“MERCEDES SOSA ANDA DICIENDO POR AHÍ QUE SOY SU HEREDERA”
Su canto desgarrado, es una brisa de aire fresco, que viene renovando el folclore argentino desde los años 80’. Sus discos, son parte del aire de nuestra música popular y en ellos, renacen las canciones de Atahualpa Yupanqui, Jaime Dávalos, El Cuchi Leguizamón y Manuel Castilla. Su trayectoria, la esta destinando a ser, una de las herederas de las Violeta Parra, las Chabuca Granda y las Mercedes Sosa. Su nombre…Liliana Herrero.
No todos los artistas tienen la suerte de ser respetados por sus pares, realmente impresiona el respeto que recibís de los músicos de los distintos géneros que compartieron el escenario con vos. Liliana, ¿percibís la admiración de tus colegas y porque crees que pasa?
Yo siento que he tenido una coherencia, que he sido lo más coherente que se puede ser, porque no es cierto que uno tiene una vida imperturbable por encima de todos los cambios, pero creo que he planteado una ética y una estética y la he sostenido. Y que aun estando en la nada de la difusión me he dado el lujo de decir que no a lugares donde no deseaba ir y donde no sabría que hablar y que conversar.
¿A que lugares le dijiste que no?
El otro día me llamaban del programa de Tinelli para que sea jurado de ese disparatado y obsceno concurso que se hace con los pibes que cantan. Y yo le dije que no, que no iría jamás al programa de Tinelli. Lo disparatado también es porque pensaron en mí. Y la otra vez me invitaron a ser couch en Operación triunfo, otro lugar donde no iría jamás. Creo que son programas que perpetúan una ideología y una visión del mundo que yo detesto, por lo tanto con mi presencia no cuentan. Tal vez por estas actitudes me respetan en el ambiente de la música, pero me dejaría de respetar a mi misma si alguna vez asisto a esos lugares.
¿Tenés registro de tu primer contacto con la música en Villaguay?
Más o menos. Recuerdo haber cantado en la escuela primaria y en los actos, siempre. Me acuerdo que cantaba en los coros de la iglesia y después en ciertas formaciones de rock de los años 70’. Además siendo muy chiquita estudiaba el piano con una profesora llamada juanita.
Y en tu casa, ¿como era la relación con la música?
Ah, mi papá era un melómano total, era un orejero que tocaba la guitarra y diversos instrumentos de oído, también tenía una gran discoteca de música clásica que era su orgullo, porque era la colección más importante de Entre Ríos. Pero gracias a dios tuve la suerte de escuchar otras músicas también.
Liliana, ¿Tu viejo tuvo algo que ver con la reforma universitaria de 1918?
Si, mi papá participó de la reforma universitaria en Rosario y fue presidente de la Federación Universitaria Argentina en los años 40’, un ferviente anti-peronista, que cosa no, después los tres hijos fuimos militantes de la juventud peronista.
Me imagino que en tu casa la política era parte del aire que se respiraba.
Uhh, no sabes, se discutía a los gritos, de política, de religión, de hecho yo tomé la comunión a escondidas porque mi papá era un ateo intransigente. En mi casa se leía mucha literatura, mi papá era amigo de Juan L. Ortiz, de Mastronardi. Hasta Frondizi fue una vez a mi casa con su mujer Helenita, creo que fue cuando estaba en campaña para la presidencia. Mi papá un militante del viejo tronco radical y lo apoyaba en aquellas elecciones.
Algunos años después te fuiste a Rosario y te convertiste en profesora de Filosofía. ¿Por qué elegiste estudiar filosofía?
Ninguna vocación, me fui a estudiar a Paraná primero, porque tenía un novio en Villaguay y no quería alejarme demasiado, y como era la única carrera que no tenía examen de ingreso comencé a estudiar filosofía. Tuve un año en Paraná y luego me fui a Rosario porque el profesorado no me interesaba. Y seguí estudiando filosofía allí y cada vez me gustó más, y siempre digo lo mismo hay que hacer esa carrera, son cinco años, cincuenta libros bien leídos y después empezar a estudiar en serio. Así que yo sigo estudiando y leyendo como si me hubiera inscripto ayer en humanidades.
En estos casi veinte años de música has construido un sonido que te identifica a los pocos segundos de escuchar una de tus interpretaciones. ¿Qué pensas de tu estilo?
Si es verdad, aunque el otro día en el rosedal cuando canté junto con Mercedes Sosa la negra me retó, me dijo “vos tenés una tendencia a cambiar las melodías, querida” y yo le dije si Mercedes. “Pero los litoraleños te van a matar”, dijo, “cosechero no es así” y yo le dije si Mercedes se que no es así. Pero me lo dice con todo cariño, porque después anda diciendo por ahí que yo soy su heredera y yo le digo usted anda diciendo pavadas y ella me responde “yo no digo ninguna pavada, mi hijita”. Pero creo que si he creado un estilo en relación al canto. Lo que pasa es que si no recreamos los temas tradicionales del cancionero popular no habría nunca ninguna novedad en la cultura. Nosotros cuando trabajamos los temas con mis músicos, focalizamos más en la tensión que generamos que en la fusión con otros géneros. Porque en realidad no tomamos frases de otros estilos para construir las canciones sino que buscamos alternativas dentro del mismo tema.
Liliana, ¿Cuánta importancia tuvo en la difusión de tu obra la película “Kamchatka” de Marcelo Piñeiro?
No se, pero creo que mucho. Y a mi me sorprendió tanto, porque fue tan azaroso. La historia fue así, Fito estaba en su casa y me llama por teléfono y me cuenta que Piñeiro le pidió que le arregle y cante un tema que él no conocía mucho y me dijo porque no te venís y lo hacemos juntos. Y entonces me muestran la película, a la cual todavía no se le había dado la puntada final, con la versión original de “Palabras para Julia” interpretada por Paco Ibáñez. Y me pregunta ¿conoces el tema? Y yo les digo, si, por supuesto, es una canción de mi generación, que se cantaba en las cárceles, en la calle, en las peñas, en fin… Y en aquel momento me dijeron, entonces cantalo vos, y así fue. Y yo creo que si hoy en día me voy de un concierto y no la canto me linchan.
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