MENTIRAS RABIOSAS
Según afirma Sylvia Saitta, Doctora en Letras, investigadora y autora de la biografía de Roberto Arlt, El escritor en el bosque de ladrillos: “El testimonio más difícil de abordar en esta biografía es el del propio Arlt. Porque miente, porque no dice todo lo que sabe, porque inventa datos de su biografía, porque esta más preocupado por la construcción de una imagen publica acorde a lo que el considera que debe ser el retrato de un escritor, que por dar un testimonio verdadero de su propia vida”.
Muchas veces hemos leído en las biografías que los medios divulgan sobre Roberto Arlt, la repetición de las afirmaciones que el escritor realizó en artículos periodísticos y entrevistas. Frases como: “He cursado la escuela primaria hasta tercer grado, luego me echaron por inútil” es una de las mentiras que con más fuerza ha prendido en el imaginario colectivo. Pero las planillas del Consejo Nacional de Educación contradicen los dichos de Arlt. Según aquella documentación, el escritor de Juguete Rabioso cursó y aprobó hasta quinto grado, y lo único trascendente que ocurrió en tercer grado fue que repitió, pero no es cierto que fue expulsado por falta de capacidad intelectual. El haber cursado hasta quinto grado, es un dato que permite asegurar que realizó los estudios casi completos, teniendo en cuenta que por aquellos años las escuelas tenían hasta sexto grado y que además se especula que la institución escolar a la que asistía Arlt no ofrecía el sexto grado. Esto echa por tierra uno de los pilares estructurales con los que Roberto Arlt pretendió radicalizar su posición de escritor marginal, de niño terrible que había sido expulsado de la escuela, institución “más oficial” que tenía el país por aquellos años.
Otras de las grandes falacias que Arlt supo instalar en el imaginario colectivo fue la que ubicaba al autor del Jorobadito como un escritor que carecía de reconocimiento entre sus pares y en el campo literario. Si bien es cierto que la entrada al mundo de la literatura no fue simple para una persona con sus características: había nacido en una familia de humilde inmigrantes y era prácticamente un autodidacta, tampoco es verdad que el campo literario lo rechazó terminantemente. Si esto hubiera ocurrido no hubiese recibido el tercer puesto en el Premio Municipal de Literatura por su obra Los siete locos. Ni hubiese cosechado críticas altamente favorables de diarios como La Nación, El Mundo o la revista literaria Claridad. El único medio que cuestionaba su literatura era La Prensa. Y quizás el dato más contundente en relación al reconocimiento real que tenía Roberto Arlt en su época, se encuentre en la libertad expresiva y de estilo que tenía para escribir sus inolvidables Aguafuertes en el diario El Mundo. Su columna diaria, que era una de las pocas que llevaban firma, lo situaban en el lugar de periodista estrella, en un periódico que era el equivalente a Clarín en la actualidad.
La crítica literaria de los años 50’ y 60’ colaboró en la construcción de esta imagen ficticia de Arlt. Muestra de ello es la biografía de Raúl Larra: Roberto Arlt, el torturado y la pluma de los escritores de la Revista Contorno, como David Viñas y Juan José Sebreli, que por diversos intereses, ideológicos y estéticos, creyeron ciegamente a las afirmaciones autobiográficas que Arlt emitía en artículos periodísticos y entrevistas. Según las investigaciones de Sylvia Saítta, Larra, que pertenecía al Partido Comunista, pretendía apropiarse de la literatura de Arlt para concluir en la afirmación de que éste era comunista. Por otro lado, Viñas y Sebreli comulgaban con el marxismo pero disentían con el Partido Comunista, y que además estaban realizando una operación de relectura de todo el canon de la Literatura Argentina, también veían con buenos ojos a este personaje sin reconocimiento de los círculos institucionales de la cultura, para tomarlo como paradigma literario.
Todos estos datos que desnudan las estrategias que utilizó Roberto Arlt en la construcción pública de su biografía, nos permiten desmitificar su figura, humanizarlo y reflexionar sobre la vida, obra e intereses de uno de los protagonistas de la práctica literaria del siglo XX.
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