MESA CUMPLIÓ Y PRESENTÓ SU RENUNCIA
El presidente de Bolivia, Carlos Mesa, cumplió ayer su promesa y entregó la renuncia al Congreso, impotente, según afirmó, para lidiar con una oleada de protestas que “amenaza con incendiarlo todo”.
Casi el único tema de conversación ayer en esta ciudad era la renuncia, que sorprendió —y conmovió— a los bolivianos. En medio de una tensión creciente y palpable en las calles, que estuvieron colmadas de marchas de apoyo y también de repudio al presidente, el Parlamento comenzará hoy a considerar la dimisión, pero no se vislumbra una decisión inmediata sobre si la acepta o la rechaza.
La renuncia no es irrevocable, lo que alimenta la idea de que el mandatario busca fortalecer su posición para enfrentar la escalada de bloqueos contra las petroleras y las compañías de servicios públicos privatizadas.
“Las posiciones de algunas organizaciones sociales regionales y sindicales están llevando a Bolivia a un punto de confrontación y pone en riesgo nuestro futuro y nuestra viabilidad como país”, dijo en su dramática nota de renuncia en alusión a la decisión de sus adversarios de incrementar los piquetes. “No puedo seguir gobernando asediado por un bloque nacional que estrangula al país… no hacen otra cosa que destruir nuestro aparato productivo, nuestra confianza y nuestro futuro”, añadió.
Poco antes de presentar formalmente su renuncia, el presidente salió brevemente al balcón del Palacio del Quemado y saludó a centenares de simpatizantes que cantaban ¡viva Mesa!. No habló, pero pareció emocionarse con las decenas de banderas bolivianas y blancas, en señal de paz, que levantaba la multitud, que también cantaba el himno nacional.
La decisión del presidente logró sin dudas polarizar a los bolivianos. Desde la noche del domingo, cuando en un discurso anunció su decisión de renunciar, se sucedieron marchas en el centro de La Paz y otros ciudades en las que la gente pide a Mesa que no se vaya. Pero, sus principales adversarios, el líder cocalero Evo Morales y los dirigentes Abel Mamani y Felipe Quispe ratificaron el plan de lucha, incluyendo la eventual toma de guarniciones militares si el Congreso rechaza la renuncia. Morales acusó a Mesa de extorsionar al país con su dimisión. A pocos kilómetros del centro de La Paz, en el suburbio pobre del El Alto, Mamani acusaba al presidente de “traidor”, en una marcha multitudinaria.
Mesa “tiene que cumplir su mandato” hasta 2007, dijo Morales y pidió al Congreso que directamente ignore el pedido de renuncia presentado por Mesa.
Las Fuerzas Armadas emitieron ayer un comunicado en el cual reconocen a Mesa como el presidente de Bolivia y decidieron mantener las tropas acuarteladas. Pero el dato más sensible lo dio el jefe del comando conjunto almirante Luis Aranda, que advirtió que la crisis “podría poner en riesgo la estabilidad”. En otras palabras, que la rebelión podría desmadrarse totalmente.
El trámite en el Parlamento no era claro ayer. Mesa tiene el apoyo de entre 35 y 50 legisladores de los 157 del Legislativo, y necesitaría 79 para que se rechace la renuncia. La mayoría de los votos del Congreso son del socialdemócrata Movimiento Nacionalista Revolucionario, cuya dirigente Mirtha Quevedo señaló que Mesa debería irse. Pero otros de sus miembros han manifestado su apoyo al mandatario. La segunda fuerza es el Movimiento al Socialismo, izquierdista no marxista, de Morales. Y la tercera fuerza es el centrista Movimiento de Izquierda Revolucionaria, cuyo jefe, el ex presidente Jaime Paz Zamora, ha anunciado que apoyará la ratificación de Mesa.
El mandatario, que lograba ayer la solidaridad de prácticamente todos los países sudamericanos, incluyendo al Mercosur, y de Washington, confronta dos desafíos. Primero, la demanda de un aumento de las regalías de las empresas petroleras desde el 18% actual al 50%. Y luego, la expulsión exigida por una creciente movilización de los pobladores pobres en La Paz y El Alto de la empresa Aguas del Illimani, controlada por la francesa Lyonnaise des Eaux , acusada de incumplir contratos y particularmente de cobrar tarifas exhuberantes a los pobladores para conectarles el agua, un servicio gratuito hasta hace pocos años.
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