independiente.
—A lo mejor Bati siente que ya dio todo, que no puede aprender más… Yo, en cambio, sigo teniendo ilusiones, sueños, ganas. De aprender, de ganar, de ser cada vez más autoexigente, de llegar a lo más alto como arquero… De seguir siendo el mejor.
—…
—Sí, yo me siento el mejor de todos y con esa mentalidad salgo a la cancha. Todos tenemos nuestra parte egocéntrica y nuestro propio narcisismo, pero también me baso en lo que dicen los demás: ‘Navarro Montoya está entre los tres o cuatro mejores arqueros de la historia’.
—Mono, en estos 20 años que llevás en Primera, ¿cuándo sentiste que verdaderamente eras el mejor?
—Ahora, desde hace dos años a esta parte. Siento que soy el mejor, que soy capaz de todo. Estoy convencido de que soy mucho mejor arquero que hace diez años atrás y de que estoy en el mejor momento de mi carrera. En las últimas dos temporadas, en Chacarita, me sentí una maravilla.
—¿Por qué creés que éste es tu mejor momento?
—Porque aprendí mucho, todos los días un poco más. Y porque traslado a la cancha el disfrutar al máximo de cada cosa. No entiendo a los pibes que se duchan como los gatos y rajan del vestuario. No concibo el entrar a la cancha no sintiéndome el mejor. Sigo soñando con el gran partido y pienso que mi mejor atajada es la próxima, la que está por llegar.
—En cuanto a tu nivel, ¿la edad te perjudica en algo?
—No. En mi caso, los 37 es la mejor edad para un arquero. Ahora tengo una visión del partido mucho más clara que la de antes: leo casi perfecto las jugadas para poder adelantarme y resolverlas.
—¿Cómo están tus reflejos?
—Impecables. Los jugadores, con el avance de la tecnología, la medi cina deportiva y los métodos de entrenamiento, hemos alargado nuestra vida útil. Físicamente me siento más pleno ahora que a los 20. Ojo, trabajo muy duro…
—Por lo que contás, y con el convencimiento que lo decís, da la impresión de que ahí en el arco te sintieras Dios.
—Dios no, invencible sí. Y esto no es soberbia: es realidad. Sintiéndome invencible rindo más.
—Cuando decís que querés seguir aprendiendo, ¿en qué aspectos podés mejorar?
—En todo. No me resigno a andar por la vida con lo puesto ni a seguir caminando con lo que sé hasta ahora. Eso sería estancarse.
—Y ahora, ¿a qué venís a Independiente?
—Hacía dos años que mi llegada venía pegando en el palo. Me habían pedido Piazza, Ruggeri… Yo estoy educado para ganar y a eso vengo; si es posible, a ganar todo. Sé que voy a terminar conquistando al hincha de Independiente. Yo fui hincha y sé lo que quieren ellos. Si hay algo que siempre supe hacer bien fue hacer felices a los hinchas.
—A ver…
—Ellos valoran mucho que intentes jugar bien, y jugar bien a veces no te lleva al éxito. Los grandes jugadores no son grandes por lo que ganan, sino por lo que dejan.
—¿Pensás que seguís siendo ídolo de Boca?
—Claro. Y así será de por vida.
—¿Por más que ahora atajes en otro club grande?
—Me van a recibir bien como cuando fui con un club realmente querible como Chacarita. En realidad, todas las hinchadas me reciben bien. ¿Me creés si te digo que nunca me putearon por la calle y que siempre me trataron con respeto?
—¿Por qué la gente de River no te insulta?
—Porque el hincha argentino me colocó en un lugar parecido al de Gatti y Maradona. Creo que, de nuestra época, nosotros tres somos los únicos a los que nos aplaudieron en todos los estadios. Los de River me aplaudían estando yo en Boca… Increible.
—¿Nunca tuviste chances de volver a Boca?
—No. Y era lógico que Bianchi, cuando se fue Córdoba, le diera la chance a Abbondanzieri.
—¿Es verdad que estuviste muy cerca de River?
—Se habló varias veces, pero, por suerte, nunca me pusieron en el compromiso de tener que pensar seriamente si aceptaba o no ir a River. Hubiera sido un compromiso difícil. Y hermoso…
—¿Te quedaste con ganas de algo en tu carrera?
—De la Selección argentina, sin dudas. Y después de muchos años de luchar en la FIFA (no le permitía jugar porque participó en un juvenil de Colombia, el país donde nació), ahora ya estoy habilitado. Grondona me lo recontraconfirmó el año pasado.
—O sea, depende de Bielsa.
—Y de mi rendimiento. Luché mucho por mi habilitación: ahora sueño con que me llamen. Me siento capacitado, apto. Y estoy, repito, en mi mejor momento.
—¿Te animás a dar una definición propia sobre el fútbol?
—Es un juego al que no lo concibo sin una sonrisa, sin compañerismo ni solidaridad. Me ha ido bien y mal dentro de este juego, pero siempre actué igual, fuera en un equipo chico o en un equipo grande. Y no voy a cambiar ahora, tan cerquita de los 40…
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