MESA ADVIRTIÓ QUE RENUNCIARÁ SI LAS PROTESTAS DERIVAN EN MUERTES
Una serie de huelgas comenzaron hoy en diversos puntos de Bolivia agitada por la suba de precios de la nafta y un creciente descontento popular, mientras el presidente Carlos Mesa amenazaba con dimitir tras denunciar un complot.
Un paro general e indefinido, convocado por la Federación de Juntas Vecinales, paralizó por completo la ciudad indígena de El Alto, vecina de La Paz, en demanda de la expulsión de la concesionaria francesa ´Aguas del Illimani´.
Sólo el aeropuerto de la urbe, foco de la insurrección popular que derrocó al presidente liberal Gonzalo Sánchez de Lozada hace 15 meses, sostenía a duras penas sus operaciones, pues los viajeros llegaban a sus instalaciones a pie.
La ciudad, cuyos accesos al resto del país y a Perú y Chile fueron cortados parcialmente pasado el mediodía, amaneció bajo fuerte control policial.
Sus dirigentes advirtieron que “la única forma de salida” es la revocatoria de la concesión dada a la filial de la francesa Lyonnaise Des Eaux.
El paro, pacífico, salvo algunas pedradas contra vehículos públicos que intentaron violarlo, cumplió sus primeras horas.
En medio de llamados de la iglesia Católica para evitar la violencia, el Ejecutivo, que enfrenta una fuerte oposición a su decisión de elevar el precio de los combustibles, intentaba al menos mitigar el impacto de la huelga general en Santa Cruz, la ciudad más pujante y poblada en el este del país.
El comité cívico de esa ciudad, que exige a Mesa revertir el “dieselazo”, el 23% de incremento en el precio de ese carburante, fustigó al mandatario porque “con soberbia mantiene una política económica errática y negligente”.
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