MEMPO GIARDINELLI: “SI NO CONSEGUIMOS SER UN PAÍS LECTOR, ESTAMOS PERDIDOS”
“Soy en tanto escribo, soy lo que escribo y procuro que mi escritura me identifique”, dice Mempo Giardinelli. Conocido por sus opiniones contundentes y su cruzada por la lectura desde la Fundación que él mismo preside, el escritor y periodista chaqueño será uno de los participantes más destacados en el Tercer Congreso Internacional de la Lengua Española.
Nacido en 1947 en Resistencia, Giardinelli vivió en México entre 1976 y 1985 y actualmente reside en su ciudad natal. Es autor de una obra que incluye, entre otros títulos, las novelas “La revolución en bicicleta”, “Luna caliente (Premio Nacional de Novela en México, 1983), “Santo oficio de la memoria” (premio Rómulo Gallegos en la edición 1993) y “El Décimo Infierno”. Ha dado cursos y conferencias en más de un centenar de universidades y academias de todo el mundo.
En 1999 quedó formalmente constituida en Resistencia la Fundación Mempo Giardinelli, que organiza el Foro Internacional por el Fomento del Libro y la Cultura, evento anual donde se dan cita importantes intelectuales. Entre otros objetivos, la Fundación se propone la creación de espacios de pensamiento crítico y el desarrollo de actividades que, desde la literatura, se expandan hacia lo social e investigar una pedagogía de la lectura, para la formación de un pueblo lector.
En ese marco, la Fundación realiza una campaña permanente de fomento de la lectura, bajo el lema “leer abre los ojos”, desarrolla el programa de Abuelas Cuenta Cuentos, para el estímulo de la lectura en los niños y apoya la creación de nuevas bibliotecas escolares con la provisión de libros y materiales, asesoramiento gratuito y cursos de bibliotecología y archivología.
-En la inauguración del 9º Foro por el Fomento del Libro y la Cultura dijo que “sólo la lectura nos salvará” y advirtió acerca de la violencia que supone el embrutecimiento. ¿Cuáles son los enemigos de la lectura y de los libros?
-Enemigos de la lectura son, por ejemplo, la ignorancia, la molicie, la indolencia. Obsesiones tan argentinas, podría decirse, ¿verdad? Y así estamos. Por eso creo y sostengo que, más allá de las respuestas políticas o económicas, si no conseguimos que nuestro país vuelva a ser un país lector, estaremos perdidos.
-La televisión suele ser considerada como un obstáculo grave para la lectura. Pero, ¿qué puede decirse de los otros medios de comunicación?
-La televisión en sí misma, en tanto fenómeno tecnológico, no es el problema. El problema está en la telebasura que impera en la Argentina, y en general en toda Latinoamérica. Por eso vengo sosteniendo que un cambio de paradigma consistiría en que entre todos empecemos a promover que nuestra gente vea menos televisión. No se puede recomendar lectura cuando muchos educadores y muchos padres, profesionales, amas de casa o empleados, son verdaderos fanáticos de la telebasura. Y es que si los paradigmas argentinos siguen siendo señoras paquetas que almuerzan en la tele ante un país con 20 millones de hambrientos; jugadores de fútbol que son famosos mundialmente pero no pueden articular bien sus propios pensamientos; deportistas y chicas que sólo sueñan con ser modelos pero presuntamente tienen las cabezas vacías, y tarados que por las noches y a los gritos creen que humor es vulgaridad, no hay campaña de lectura que valga. En cuanto a los otros medios, tienen también responsabilidades aunque, es cierto, y afortunado, que diarios, revistas y radios han empezado a compartir la necesidad de estimular la lectura. Nosotros, en particular, casi no recurrimos a ningún medio para nuestras campañas, todas las cuales las realizamos directamente en escuelas y comedores. Sólo hicimos una experiencia radial para el Día del Niño en 2003, y fue muy interesante.
-En el Congreso de la Lengua participará en el panel “La comunicación textual en el mundo hispánico: transversalidad y contrastes”. ¿Piensa relatar la experiencia de la Fundación?
-No lo sé, todavía no terminé de escribir mi ponencia. Pero es posible que alguna mención haga, porque tenemos una experiencia que es rica y compartible.
-¿Cómo consiguieron impulsar el Programa de las Abuelas Cuenta Cuentos? Usted ha difundido cifras respecto al escaso porcentaje de niños y docentes lectores en Chaco. ¿Qué transformaciones ha incidido la Fundación en ese marco?
-La verdad es que nosotros mismos nos sorprendemos de lo que viene logrando nuestro Programa de Abuelas Cuenta Cuentos. Yo creo que se ha arraigado, y no sólo en el Chaco, porque hemos logrado crear una mística alrededor del entusiasmo desbordante que se produce cuando se lee por puro placer, por amor y por ganas. La respuesta, que yo llamo multiplicación de panes de la lectura, es fenomenal. Pero además, en los últimos diez años hemos instalado la problemática de la lectura como un asunto prioritario, tanto para el Estado como en los niveles familiar e individual. Hemos entrenado centenares de abuelas, docentes, bibliotecarios, y hemos producido miles de experiencias de lectura. Bueno, todo eso ha incidido, sin dudas, en una sociedad tan pauperizada económica y culturalmente. Nosotros llevamos registros de los últimos años, y ellos nos indican que estamos incidiendo en diversos sectores, muchos de ellos marginales. Esto es indudable. Pero la medición de las transformaciones llevará su tiempo; sería poco serio adelantarla ahora.
-¿Cómo se plantea la cuestión de la identidad en la creación literaria? Le pregunto porque es uno de los temas propuestos para la reflexión en el Congreso.
-No es el tema para el que he sido invitado, pero puedo decirle, desde mi experiencia como escritor, que para mí la creación literaria es en sí misma una marca de identidad. Yo soy en tanto escribo, y soy lo que escribo, y procuro que mi escritura me identifique. De manera que para mí no es una cuestión problemática, en lo individual. Sí puede serlo en términos colectivos, pero la problemática identitaria de una sociedad como la argentina trasciende, y holgadamente, la creación literaria si bien también la incluye.
-Ha dicho que la preocupación por la memoria es una de las marcas de la narrativa argentina después de la dictadura. ¿Cómo piensa la relación de memoria y lenguaje?
-Me parece una cuestión tan esencial como evidente: la narrativa argentina de los últimos treinta años es una permanente incitación a la memoria, una búsqueda y una afirmación de la memoria colectiva. Nuestro lenguaje argentino, diría yo, es en sí mismo una expresión de lo que recordamos y lo que olvidamos, como un discurso plural y en tensión constante.
-El español, ¿ha sido una lengua de encuentro o de sometimiento en América?
-De hecho la respuesta es: ambas cosas. Pero sobre todo, me parece que el castellano que hablamos en América es el resultado de un choque cultural. Cuando en 1992 se “celebró”, entre comillas, el Quinto Centenario de la llegada de Colón a América, yo escribí un artículo que se publicó en varios países en el que sostenía que no correspondía hablar ni de conquista ni de encuentro, sino de “encontronazo”. Y cuando sucede algo así, tan traumático, el resultado incluye sometimientos y reconciliaciones, o sea síntesis.
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