MEDIO MILLÓN DE PIBES ABANDONÓ LOS ESTUDIOS
Todo al revés. La pobreza, la exclusión y la escasa capacidad de las escuelas para contener a los chicos son las causas principales de la deserción escolar, una problema que, según alerta un documento de Unicef, está en aumento y dejó afuera del sistema educativo en la Argentina a medio millón de adolescentes, en tanto que casi el doble, 900 mil, son repetidores. Las cifras del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia son proyecciones reconocidas por el Ministerio de Educación de la Nación y abarcan la franja deentre los 12 y los 17 años. Las estadísticas (ver tabulado) surgen del cruce de los datos del último Censo Nacional de Población con los últimos indicadores de la Red de Educación Federal. “La mayoría de estos jóvenes proviene de los extractos más pobres de la sociedad y parece condenada a perpetuar el círculo de la pobreza”, advirtió el documento de Unicef. Tan errónea es la perspectiva que para los chicos que provienen de familias con más recursos –y por tanto mayor caudal de oportunidades– está todo más que resuelto, mientras que para los jóvenes que más necesitan esas oportunidades no hay casi nada. “Las escuelas para los pobres son pobres escuelas”, evaluó el experto Emilio Tenti Fantfani, quien explicó que esas instituciones, en vez de ser las mejores promotoras del ascenso social y espacios de auténtica inclusión, les falta estructura, insumos y horas de estudio.
“Hay escuelas rurales que tienen cuatro horas de clase, frente a las privadas que tienen doble jornada. Los hijos de las clases más ricas están estudiando continuamente, y los hijos de las clases pobres ni siquiera tienen estímulos para cumplir con la escolarización básica”, sostuvo Tenti Fantfani.
El sociólogo integra el Instituto Internacional de Planeamiento Educativo (IIPE), organismo que depende de la Unesco. Es coordinador del área de Diagnóstico y Política Educativa y desde allí evaluó una problemática que viene creciendo a paso acelerado. “Sin calefacción, sin canchas de fútbol, sin tizas de colores y pupitres enteros, con pocos maestros y pocas propuestas extraescolares como talleres de música, teatro, pintura, y curriculares que hagan más atractivo estudiar, los adolescentes se alejan de las aulas y son muy pocos los que vuelven”, sentenció. Además, consideró que los adolescentes “tienen intereses característicos de la edad, como un par de zapatillas o una salida nocturna, y frente a la posibilidad de ganarse 10 ó 20 pesos por día en una verdulería y seguir en una escuela que no los cautiva, se van”.
La situación de los estudiantes argentinos es similar a la de sus pares del resto de Latinoamérica. En el país, más del 90 por ciento de los chicos empieza la escuela, pero muy pocos la terminan. Y son menos todavía los que acceden a la universidad.
Unicef agregó que “más de 900 mil estudiantes repitieron una o dos veces, y según las últimas estadísticas sólo un tercio de los jóvenes está en el último año del secundario”.
“Empezamos mal”, sentenció Tenti Fantfani. “Los pobres ingresan a la escuela a los 6 años y no a los 4 como está establecido. Hasta los 12, todos están en las aulas; el problema es a partir de los 13”. Entre las causales que provocan la deserción, el experto identificó dos graves: las razones socioeconómicas (hogares pobres, falta de empleo, familias fragmentadas) y una oferta escolar poco estimulante y de mala calidad. “Nadie cuestiona la escuela: los chicos dejan «porque no les da la cabeza» o porque «no les interesa». Ahora, yo pregunto: el interés ¿es innato?”, disparó.
Las actuales autoridades del Ministerio de Educación tampoco están conformes con la calidad del secundario y reconocieron que la formación y la deserción entre los estudiantes del nivel medio son “preocupaciones excluyentes” entre las prioridades del área.
“La escuela media está afectada por problemas de inclusión y calidad”, afirmó la titular de la Subsecretaría de Equidad y Calidad Educativa de la Nación, Mirta Bocchio. Al igual que Tenti Fantfani, Bocchio remarcó que los alumnos pobres tienen “las mismas capacidades” que los alumnos que están en una mejor situación social, “pese a ciertas teorías”.
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