Menem no las inventó*
Puede que algún Menem ya viviera en Siria y estuviera preparando sus valijas para llegar a una Argentina en gestación. Puede que ningún Cavallo existiera por entonces ni tampoco los nidos de ratas de Harvard o Chicago. Sin embargo, lejos de las grandes potencias del mundo, en las más australes latitudes, por la mitad del siglo XIX tuvo lugar la primera privatización que la historia nunca registró.
Los dueños sin títulos de propiedad del estrecho que Magallanes había descubierto en 1520 eran los tehuelches, amos y señores de la Patagonia. Pero cuando se constituyeron los estados, tanto Chile como Argentina se cotejaban la pertenencia. Al parecer, los tehuelches tenían mejores relaciones con Argentina o, en todo caso, no tenían buenas relaciones con Chile.
Además de ellos, también ya habían llegado al Estrecho varios gringos, entre los que se alistaba un irlandés baquiano que cobraba en huano para fertilizar sus tierras la guiada desde una punta a otra de Magallanes, a las embarcaciones que no sabían bien como sortear la oleada compulsiva. Y con él fue a negociar la “concesión” Casimiro Biguá, un cacique delegado tehuelche.
Biguá le dio la posesión del estrecho al irlandés en términos que no constan y lo autorizó a cobrar una libra por barco que pasara por allí, casi nada comparado con las ventajas que obtuvieron no hace mucho Telefónica y las demás. Todo para encabronar a los chilenos y sin ningún otro interés aparente, pero sin tener en cuenta un detalle: el que mandaba en Buenos Aires era Juan Manuel de Rosas.
Parece ser que cuando el Ilustre Restaurador se enteró puso el grito en el cielo y mandó a colocarle la divisa roja punzó en el trasero al irlandés, suponiendo que la cuestión había sido manejada por los ingleses. Y desde entonces, como dando pie a la leyenda, el irlandés, buen entendedor, desapareció de la zona sin dejar huella ni poder explicarle a nadie que él había comprado de buena fe. En cuanto a Casimiro Biguá, bueno, el primer privatizador tiene una merecida calle con su nombre en Punta Arena.
*Esta historia nos fue revelada en Gobernador Gregores, merced a un trabajo de reconstrucción de leyendas patagónicas llevado a cabo por alumnos de la escuela José Font, de esa localidad de la provincia de Santa Cruz. Esta no es más que una recreación libre.
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