Memoria diaguita
Un cartel desvencijado y poco preciso, en El Mollar, invita a visitar el Museo Ñuñorco. Vamos. Hay que subir 600m. que no son tanto en automóvil. El camino no es nada halagüeño, pero el museo, habrá que ver. Ñuñorco significa “señal de la madre tierra” y a ella le pedimos una señal para saber donde queda el Museo. Por suerte ahí hay otro cartel. Ya estamos, según dice, a 60 metros.
Martín Reynoso es el encargado, hacedor y dueño del Museo Ñuñorco. Sería casi convencional decir que allí se guarda todo lo que su paso curioso de 22 años le permite encontrar en el camino vinculado a la cultura diaguita calchaquí. Martín se siente orgulloso de que sus ancestros hayan sido primitivos pobladores, aunque “el apellido no lo tenemos porque los conquistadores se los cambiaban”.
Y también tiene orgullo Martín de regentear y haber creado el único museo circular de la Argentina. Es que, el Museo Ñuñorco es la reconstrucción de una vivienda diaguita, con restos de una encontrada en el patio de la casa que fue del abuelo de Martín y con mucha voluntad para reconstruirla. Ahora Martín invita a pasar. Hay que descender una escalera de piedra y ser testigos, con el cuerpo que se enfría más bajo la tierra, cómo vivían sus antepasados.
Martín Reynoso, que además ya escribió un libro con sus estudios sobre las culturas ancestrales, es morocho, algo robusto y buen anfitrión. Con sus manos dibuja en el piso tres círculos en la tierra y en un rato explicará motivos culturales, religiosos y de costumbre de los que algunas vez fueron los únicos dueños del Valle. Martín sabe, además, como colocar clima a su relato. Lo siente así y así lo dice, con silencios para respirar profundo y palabras medidas aplicadas en el momento exacto.
Vasijas, piedras, plantas medicinales, pieles, todo de cuero, barro y piedra, las herramientas por excelencia de los diaguitas, están bien guardadas debajo del techo que construyó Martín con sus amigos. En los ratos libres Martín Reynoso, el pibe del museo, lleva turistas a la cima del cerro Ñuñorco y trata de encontrar otros restos de sus antepasados. En los ratos ocupados, también.
El museo Ñuñorco es un sitio que hay visitar por obligación si uno va al Valle del Tafí. Es un compromiso con la historia, un paseo interesante y una manera de aprender lo que la historia oficial ha omitido. Martín, a sus 22 años, ya lo sabe y no pone reparos en compartir con quienes lo visitan todos sus conocimientos.
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