MENORES DESAPARECIDAS EN SANTA FE: LA AUSENCIA QUE MÁS DUELE
La Secretaría de Derechos Humanos de la provincia de Santa Fe recepcionó, desde su creación, 12 casos de chicas que se ausentaron de sus hogares. Nueve de los casos fueron resueltos, pero aún permanecen desaparecidas dos jovencitas, todas de 15 años.
La problemática es tan sensible que la información oficial se filtra a cuentagotas, sólo trascienden los nombres de las chicas, para detectar el paradero. “Las causas del abandono del hogar son diversas, en mayor o menor medida encierran un marco de conflicto familiar, por falta de diálogo, rebeldía o violencia”, dice un informe elaborado por el organismo controlado por Domingo Pocchettino.
En algunos casos, puede actuarse en forma preventiva, “cuando se tienen noticias de que la menor tiene intenciones de abandonar el hogar – generalmente por comentarios que hace en los círculos íntimos-, o por avisos de vecinos a la línea gratuita”, continúa el informe.
Al momento de recepcionarse las denuncias se revisan todos los antecedentes del caso. Se toma contacto con otras dependencias que hayan actuado anteriormente –principalmente policiales- y se agilizan mecanismos de búsqueda para encontrar a la menor ausentada.
“Sabido es que no sólo se trata de casos particulares, sino también en luchar contra el tenebroso mundo del proxenetismo, de la prostitución, del robo o tráfico de niños”, apunta el Secretario de Derechos Humanos de Santa Fe, Domingo Pochettino.
Como se apuntaba unas líneas antes, los casos totales denunciados ascienden a 12. Nueve de ellos fueron resueltos y 2 permanecen sin respuestas.
BRENDA MICAELA VIÑAVELLA, de 15 años, se fugó de su domicilio, en pleno corazón del Barrio San Agustín II, el 3 de febrero, pero la denuncia se realizó el 5 de agosto y aún no hay novedades de ella. Los vecinos dicen que ahora la familia vive en el Barrio La Tablada y prueba de ello es el hermetismo de la vivienda, que tiene las aberturas del frente domiciliario -puertas y ventanas- con cemento.
ALEJANDRA BEATRÍZ GAMARRA, quien pronto cumplirá 16 años, constituye para los familiares y autoridades el caso más complejo.
Los Gamarra viven en el barrio Pompeya, con calles de ripio y tierra, pero con el asfalto de las avenidas muy cerca.
Erminda Miño es la mamá de Alejandra. Tiene 39 años, ocho hijos y un esposo que “aporta” con las changas que surgen, cada vez más esporádicas. Alejandra Beatríz se ausentó, por primera vez, el 23 de mayo del año pasado, pero fue rápidamente encontrada. Cuatro días después el Juez de Menores santafesino ordena la internación de Alejandra en la Casa de la Joven, en la ciudad capital. Pero de allí se fugará el 16 de julio y, desde entonces, los padres lloran la ausencia. “Ella tenía una relación muy buena, tanto con los hermanos, como con nosotros. Un poco rebelde, debido a su edad…pero era muy buena”, dice la mamá y agrega: “Yo recibí un llamado de Córdoba, más o menos a los quince días de que ella se había ido de la Casa de la Joven…una persona me llamó para decirme que estaba en un prostíbulo y nos decía que ‘por favor la vayamos a buscar, pero con la policía de acá’. Después enviaron varias cartas al Juzgado de Menores y una a nuestra casa que nos decía que si nosotros la queríamos, por favor que no la busquemos más. Al Juzgado de Menores mandó una carta que decía que ella se había fugado porque la trataban mal y porque había visto muchas cosas malas”.
Erminda cuenta su derrotero por cuanta dependencia policial pasó, pero rescata la ayuda brindada por la Secretaria de Derechos Humanos. “Son los únicos que me dieron una mano grande”, aclara.
“Yo pedí el expediente a varios lugares, me mandaron de Jefatura a la (Seccional) Primera, de ahí al Juzgado de Menores, de ahí me mandaban a (Asuntos) Juveniles. Pedimos entrevistarnos con la Dra. Leyla Perazzo, pero todavía estamos esperando que nos atienda, y eso que pedimos la audiencia en el mes de mayo”.
En Rosario, se registró la desaparición de un joven, pero con características muy diferentes. Se trata de Cristian Noriega, de 20 años, que se fugó de la Colonia Neurosiquiátrica de Oliveros en noviembre del año pasado. Es un caso de fuga reiterada, pero desde entonces no aparece. Interviene el Tribunal de Familia Nº 4 rosarino.
Pero el caso más misterioso es el que involucra al niño Bruno Gentiletti, quien desapareció el 2 de marzo de 1.997 en un parque del Barrio La Florida en Rosario mientras jugaba con sus hermanitos. “Brunito”, como lo recuerda su tía Lidia, tenía entonces 8 años y su desaparición sigue sin esclarecerse. “Hubo varias pistas, pero todas fueron desestimadas por los investigadores. Hubo un agente de las TOE que investigó el caso con seriedad, incluso se fue hasta Paraguay, pero no pudo encontrarlo”, recordó la tía, en diálogo con Notife.
Altas fuentes policiales consultadas por este portal reconocen “off the record” el desconcierto que generan los casos de desapariciones y fugas del hogar. “El problema es que varias de las pistas son descartadas por infundadas, pero en otros es muy evidente que las menores terminan relacionándose con el mundo del hampa”.
Todavía, varias familias mastican la incertidumbre y esperan el regreso de sus hijos. Mientras tanto, el gusto a fósforo en la garganta persiste y se vuelve más agrio a medida que avanzan los días y no hay respuestas, ni apariciones.
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